En 1986 no existía en España un banco nacido en los mercados financieros. Tampoco había, en la práctica, mercado de bonos, y las divisas o las materias primas eran cosa de profesionales. Cuatro décadas después, Renta 4 Banco custodia 48.000 millones de euros de sus clientes y vive en 2026 su año con más lanzamientos: cripto bajo licencia MiCA, tokenización de activos ilíquidos, mercados privados desde tres cifras y carteras gestionadas con IA. Su presidente, Juan Carlos Ureta Domingo, defiende que la clave ya no es democratizar el acceso, algo que internet resolvió, sino normalizar la experiencia de invertir. Hablamos de lo que ha cambiado, lo que sigue igual y el inversor de 2036.
¿Qué ha cambiado de verdad desde 1986 en la relación de los españoles con la inversión y qué sigue igual?
Los españoles empezamos a entender el papel de los mercados financieros en el mundo actual y en el que viene. Hace 40 años se hablaba de la Bolsa; hoy cada vez más personas operan también en bonos, divisas o materias primas. Hay un deseo de participar, de formar parte del futuro a través de la inversión. Lo que no ha cambiado es el miedo casi reverencial a invertir: se sigue pensando que es algo muy difícil, reservado a unos pocos, en lo que o te arruinas o te haces rico en dos días. Esa visión cambia poco a poco, pero debería desaparecer.
Tantos lanzamientos en 2026, ¿responden al crecimiento de la compañía o a la transición del sector?
A ambas, porque los cambios del entorno nos exigen cambiar también a nosotros, y por eso los lanzamientos son ahora más frecuentes y quizá más llamativos. Vivimos cambios profundos y muy rápidos: un escenario muy desafiante y, a la vez, muy atractivo.
Activos que exigían cientos de miles de euros están hoy disponibles desde tres cifras. ¿Por qué ahora y no hace cinco años?
Sin duda, el apetito del inversor. El cambio generacional y la aparición de los family office han sido importantes: los inversores jóvenes y el dinero que llega de vender una empresa quieren activos menos convencionales, y la industria y la regulación se adaptan. Estamos solo al inicio.
Tokenizar un inmueble suena a tecnología, pero para el lector es algo muy práctico: ¿qué compra exactamente y qué puede hacer con ello?
Es como las acciones: si compro una de Repsol, soy propietario de una parte de Repsol. Un token es también una parte de un activo, sea un piso, una empresa o una obra de arte. Lo interesante es que se registran en blockchain, un gran registro de la propiedad universal y digital, así que puedo vender mis tokens a cualquiera en el mundo, 24/7, y la venta queda registrada como cuando vendo un piso. Es un gran avance, aunque aún no lo veamos.
Fueron los primeros en operar cripto bajo MiCA en España. ¿Cómo encaja eso en un discurso de inversión con criterio?
Es una convicción. Blockchain y los criptoactivos, que nacieron en 2012 y se han oficializado desde 2024, cuando Trump dijo que hará de EE UU la capital cripto del mundo, son una innovación casi equiparable a la creación de las Bolsas en el siglo XVII. En Europa aún no se entiende la profundidad del cambio, y por eso EE UU nos lleva ventaja. Son un asset class que todo inversor con criterio debería contemplar, de forma parcial y según su perfil de riesgo. Los policy makers europeos no lo han entendido bien.
«Lo importante ahora es normalizar la inversión: hacerla tan cotidiana como tomar un café o cenar con amigos»
“Democratizar el acceso” lo repite hoy toda la industria. ¿Qué significa para Renta 4 y en qué se diferencia su propuesta?
Democratizar el acceso era el lema de 1999, con internet; hoy ya está al alcance de cualquiera. Lo importante ahora, y esa es nuestra propuesta, es normalizar la experiencia de invertir: hacerla tan cotidiana como tomar un café o cenar con amigos. La IA lo facilita, porque no solo da acceso a la información, sino que aporta entendimiento y análisis. Y eso da seguridad, porque la seguridad deriva del conocimiento. La pedagogía es clave en nuestra acción comercial.
Gestionan carteras con IA y se definen como una empresa de personas para personas. ¿Qué parte de la relación con el cliente confía a un algoritmo y cuál no?
Depende de lo que deseen nuestros clientes. Hoy los humanos queremos relaciones personales, y eso forma parte de la experiencia de invertir. No es solo dar a una tecla o pedir a mi agente de IA que elija mi cartera: hay una conversación, con uno mismo y con la entidad, y nos gusta que sea, al menos en parte, entre humanos. Harari dice que la IA llegará a tener sentimientos y nos quitará hasta el afecto de nuestros hijos. Creo que ese mundo puede no llegar nunca, porque nos gusta relacionarnos con personas, aunque usemos máquinas para ello.
Con un modelo independiente y de arquitectura abierta, ¿cómo imagina el banco cuando cumpla 50 y al inversor español de 2036?
Los 48.000 millones de hoy, 30.000 de red propia y 18.000 de terceros, pueden crecer mucho, porque el ahorro seguirá yendo a los mercados. Renta 4 nació y creció en ellos, y por eso nos resulta natural asesorar a quien quiere invertir y ofrecerle una experiencia confortable: a eso llamamos gestionar inversores, más que inversiones. El inversor de 2036 será más maduro y exigente: no se conformará con ofertas mediocres, aunque sean baratas o seductoras. Y Renta 4 será un banco mejor, porque en nuestro ADN está aprender: ambición para crecer y humildad para aprender cada día.

