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Ibiza se rebela contra una ampliación del aeropuerto que Aena ya ha puesto en marcha

Aena activa una inversión millonaria para transformar el aeropuerto de Ibiza mientras el Consell, los partidos de la isla y una parte de la sociedad reclaman que las obras mejoren la infraestructura, pero no aumenten su capacidad. El choque enfrenta dos visiones sobre el futuro económico y turístico de la isla.

La sala VIP Cao des Falcó, en el aeropuerto de Ibiza. Foto: AENA

La batalla por el futuro del aeropuerto de Ibiza ya no es una discusión sobre planos. Tiene presupuesto, contratos y calendario. Mientras miles de personas se manifestaban en Vila contra la ampliación, Aena avanzaba en la maquinaria administrativa de un proyecto que contempla una profunda transformación de la infraestructura aeroportuaria y que movilizará cientos de millones de euros durante los próximos años.

El gestor aeroportuario ha licitado ya el contrato de asistencia técnica, dirección, control y gestión de las actuaciones del aeropuerto de Ibiza, con un valor estimado de 19,6 millones de euros y un plazo de ejecución de cinco años. Los pliegos, redactados en octubre de 2025, fueron publicados en junio de 2026 y establecen el 1 de octubre como fecha límite para presentar ofertas.

El movimiento resulta especialmente significativo porque se produce mientras las instituciones de Ibiza intentan articular un frente político contra cualquier actuación que incremente la capacidad operativa del aeropuerto. El presidente del Consell, Vicent Marí, ha anunciado que convocará a diputados y senadores ibicencos, con independencia de su partido, para buscar una posición común que trasladar a Aena y al Gobierno central.

El pleno insular ha aprobado también una moción que reclama que las inversiones aeroportuarias se destinen a mejorar el servicio, la seguridad y las condiciones de la infraestructura, pero no a generar más capacidad ni más presión turística. El PSOE de Ibiza ha expresado igualmente su rechazo a cualquier ampliación que implique aumentar el número de pasajeros y favorecer un mayor crecimiento turístico.

La oposición al proyecto también ha tomado las calles. La manifestación celebrada la semana pasada en Vila reunió, según la Delegación del Gobierno y el recuento de la Policía Nacional, a unas 5.000 personas, mientras los organizadores elevaron la participación a entre 5.000 y 10.000 asistentes y situaron en unas 15.000 las personas congregadas al final, durante la lectura del manifiesto en el parque Reina Sofía.

Convocada por la Associació de Joves d’Eivissa, el Institut d’Estudis Eivissencs, Amics de la Terra, GEN-GOB, Salvem sa Badia y varias asociaciones vecinales, la protesta reclamó que no se ejecute la ampliación de Aena por el riesgo de que facilite una mayor llegada de turistas y aumente la presión ambiental y territorial sobre la isla. Los convocantes reclamaron además una mayor participación de la ciudadanía en una decisión que consideran estratégica para el futuro de Ibiza.

Una inversión de 229,7 millones

El conflicto llega en un momento especialmente relevante para Aena. El nuevo Documento de Regulación Aeroportuaria (DORA III), aprobado por el Gobierno para el periodo 2027-2031, contempla una inversión de 229,7 millones de euros para el aeropuerto de Ibiza.

El proyecto diseñado por Aena incluye una profunda remodelación de la terminal, un nuevo dique para pasajeros con destino fuera del espacio Schengen, una reorganización de las zonas de embarque, nuevas áreas para pasajeros y trabajadores y actuaciones sobre la plataforma y el campo de vuelo. El número de puertas de embarque pasaría de 17 a 32 y se incorporarían ocho nuevas pasarelas.

La propia documentación de Aena describe una intervención de alrededor de 25.000 metros cuadrados, con al menos tres plantas, además de actuaciones en accesos, aparcamientos y unos 30.000 metros cuadrados de reforma de la plataforma de aeronaves. La memoria del proyecto vincula además las actuaciones con la evolución prevista del tráfico y señala que las inversiones permitirán adaptar las infraestructuras a la demanda futura del aeropuerto.

