Para mí esto es como un mal deja vú: otro evento de noticias mundiales, otra avalancha de oportunistas usando las redes sociales para difundir información falsa en el peor momento posible.

Pero entonces ocurrió algo inesperado que debería haber sucedido hace tiempo. En contraste con las respuestas lentas e indiferentes a todo, desde la intervención de las elecciones rusas hasta los vídeos manipulados, las redes actuaron rápidamente, aunque no siempre de forma totalmente eficaz.

Se persiguieron y eliminaron de forma activa las historias falsas, otras fueron marcadas con etiquetas de advertencia o reducidas para limitar su alcance. Facebook ha llegado a enviar avisos a usuarios que hayan podido encontrarse con información falsa sobre el COVID-19. Los resultados están lejos de ser perfectos, pero frente a una pandemia mundial, las redes sociales finalmente están reuniendo la voluntad y el conocimiento técnico para controlar las noticias falsas. Para nosotros, y para las propias redes, no es demasiado tarde. ¿Pero cuánto va a durar?

COVID19: Una caída social en desgracia

Las redes sociales han seguido el arco de muchas nuevas tecnologías. Al principio, las posibilidades parecían infinitas. Gente de todas partes del mundo encontró una nueva forma de conectarse con amigos y familiares. Las empresas pudieron llegar directamente a los clientes. Durante la Primavera Árabe, los manifestantes en Egipto utilizaron mi propia plataforma para protestar contra un régimen opresivo.

Pero los anuncios y la recopilación de datos invasivos pasaron factura. Aparecieron trolls y ciberacosadores. Las plataformas sociales aún ofrecían formas útiles para que la gente y los negocios se relacionasen, pero se hizo cada vez más difícil separar el mensaje del ruido. Además, sucedió lo de Cambridge Analytica, la militarización de las redes sociales por una potencia extranjera durante las elecciones de EE.UU. de 2016, justo delante de nuestras narices.

Tras esto, las redes se sumergieron en un mar de noticias falsas, sus propios algoritmos propagaron una cámara de eco de odio y desinformación. El crecimiento se desaceleró y la reacción se extendió, ya que los usuarios eliminaron sus cuentas masivamente. Incluso frente a la presión política y popular, las plataformas parecían no estar preparadas o dispuestas a realizar cambios significativos. Años después de Cambridge Analytica, los vídeos evidentemente falsos y dañinos, como el de Nancy Pelosi, aún podían circular libremente.

Crisis y vuelta a los orígenes

Luego llegó el COVID-19. Frente a la crisis, el uso de las redes sociales ha aumentado una vez más. Un estudio realizado entre 25.000 consumidores en 30 mercados, mostró que la interacción aumentó un 61% sobre las tasas de uso normales. La mensajería a través de Facebook, Instagram y WhatsApp ha aumentado un 50% en los países más afectados por el virus. Twitter está teniendo un 23% más de usuarios diarios que hace un año. Cuando más importa, la gente, incluso los fanáticos del #DeleteFacebook, están recurriendo a las redes sociales para actualizarse y mantenerse conectados.

Los negocios también han encontrado un valor renovado. Hemos visto un aumento del 15-20% en los mensajes de nuestros 18 millones de usuarios, ya que las empresas llegan a través de ellas a los clientes y empleados. Además, la forma en que utilizan las redes sociales está cambiando. Nuestros datos evidencian que el marketing y los anuncios han dado paso a la participación directa, interaccionando de forma personal con otras personas.

Ya sea que el alcalde de Newark aborde las preguntas en Facebook Live, TransLink destaque el heroísmo de los trabajadores esenciales, o Make A Wish recurra a Instagram para llegar a los niños necesitados, las empresas están dando más importancia a la relación que a las conversiones. Esto se ve a nivel individual, así como los mensajes de apoyo y solidaridad están restando importancia a los selfies.

Y, entre bastidores, las plataformas comienzan a estar a la altura de las circunstancias. La amenaza mundial, por no mencionar el examen de conciencia global, ocasionada por el COVID-19, ha visto a las propias redes sociales asumir una inusual postura activista en el intento de erradicar el contenido falso. Intervenciones que antes parecían imposibles o inviables ahora son comunes.

Después de que una emisión en directo que alegaba un vínculo entre el 5G y el COVID-19 se hiciera viral, YouTube retiró inmediatamente el vídeo, excluyendo contenido que contradice a la OMS y las autoridades sanitarias. Facebook eliminó rápidamente dos grandes grupos anti-5G, donde los más de 60.000 miembros pidieron destruir los repetidores 5G. WhatsApp limitó el reenvío de mensajes para frenar la propagación ocasional de rumores.

Es posible que estos pasos no parezcan revolucionarios, y aún se divulga mucha información falsa (y continúa circulando), pero esta vez hay algo diferente. En un momento de crisis, las consecuencias de las noticias falsas se han vuelto demasiado grandes, existenciales en realidad, para que las redes las ignoren.

Qué es lo próximo para las redes sociales

Es cierto que este es un momento único. Para la gente como yo que vive y respira estas cosas, la cantidad de personas que han usado y usan las redes sociales para bien y las redes que se unen para apoyar sus esfuerzos ha sido inspirador. No está claro si durará mucho tiempo. A medida que la crisis sanitaria actual retroceda, también lo hará el foco en las redes sociales y la urgencia por hacer las cosas bien. La solidaridad de los primeros días ya se está resquebrajando. Pero espero que esto suponga un punto de inflexión en la reinvención de una tecnología transformadora.

“Siempre hemos esperado que nuestras herramientas digitales crearan relaciones, no conflictos. Tenemos la oportunidad de hacerlo realidad”, señala Kevin Roose, columnista del New York Times. No desperdiciemos esa oportunidad. Para los usuarios, vale la pena recordar que cualquier tecnología es tan buena como las intenciones de quienes la utilizan. Para las redes, es hora de aceptar plenamente la responsabilidad que implica su corona. Dejar que se propaguen las mentiras no algo diferente a propagarlas.

Y para que una visión de todas las redes sociales pueda ser realmente constructiva, entretenida e incluso inspiradora, no busquéis más que… Steak-umm. Así es. El feed de Twitter del bocadillo de carne congelada se ha convertido en un modelo a seguir durante la crisis, difundiendo datos y combatiendo mitos. Comienza una reciente tormenta de tweets: “recordatorio amistoso, en tiempo de incertidumbre y desinformación: las anécdotas no son datos…”

Bien dicho, Steak-umm. Y me alegra decir que este post se hizo viral, por buenas razones.