No podemos crear una criptomoneda sin remontarnos a la primera y más conocida: bitcoin.

En octubre de 2008, un misterioso Satoshi Nakamoto publicó un artículo titulado “Bitcoin, un sistema de efectivo electrónico de igual a igual”. A día de hoy no sabemos quién es Nakamoto, si es una única persona o varias, o cuántos bitcoin posee.

Si entro en cualquier cafetería y pido un café y un croissant a la plancha, podré pagar en efectivo o con tarjeta. En el primero de los casos, aunque el camarero y yo no nos conozcamos de nada, un banco central garantizará el valor de mi transacción con la emisión de un billete; en el segundo, será un intermediario financiero el que garantice que tengo saldo en mi cuenta o crédito para pagar el desayuno. Si pago en efectivo, una vez mi billete esté en la caja registradora, nadie sabrá que antes estuvo en mi cartera; si pago con tarjeta, quedará un registro de pago en mi cuenta.

El objetivo de Nakamoto es que tú y yo, sin conocernos, podamos hacer transacciones por internet sin que haga falta que ningún intermediario financiero las garantice. Ni banco central que emita billetes y controle el dinero, ni agente que anote las compras y las ventas a cambio de una comisión. Nakamoto sustituye a los intermediarios financieros por pruebas criptográficas, por matemáticas y tecnología.

Queremos crear un sistema monetario digital anónimo y sin intermediarios, cambiando la confianza en el sistema financiero tradicional por pruebas criptográficas.

¿Cómo? Vamos a montar, al menos sobre el papel, nuestra propia moneda digital virtual, el A$ícoin. Vamos a crear nuestra propia criptomoneda de Así funciona esto.

Cartera virtual

Por ser un fiel lector de nuestra revista, vamos a empezar este juego dándote 100 A$ícoin; no hace falta que mires, pero ya están en tu teléfono móvil, en un cartera virtual o wallet. Aunque esté en tu móvil, no es como la aplicación del banco en la que ves el saldo de tu cuenta, porque ese saldo está en el banco, no en tu móvil; el saldo de A$ícoin sí está guardado en tu móvil, de la misma forma que tienes un billete en tu cartera real.

A tu cartera virtual tienes que ponerle un nombre, que no tiene que ser el tuyo, sino un nombre de usuario como el que podríamos usar en twitter. Por ejemplo, «Cartera del Lector VIP», y la proteges con una contraseña, de forma que sólo tú puedes entrar en tu cartera virtual. Es la llave de la caja fuerte virtual que tienes en tu móvil.

Y ahora, nos vamos de compras… virtuales, por supuesto.

Transacciones

Imagina que tengo ese número de la revista Forbes que llevas tanto tiempo buscando. Me haces una oferta de 10 A$ícoins por él y yo la acepto, así que mandas un mensaje que dice algo así como «Yo, Cartera del Lector VIP, te pago a ti, Cartera de Ana, 10 A$ícoins».

Ese mensaje va a quedar registrado en un libro de contabilidad. En ese libro, van a estar recogidas todas las transacciones que se han hecho en la criptomoneda A$ícoin desde que la creamos hace unos minutos. Como no te conozco mucho, ni sé de tu solvencia económica, voy a mirar en ese libro que, efectivamente, tengas esos 10 A$ícoins en tu cartera y… sí, aquí aparece un movimiento en el que te ingresan 100 A$ícoin.

Este libro de contabilidad no lo vamos a tener sólo tú y yo, sino todos los lectores de Forbes, de forma que cualquiera pueda comprobar todos los movimientos que se han hecho con nuestra criptomoneda: es como si los movimientos de todas nuestras cuentas corrientes fuesen públicos, pero nadie supiese de quién es cada cuenta.

Blockchain

Como se van haciendo transacciones y es mucha información la que hay que guardar, vamos a ir guardando los movimientos en bloques y los vamos a ir encadenando. A esta forma de trabajar la llamaremos “blockchain”, cadena de bloques.

Cuando hablamos de dinero fiduciario, tradicional, aunque veamos el saldo de nuestra cuenta, éste está realmente depositado en el banco y toda la información está centralizada en un único libro de contabilidad. Pero las A$ícoins no están en ningún banco, sino en miles de carteras virtuales, y necesitamos muchos libros de contabilidad para registrar los movimientos. A estos libros, les llamaremos «nodos», y los tendremos repartidos a lo largo y ancho del mundo, allá donde haya un lector con su cartera, y todos los lectores tendremos la misma información.

Si yo quisiera hacer trampas y modificar dentro de unos días tu mensaje para que ponga «Yo, Cartera del Lector VIP, te pago a ti, Cartera de Ana, 50 A$ícoins» y que así mi saldo fuese mayor, lo voy a tener muy complicado, porque podré modificar la transacción en uno de los nodos, pero el resto va a tener el mensaje correcto. También va a ser casi imposible que desaparezca de los libros de contabilidad, porque va a estar en muchos nodos y habría que borrarlo de todos.

Minado y proof of work

Como es un poco tedioso estar chequeando todos los movimientos para validar los nuevos, vamos a premiar a los que hacen este trabajo. Vamos a pagar con A$ícoins a los que verifican las transacciones, y les vamos a llamar mineros. Cada vez que tenga un bloque de transacciones, se lo voy a enviar a los mineros para que lo verifiquen. Pero para asegurarme de que lo hacen bien, les voy a pedir una “prueba de trabajo”.

Les voy a enviar el bloque cifrado, de la misma forma que se enviaban mensajes los alemanes con la famosa máquina Enigma en la Segunda Guerra Mundial. Pero los mineros van a ser como los Aliados y no van a tener otra máquina para descifrar los mensajes. Les va a tocar, como en las películas de acción para cancelar el lanzamiento de misiles nucleares, ir probando dígito a dígito la clave.

Si hay pocos mineros y quiero que tarden poco en descifrar la clave, la pondré sencilla, con pocos dígitos. Si hay muchos mineros y mayor probabilidad de que alguno lo adivine, pondré un código más difícil para que tarden más en descifrarlo. Al fin y al cabo, no queremos que las transacciones se eternicen, pero tampoco queremos que se creen demasiadas A$ícoins. Porque a los mineros, les vamos a pagar su trabajo con A$ícoins nuevecitas y, si hay muchas A$ícoins en el mercado, perderán valor.

Y ya lo tenemos: un sistema monetario anónimo donde los movimientos son públicos, porque no sé a quién pertenece cada saldo. Todo el mundo tiene toda la información y eso hace que sea imposible falsearla, y además tengo a mineros que van creando nuevas A$ícoins cada cierto tiempo.

Puede que empecemos utilizando A$ícoin para hacer intercambios entre nosotros, pero quizá algún día, alguien compre A$ícoins a cambio de dinero real, para poder comprar revistas o como inversión, quién sabe. Y ese día A$ícoin cotizará en el mercado de criptomonedas. Guarda bien las tuyas…