
PALMA, 25 (EUROPA PRESS)
El Impuesto de Turismo Sostenible ha pasado de tener una orientación ecosocial y de compensar los impactos del turismo a una lógica de crecimiento verde y centrada en la promoción de la competitividad del sector.
Esta es una de las principales conclusiones de un estudio elaborado por un equipo de investigadores del Departamento de Geografía de la Universitat de les Illes Balears (UIB) y la Universidad de Surrey (Reino Unido), que ha analizado la evolución de la tasa y ha constatado un cambio significativo del uso que se le da.
La investigación, publicada en la revista ‘Annals of tourism research’, analiza 297 proyectos financiados entre 2016 y 2025, con un presupuesto total de 845,8 millones de euros, y los compara con 357 propuestas elaboradas por la sociedad civil.
Los resultados muestran una divergencia clara ya que mientras las políticas públicas priorizan mejoras en infraestructuras, digitalización y promoción turística, las demandas ciudadanas reclaman límites al crecimiento, redistribución económica y protección ambiental.
Según han señalado los autores del estudio, en los primeros años, el impuesto combinaba inversiones ambientales con medidas sociales, como la vivienda. Con el tiempo, sin embargo, se ha producido un desplazamiento hacia proyectos orientados a la eficiencia y la competitividad, con una reducción del peso de las políticas redistributivas. Este cambio se intensificó especialmente a partir del 2023, cuando se eliminaron líneas como la vivienda pública.
En cuanto a la metodología, el equipo investigador ha utilizado una combinación innovadora de inteligencia artificial y revisión humana para analizar grandes volúmenes de datos textuales.
Esta técnica ha permitido clasificar los proyectos según si responden a un modelo de ‘crecimiento verde’ o de ‘postcrecimiento’, que apuesta para reducir la presión turística y respetar los límites ecológicos.
LA LÓGICA EXPANSIVA DEL CRECIMIENTO VERDE
Según los autores del estudio, el concepto ‘crecimiento verde’ hace referencia a una manera de entender la sostenibilidad que intenta compatibilizar el crecimiento económico con la reducción de los impactos ambientales mediante innovación tecnológica, eficiencia e instrumentos de mercado.
En este enfoque, se considera posible continuar expandiendo la actividad turística si esta se hace ‘más verde’, por ejemplo, con digitalización, energías renovables o mejoras en el uso de los recursos.
Aun así, la investigación señala que esta visión tiende a priorizar la competitividad del sector y a confiar que la tecnología permitirá desacoplar el crecimiento económico del deterioro ambiental, sin cuestionar el volumen total de turismo.
Esto puede provocar que, a pesar de utilizar un lenguaje de sostenibilidad, las políticas acaben reforzando la misma lógica expansiva del modelo turístico y dejen en segundo plan aspectos como la redistribución social o los límites ecológicos del territorio.
Según el investigador del grupo de investigación de Geografías Críticas de la Urbanización, Sostenibilidad y Turistificación y coautor del estudio, Marc Fuster, este trabajo pone de manifiesto que el lenguaje de la sostenibilidad se puede usar para legitimar políticas que, en la práctica, continúan promoviendo el crecimiento turístico.
«Hay que repensar la gobernanza del impuesto para que sea una herramienta real de justicia social y ambiental», ha añadido Fuster.
Los resultados apuntan que, sin cambios en la manera de gestionar los recursos, el impuesto de turismo sostenible puede acabar reforzando el mismo modelo que pretendía corregir.
El estudio propone impulsar una gobernanza más participativa, con criterios redistributivos y objetivos basados en los límites ecológicos. Solo así, concluyen los investigadores, este instrumento podrá contribuir a una transformación real del modelo turístico hacia la sostenibilidad.

