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El Imedea participa en un estudio que demuestra que el clima condiciona la relación de las plantas con los polinizadores

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PALMA, 14 (EUROPA PRESS)

El Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (Imedea CSIC-UIB) ha participado en un estudio internacional que ha analizado hasta qué punto las plantas con flores y sus polinizadores dependen unos de otros y ha demostrado que el clima es el principal factor que explica estos patrones.

El estudio, liderado por investigadores de la Universidad Carolina de Praga y del Centro de Biología de la Academia Checa de Cinecias, ha sido publicado en la revista ‘Nature Ecology & Evolution’ y ha contado con la participación de la investigadora del Imedea Anna Traveset.

Este hallazgo cuestiona la idea clásica de que la polinización se vuelve más especializada en las regiones tropicales, según ha destacado el Imedea en una nota de prensa.

Traveset ha destacado la importancia de este estudio tanto por el volumen de datos analizados como por los resultados obtenidos, señalando que, por primera vez, se han analizado interacciones entre plantas y polinizadores de todos los biomas terrestres y se ha puesto en común el trabajo de numerosos investigadores.

La investigadora también ha subrayado «la relevancia de los resultados obtenidos, que permiten comprender mejor lo que ya está afectando a las plantas y los animales, y prever los efectos que el cambio climático puede tener sobre los cultivos que dependen de polinizadores específicos».

Desde el Imedea han explicado que gran parte del mundo vegetal depende de los animales que transportan polen de una flor a otra. La polinización permite que las plantas se reproduzcan, mantengan la diversidad genética y produzcan frutos y semillas que alimentan a innumerables animales.

Al mismo tiempo, las flores proporcionan néctar y polen que sustentan una sorprendente variedad de polinizadores. Las abejas son quizás los más conocidos, pero las moscas, los escarabajos, las mariposas, las polillas, las avispas e incluso las aves y los gecos también desempeñan esta función.

Muchas plantas mantienen relaciones especializadas con determinados polinizadores, mientras que otras reciben visitas de una amplia variedad de insectos generalistas.

«La especialización puede entenderse como un pacto evolutivo. Una estrecha adaptación mutua puede hacer que la alimentación y la polinización sean muy eficientes, pero también aumenta la dependencia. Si uno de los dos organismos desaparece o pasa a estar activo en otro momento, un especialista tiene menos alternativas», explica la autora principal del estudio, Sailee Sakhalkar.

Tradicionalmente, se ha considerado que las relaciones especializadas entre plantas y polinizadores son más frecuentes en las regiones tropicales debido al mayor número de especies vegetales y animales que interactúan en ellas. Sin embargo, esta hipótesis de un gradiente latitudinal de especialización había permanecido en gran medida sin comprobar por la falta de datos adecuados.

MÁS DE 100.000 INTERACCIONES ANALIZADAS

Para averiguar si las asociaciones especializadas son realmente más habituales en los trópicos, los investigadores reunieron 3.415 redes de interacción entre plantas y polinizadores procedentes de 162 estudios.

El conjunto de datos contenía más de 110.000 interacciones entre 5.343 especies de polinizadores y 6.126 especies de plantas de todos los grandes biomas terrestres, desde los bosques tropicales y las sabanas hasta los matorrales mediterráneos, los bosques y praderas templados y las tundras subárticas. El estudio reunió a 142 investigadores de 32 países de seis continentes y representa años de trabajo de campo en todo el mundo.

Asimismo, han subrayado que el resultado «sorprendente» fue que las relaciones ecológicas más especializadas no eran más habituales en los trópicos.

Aunque la especialización alcanzaba a menudo sus niveles más elevados cerca del límite septentrional entre los trópicos y los subtrópicos, cada grupo de plantas y polinizadores seguía patrones propios.

Los investigadores descubrieron que la temperatura y las precipitaciones, más que la latitud, explicaban mejor los patrones globales de especialización, y que sus efectos diferían considerablemente entre los distintos grupos de polinizadores.

«Tendemos a representar los patrones geográficos de la polinización como líneas que van de los polos al ecuador, pero las plantas y los polinizadores no experimentan la latitud en sí misma. Experimentan el calor, el frío, la lluvia y los cambios estacionales, cada uno a su manera», señala el responsable del Grupo de Investigación en Ecología de Comunidades de Insectos, que codirigió el estudio en la CUNI y el BC CAS, Robert Tropek.

Estos hallazgos son relevantes para comprender cómo responderán las plantas y los animales al cambio climático, que probablemente también afectará a la producción agrícola, especialmente a los cultivos que mantienen relaciones especializadas con sus polinizadores, ha explicado el Imedea.

El aumento de las temperaturas y las alteraciones de los patrones de precipitación pueden modificar los lugares donde viven las especies, el momento en que florecen las plantas y los períodos de actividad de los polinizadores. Como consecuencia, pueden redibujar el mapa y el calendario de los encuentros entre plantas y polinizadores.

Según Sakhalkar, «una abeja, una mosca sírfida, una polilla y un colibrí presentan diferencias sustanciales en cuanto a su morfología, comportamiento y forma de aprovechar las flores». Por eso, sus relaciones con las plantas pueden responder de manera muy diferente a los cambios de temperatura y precipitación, explica.