Hay, sin embargo, un punto especialmente relevante en el debate: Aena sostiene que la remodelación no incrementará la capacidad del campo de vuelos, ya que no contempla aumentar el número de operaciones que pueden realizarse por hora. La compañía presenta la actuación como una modernización destinada a mejorar la gestión de los flujos, la seguridad y la experiencia del pasajero. Es precisamente aquí donde comienza la discusión política.

La cuestión no es solo cuánto se invierte, sino para qué

Para el Consell de Ibiza, la diferencia entre modernizar y ampliar es sustancial. La institución acepta la necesidad de invertir en una infraestructura esencial para residentes, trabajadores y visitantes, pero rechaza que esa inversión se convierta en un mecanismo para absorber un crecimiento adicional del tráfico turístico.

El planteamiento tiene una dimensión que va más allá de la terminal. Ibiza lleva años enfrentándose a los límites físicos de un modelo económico basado en una enorme concentración de visitantes durante los meses de temporada alta. Agua, movilidad, vivienda, residuos y presión sobre el territorio forman parte del mismo debate.

El propio Consell ha situado el abastecimiento y el saneamiento entre las prioridades que deberían resolverse antes de abordar una transformación de esta magnitud. La institución ha denunciado problemas recurrentes en las instalaciones aeroportuarias, incluidos episodios relacionados con los aseos y el saneamiento, y reclama que se garantice la suficiencia hídrica del aeropuerto.

Entre sus peticiones figura incluso una planta desaladora propia para reducir la presión sobre los acuíferos y garantizar la autonomía hídrica de la instalación. La discusión, por tanto, ha dejado de ser estrictamente aeroportuaria. La pregunta de fondo es qué tipo de crecimiento está dispuesta a asumir Ibiza y qué infraestructuras necesita para sostenerlo.

Un pulso entre Aena y el territorio

Aena, por su parte, encuadra el proyecto dentro de su programa de inversiones y de las nuevas exigencias regulatorias europeas. La compañía considera que el aeropuerto necesita una transformación para adaptarse a las nuevas necesidades operativas y mejorar las condiciones de funcionamiento de una infraestructura estratégica para la isla. La paradoja es que ambas partes coinciden en una premisa: el aeropuerto necesita inversión. Lo que las separa es el objetivo final de esa inversión.

Desde la perspectiva de Aena, se trata de ganar eficiencia, seguridad, calidad y capacidad de gestión de los flujos dentro de una infraestructura que debe adaptarse a las nuevas exigencias. Desde el territorio, el temor es que una infraestructura más grande y eficiente termine facilitando, directa o indirectamente, un aumento de la presión turística.

La movilización ciudadana ha convertido esa discrepancia técnica en un conflicto político. Y el anuncio de Vicent Marí de buscar un frente común en Madrid apunta a que Ibiza quiere elevar la discusión desde el ámbito insular hasta el Congreso y el Senado.

El aeropuerto como termómetro del modelo turístico

El caso de Ibiza condensa una de las grandes tensiones que afrontan los destinos turísticos maduros: cómo invertir para mejorar la competitividad de una infraestructura sin que esa inversión se interprete como una invitación a crecer en volumen.

El debate adquiere todavía mayor relevancia en el contexto del DORA III y del gran ciclo inversor de Aena para 2027-2031. El gestor aeroportuario prevé alrededor de 10.000 millones de euros de inversión regulada en su red durante el periodo, además de otros 3.000 millones en inversiones adicionales.

En Ibiza, sin embargo, la cuestión no parece ser cuánto dinero llegará, sino qué retorno económico y territorial debe producir ese dinero. La isla quiere un aeropuerto más seguro, moderno y eficiente. Aena quiere transformar una infraestructura que considera necesitada de una profunda adaptación. La ciudadanía movilizada y las instituciones insulares temen que esa transformación termine reforzando un modelo turístico cuya capacidad de crecimiento ya consideran limitada.

Por eso, la pugna que ahora comienza no será únicamente sobre una terminal, ocho pasarelas o 229,7 millones de euros. Será sobre una pregunta mucho más estratégica para Ibiza: si el futuro de la isla pasa por recibir más visitantes o por gestionar mejor los que ya llegan. Y mientras ese debate continúa en los despachos y en las calles, una cosa ya está en marcha: la maquinaria contractual de Aena.

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