El debate sobre el turismo en destinos maduros se ha centrado durante años en una tensión conocida: cómo sostener la capacidad de generar riqueza sin comprometer el futuro y la salud del territorio que la hace posible. Infraestructuras, servicios públicos, presión sobre los recursos naturales o legitimidad social han sido ampliamente analizados. Sin embargo, mucho menos habitual ha sido el enfoque sobre cómo transformar el flujo económico generado por los visitantes en un sistema estable de inversión estructural, capaz de operar al margen de los ciclos políticos y presupuestarios.
Lanzarote constituye una excepción relevante

Su modelo turístico no es fruto de una evolución espontánea del mercado, sino de una decisión institucional consciente, impulsada por el Cabildo de Lanzarote bajo la mirada de César Manrique, quién fue reconocido internacionalmente por buscar la armonía entre el arte y la naturaleza como espacio creativo. Así, desde la segunda mitad del siglo XX, la isla optó por un camino distinto al de otros destinos de sol y playa: proteger el paisaje como activo estratégico y articular en torno a él un modelo económico singular.
De esa visión nacieron los Centros de Arte, Cultura y Turismo. No como atracciones aisladas, sino como un sistema público de gestión cultural en el que el arte, la naturaleza y la economía se vertebran en una misma lógica. Frente a modelos basados en la privatización intensiva del suelo o en la explotación extensiva del litoral, Lanzarote ensayó una fórmula pionera: convertir el paisaje en un activo cultural gestionado desde lo público capaz de generar ingresos sin degradar el recurso que los sustenta. Así, los Centros Turísticos se adelantaron a su tiempo al establecer una relación explícita entre conservación, experiencia turística y financiación pública. No se trataba de monetizar el territorio, sino de crear valor a partir de una experiencia cultural del paisaje.
Arquitectura económica

Una lógica que hoy permite interpretar el turismo no solo como actividad económica, sino como infraestructura financiera al servicio del propio territorio. Sobre esta base histórica se articula el programa RETORNA, desarrollado por los Centros Turísticos dentro de su Marco Estratégico de Transformación. Una iniciativa que introduce un planteamiento poco frecuente en la gestión turística: capitalizar directamente el flujo de visitantes y convertirlo en inversión finalista mediante un sistema diseñado para ser trazable, estable y sostenido en el tiempo.
El objetivo que el Cabildo afirma tener en el horizonte es un modelo en el que el turismo deja de ser solo una actividad económica para convertirse en infraestructura financiera del territorio, ya que -desde su origen- el ingreso queda vinculado a un destino concreto. No compite con otras prioridades ni se diluye en una bolsa común.
Así, a través de RETORNA, los Centros Turísticos canalizan parte del ingreso generado por la experiencia turística hacia cuatro ejes estratégicos –agua, energía, movilidad y talento– diseñados para reforzar la resiliencia económica, ambiental y social de la isla. Esta arquitectura convierte el turismo en algo más que una fuente de ingresos: lo transforma en flujo financiero estructurado.

Para el Cabildo, el programa RETORNA plantea una reformulación profunda del turismo: no como problema a mitigar, sino como sistema capaz de financiar su propio futuro. Como afirma el propio Ejecutivo canario: “Lanzarote no está discutiendo cuánto turismo puede soportar, sino cómo convertir su éxito turístico en una arquitectura económica estable”.
