Residencias, hoteles medicalizados, pabellones médicos, hospitales… El presidente de Médicos Sin Fronteras (MSF) en España, David Noguera, explica la respuesta de la organización ante la emergencia de la COVID-19 en España.

¿Cuál ha sido el modelo de respuesta hospitalaria de MSF en España?

Tenemos cuatro pilares de intervención: el primero es de apoyo estratégico, un equipo con experiencia en respuesta a epidemias que intercambia propuestas con la consejería de salud para adaptar el sistema sanitario a una situación de medicina de catástrofe como la que vivimos. El segundo es más técnico, un proyecto de expansiones hospitalarias. Hemos creado un modelo de cien camas con todos los circuitos, que ofrecemos para que los centros lo adapten a su estructura y nosotros lo visitamos física o virtualmente para chequearlo. El tercer pilar es un proyecto de residencias, en el que se incluye formación al personal y separación por circuitos. Ya vamos por más de 247 residencias visitadas. El último pilar consiste en una web con todo el material a disposición de los gestores profesionales con todo tipo de materiales para la sensibilización, formaciones y demás. Es una web pública dedicada a las personas con responsabilidades en la gestión de la epidemia que está ayudando mucho.

Las residencias están siendo uno de los focos más trágicos. ¿Qué panorama os habéis encontrado?

Hemos encontrado una casuística muy diversa, porque es un sector complejo: residencias privadas, públicas, concertadas… Nada tienen que ver los centros de alto standing con los demás, que por sus propias limitaciones no han contribuido a reducir el impacto de la epidemia sino favorecido que la mortalidad sea mucho más alta. Lo complicado es que las residencias, en las autonomías, no son parte del sistema de salud, dependen de servicios sociales. Eso ha hecho que estén en la cola a la hora de recibir materiales y atención médica. Además, su personal no es médico y en muchas ocasiones está precarizado y no ha dispuesto de material adecuado, por lo que difícil pedirle a alguien que trabaje en esas circunstancias. Nosotros desde el día uno pusimos un equipo de residencias a trabajar, pero la epidemia ha ido por fases y primero se priorizaron las UCIS.

Tenemos que analizar esta epidemia de una forma sectorial, pero es muy importante que no perdamos la perspectiva global. La situación de las residencias no se puede entender sin la situación del colapso sanitario: los hospitales prácticamente no han recibido referencias de residencias, la asistencia primaria estaba siguiendo a decenas de miles de casos leves a domicilio… El problema de las residencias es un reflejo más de la situación de colapso que ha vivido el sistema sanitario español.

Desde MSF solicitasteis al gobierno que valorase la posibilidad de solicitar ayuda externa de países como China.

Sí, pero no se ha seguido el consejo. Pedimos que vinieran materiales y profesionales de China y de Corea del Sur donde ya habían pasado por esto, porque desde nuestra experiencia entendemos que cuando hay un colapso hay que pedir ayuda de fuera. No hemos tenido respuesta oficial al respecto.

Es cierto que ahora ya estamos en otra situación, pero aunque el relato de que lo peor ya ha pasado es cierto, hemos vivido momentos de mucha tensión donde se han tenido que tomar decisiones muy duras, priorizar unos pacientes en detrimento de otros. Sabemos que ha habido comunicación estrecha con esos países, pero en términos de ayuda física, de desplegar aquí un equipo sanitario chino de entidad, de mil profesionales, no ha pasado. Las razones las desconozco, más allá de que entiendo que se ha considerado necesario.

¿Cómo está siendo el trabajo de MSF en otros países en este momento tan crítico?

En MSF es la primera vez que tenemos setenta países, todos a la vez, en una situación de emergencia. No había pasado nunca. La gente puede ser consciente hoy en día de lo que puede ser esta epidemia en contextos como una gran capital de un país en vías de desarrollo, como Kinsasa, Laos, ciudades de 15 o 20 millones de personas. La política de confinamiento es complicadísima, porque hay mucha gente con una economía de subsistencia o un campo de refugiados, como el de los rohingyas en Bangladesh. Son 700.000 personas sin estándares de salubridad, donde hay hacinamiento. El escenario es trágico: en toda África hay cinco mil camas de UCI, que son aproximadamente las que ha podido desplegarse entre Madrid y Barcelona. Los escenarios son de un incremento de mortalidad muy importante. La crisis económica de estos países también va a tener un impacto muy significativo, que va a generar más mortalidad, más sufrimiento y vamos a ver sino deriva también en alteraciones de orden público o de crisis social con episodios de violencia cuando la gente se vea forzada a subsistir en un contexto como este.

Sobre el tema de la posible vacuna frente al COVID-19, habéis pedido que se anule la patente para garantizar la accesibilidad para todo el mundo.

Vivimos tiempos extraordinarios y habrá que buscar un mecanismo extraordinario que haga que la vacuna que será el game changer, el punto de inflexión, sea accesible a toda la población mundial y particularmente a los países más vulnerables. La comunidad internacional se tiene que comprometer a que se produzca en masa y se distribuya y administre lo más rápidamente posible. Tendremos que aprender algunas cosas buenas de esto, y entender de una vez que la salud es un fenómeno global y que la globalización no puede ser económica y además solo de mi interés o beneficio. Esto nos tiene que hacer entender la necesidad de que haya agendas internacionales, organismos multilaterales eficientes que rindan cuentas. Una agenda nacionalista o de mirada estrictamente estatal es incapaz de responder a amenazas globales, eso es una lección obvia. Cualquiera avance significativo en términos de vacuna o tratamiento del COVID-19 tiene que socializarse de forma masiva y global. En ningún caso el beneficio económico puede ser un impedimento para que esto pase.