
PALMA, 18 (EUROPA PRESS)
El psicólogo clínico Francisco Villar ha advertido que, en términos económicos, el deterioro de la salud mental de los niños por el uso de las pantallas es «bueno» porque habría «mucha gente ganando dinero», sin embargo ha planteado sus dudas sobre si se debe permitir.
En ese sentido ha intervenido el profesional en la Comisión sobre el estudio y la reflexión sobre impacto de la digitalización en la educación, celebrada este jueves en el Parlament.
El psicólogo ha resaltado que la industria tecnológico ha conseguido un cambio cultural en la sociedad de manera «acelerada», ya que «todos las aceptan» como la nueva manera de hacer las cosas.
Por eso, ha defendido que «ningún gobierno» sería responsable de contratar a Google para ayudar en el aprendizaje en las escuelas, sino que sería un «éxito» de la industria. De igual modo, ha restado culpa a las familias que dan una pantalla a sus hijos para entretenerles o que permiten que estén varias horas frente a las mismas.
Villar ha apuntado que esto es un «éxito» de estas empresas que buscan que la gente esté cuanto más tiempo mejor frente a las pantallas y ha reconocido la «habilidad» de las tecnológicas para impulsar su beneficio.
En ese sentido, ha alegado que las empresas logran identificar y generar «necesidades» en los individuos, lo que en el caso de los niños es «un negocio garantizado» porque en su corta edad «tienen todas las necesidades».
Esto lo ha extrapolado a que un adulto «desregulado» es una persona «infeliz» y con «mayor necesidades», lo que hace que compre más. Lo mismo sucedería con los niños «desregulados» que hacen «comprar más» que los «estables».
Así, ha puesto el ejemplo de los optometristas, que pese a ser una profesion bienintencionada, han identificado que la miopía se ha multiplicado por seis con la entrega temprana de las pantallas.
Villar ha explicado esto porque un niño, hasta los 8 años, no es bueno que focalice la mirada porque aún no es capaz de hacerlo y no sería necesario que esté mire a un único punto.
Por este motivo, ha planteado un «cambio cultural» para centrarse en el bienestar de los niños y «enfrentarse a la industria» con «humildad» y «valentía».
El psicólogo ha advertido de los problemas que genera la industria tecnológica como los medioambientales, de privacidad o de violencia, puesto que los niños de exponen a actos violentos «cuando no les corresponde». De esto derivaría el hecho de que en las relaciones sexuales, si no hay actos violentos, no les resulte satisfactoria y les falte el deseo.
También ha citado otras externalidades como las adicciones, la dificultad para generar vínculos o la presión estética, con la lucha contra el envejecimiento con casos que niñas que piden cremas que no recomiendan dermatólogos o endocrinos a su edad.
Villar ha sugerido que la pregunta no debería si se retiran o no las pantallas de las aulas, sino que en su día se tendría que haber planteado si se debían introducir y por qué.
Por eso, ha recalcado que la infancia y la adolescencia son las etapas vitales en las que menos recursos se disponen para afrontar la vida, ya que serían personas en «proceso de adquirirlos» y se les debe dotar de un espacio «adecuado» para obtenerlos.
En el caso de la atención, ha recalcado que es una habilidad que un niño no puede tener innata y se necesita entrenar, por lo que para ello serían necesarias clases «un poco aburridas».
Este entrenamiento ha remarcado que cuando un padre da una pantalla a su hijo, le «priva» de tener una gestión emocional porque hace que una cosa externa le hace «portase bien» sin entrenar estas habilidades por sus propios medios.
Otro de los temas que ha tratado es el juego, que ha calificado de «fundamental» para los niños, porque si se les priva de ello «se favorece esta falta de desarrollo de herramientas» solo para que el niño esté entretenido.
Villar ha defendido que se debe recuperar el «deseo de aprender» porque los niños cuando sienten ese «orgullo» conseguir hacer las cosas que antes no sabían. Esto, ha afirmado que no sucedería cuando los estudiantes resuelven las cosas con chat GPT y se entraría en lo que ha calificado como un «juego macabro», en el que en lugar de sentir ese «orgullo» los menores se sienten «intimidados».
En ese sentido, ha reivindicado recuperar la «motivación intrínseca» de aprender y el «deseo mimético» del conocimiento, dado que los estudios demostrarían que cuanta más digitalización tiene un centro escolar, «peor es el rendimiento de los alumnos».
((Habrá ampliación))

