Un Buzz Lightyear sin coraza y fondón posa desnudo en lo que parece la sala de un museo, acompañado por una cartela y rodeado por un grupo de personas que lo observa. En el centro de la panza del divertido personaje de Toy Story, transformado en escultura gigante, hay una banana adherida con cinta americana.

El omnipresente plátano del creador hiperrealista italiano Maurizio Cattelan no puede faltar en una obra sarcástica como esta, incluida en el paquete de 5.000 imágenes que Vignesh Sundaresan, un inversor de criptomonedas y fundador del fondo NFT Metapurse, compró el pasado 11 de marzo en la primera subasta que Christie’s dedicaba al arte digital.

NFT Metapurse funciona como una galería digital, cuyas obras se encuentran inscritas en blockchain, la cadena inalterable de bloques que permite verificar la autenticidad de cualquier objeto, y cuyo valor está soportado por una moneda digital (desde Ethereum hasta el futuro euro digital). En el caso de Everydays: the First 5.000 Days, la colección de ilustraciones y animaciones del artista Beeple en la que se enmarca este Buzz Lightyear, la moneda de intercambio es Ethereum; en concreto, la puja quedó en  37.956, 17 ETH, unos 69,3 millones de dólares en el precio del día (a fecha de cierre de este artículo, asciende a 104 millones de dólares).

La transacción ha supuesto la irrupción de las NFT en el mundo real. Non fungible token (NFT) –o “moneda no intercambiable”, por su traducción literal– es una obra gráfica única asociada a una token que, en el mundo físico sería el equivalente a tener un billete de 10 euros firmado por Picasso.

Las ilustraciones de Beeple son el resultado de 5.000 días de trabajo, a razón de una pieza diaria desde el 1 de mayo de 2007, y, a tenor de las declaraciones de su comprador, es posible que ni siquiera haya visto al Buzz cattelanizado, porque días más tarde reconoció que no había abierto el archivo NFT. Aseguraba Sundaresan que se trata de una inversión que, dentro de unos años, se transformará en miles de millones de dólares. La especulación no es una exclusiva del mercado del arte tradicional. “Adquirir el trabajo de Beeple es una oportunidad única de poseer una obra en blockchain de uno los artistas digitales líderes en el mundo”, explica Noah Davis, especialista en arte contemporáneo y de posguerra en Christie’s, en Nueva York.

Beeple es Mike Win-kelmann (EE UU, 1981) y el día en que se convirtió en multimillonario también fue un hito en la historia del arte. Es el tercer artista vivo más caro de la historia, sólo superado por David Hockney (90,3 millones de dólares, en 2018, por la obra Portrait of an artist) y Jeff Koons (91 millones de dólares, en 2019, por Rabbit). Después de la subasta, seguida por 22 millones de personas en streaming, Winkelmann se centrará en su faceta artística y dejará sus trabajos como diseñador gráfico, animador y creador de conciertos para Ariana Grande, Justin Bieber, Katy Perry, Childish Gambino o Shakira (en la Superbowl).

Mike Win-kelmann, Beeple.

El pasado octubre, Winkelmann tomó posiblemente la decisión más rentable de su vida, cuando, después de hablar con amigos artistas, coleccionistas y galeristas para que le explicaran un mercado, el del arte digital, tan parecido y tan distinto al tradicional, decidió dar el salto a las NFT. La principal diferencia es la transparencia de las transacciones y el seguimiento de la vida de la obra de arte en el mercado secundario. La reventa es muy difícil de controlar para el artista tradicional y por eso no puede reclamar los royalties que le genera cada venta de sus piezas.

Gracias al blockchain, la vida mercantil de la pieza queda reflejada al instante y cada movimiento le reporta al artista un 10% del precio vendido. Por otro lado, el arte digital se había quedado varado en los canales del arte tradicional. Era difícil acceder a galerías, museos y coleccionistas. Ahora, hay empresas que montan museos en la realidad virtual, para que los coleccionistas de arte digital expongan sus adquisiciones. “Hasta ahora, los artistas digitales no estábamos bien valorados, porque no lo hacíamos en un lienzo”, explica Flan, artista y diseñador de exposiciones virtuales para fundaciones como CaixaForum. El artista que trabajara en soporte digital debía imprimir su obra si quería vender algo. 

Del paro a casi millonario en Granada

Ahora, gracias al mecanismo de verificación de blockchain, las NFT se han convertido en una propiedad. Según Nonfungible.com, empresa que monitoriza el mercado de las criptomonedas coleccionables, en julio de 2020 las ventas totales de NFT superaron los 100 millones de dólares. Medio año después se acercaban a los 400 millones. Según un informe de L’Atelier BNP Paribas, el mercado de NFT se triplicó en 2020. Los artistas aseguran que la pandemia del coronavirus ha multiplicado la actividad del criptoarte. 

El covid-19 también ha ayudado a colapsar las jerarquías tradicionales del mercado. De la mano de las criptomonedas, las dos plataformas de artistas digitales más visitadas, Super Rare y CryptoPunks, están generando tanto tráfico que han visto desbordada su capacidad de exhibición. En Super Rare gestionan a diario 10.000 correos electrónicos de artistas que quieren esta ahí, a un clic de la compra. Se acabaron los obstáculos que impedían llegar a la cartera de un coleccionista: ahora, los artistas lastrados por la falta de recursos de sus mercados, como España, están en Asia, Europa y EE UU sin salir de casa. 

Un día después de que Beeple diera la campanada, el artista granadino Javier Arrés, de 39 años, vendía dos tuits por 1.274 euros, en Valuables, la plataforma especializada en la compraventa de tuits en la que Jack Dorsey, CEO y cofundador de Twitter, subastó su primer tuit por 2,5 millones de dólares. En el último año, Arrés ha ganado, con ventas en Markersplace sobre todo, 900.000 euros. Hace un año estaba en el paro. “Con mi primera subasta, hace seis meses, gané el sueldo de un año, 20.000 euros”, dice Arrés, que explica que la clave para triunfar en el nuevo mercado, además de tener una obra atractiva, es gestionar bien las redes sociales. Los más desconfiados hablan de una burbuja de un arte que no tiene altura, “pero ya se vendía mierda en lata antes de las cripto”, remata el artista Toxsam.