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Invertir en gestión pasiva

La gestión pasiva muestra gran potencial de crecimiento en España. Muy desarrollada en EE UU, donde supera el 30%, en nuestro país está muy por debajo de dichas cifras.

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En la actualidad, los inversores diversifican poco y pagan demasiado por sus productos financieros. Antes de invertir debiéramos siempre cuestionarnos qué jubilación tendremos en el futuro o qué clase de conocimientos financieros estamos transmitiendo a nuestros hijos con nuestras decisiones de inversión… ¿Son realmente los adecuados?

La primera línea de defensa de cualquier inversor es apostar por una cartera muy diversificada y que, a la vez, le resulte económica en cuanto a los costes. Es una idea muy sencilla de comprender, al alcance de cualquier inversor, del neófito al experimentado.  La gestión pasiva es la alternativa de inversión racional en estos tiempos de tipos de interés negativos que vivimos, donde las comisiones de los productos financieros se comen las rentabilidades. Pero, ¿por qué en España la inversión activa copa más cuota de mercado que la pasiva? De acuerdo con el Primer Observatorio de Gestión Pasiva en España 2019, la cuota de mercado de la pasiva es, aproximadamente, diez veces inferior a la de Europa, donde alcanza el 19%. Y 15 veces menor que en EE UU, donde es del 33%. Si miramos rentabilidades y según este mismo Observatorio, la gestión pasiva ha tenido una rentabilidad de hasta un +76,1% por encima de la gestión activa para un horizonte de inversión de diez años.

Los que tienen carteras activas deben dedicar mucho tiempo y esfuerzo a anticipar (o intentarlo al menos) la evolución futura de los mercados financieros. O pueden, también, fiarse de la competencia de terceras personas, las que gestionan su dinero. Es muy probable que esto genere estrés, frustraciones o decepciones. Sin embargo, los inversores pasivos pueden relajarse, aceptar lo que ocurre en los mercados financieros y dedicar el tiempo a sus familias, a sus aficiones…

Afortunadamente, el número de inversores que confía en la gestión pasiva tiene una tendencia creciente. En España se estima que solamente llega a un 1% del patrimonio total y, en su mayoría, se destina a ETF gestionados por gestoras extranjeras que tienen una penalización fiscal. Pero esto está cambiando: los inversores se han dado cuenta de la dificultad de aportar riqueza de manera consistente como para compensar los costes de la inversión. Los inversores como grupo obtenemos rentabilidades netas. En cambio, el mercado obtiene rentabilidades brutas.

En Universe Asset Management evolucionamos la gestión pasiva porque como dice Ray Dalio, presidente de Bridgewater, el mayor hedge fund del mundo, “la evolución es la mayor fuerza del universo. El propósito de todo es evolucionar”. Nosotros invertimos directamente en la cartera de mercado, que es la formada por todos los inversores del mundo, al menor coste posible y con una fiscalidad óptima.

Esta estrategia de inversión permite que todos y cada uno de los años se obtenga más rentabilidad que la media de los inversores lo cual, después de unos cuantos años, es mucho dinero (por el efecto acumulado).

Somos inversores a muy largo plazo, aunque no nos demos cuenta. Somos inversores hasta el momento en que necesitamos disponer de nuestro ahorro acumulado, muchas veces, por encima de los 65 años, y eso independientemente de que rotemos, o no, nuestra cartera. No debemos confundir, y sucede muy a menudo, el plazo de la inversión con el plazo del inversor.

La inversión es una maratón, no debe intentar correrse como si fueran múltiples carreras de 100 metros consecutivas. El largo plazo magnifica la importancia tanto de los pequeños errores como de los pequeños aciertos.

Basta con comprar dos fondos y, además, ponderando por PIB en lugar de por capitalización bursátil, que es la ponderación en renta variable más ortodoxa.

¿Por qué hacerlo por PIB? Porque da lugar a carteras más equilibradas, que tienen más que ver con la economía mundial. Ponderar por PIB diversifica mejor. Por ejemplo, GDP World Equity invierte el 30% en EE UU, el 30% en Europa y el 18% en China. Si ponderaras por capitalización –MSCI World–, invertirías 60% en EE UU y solo el 3% en China: los porcentajes hablan por sí solos.