El comercio balear encara una temporada turística positiva, aunque marcada por la desaceleración en el ritmo de consumo de los visitantes. Una tesitura en la que se pide un apoyo especial para el comercio de proximidad. No existe una caída sustancial del gasto comercial, aunque sí una desaceleración clara del crecimiento de las ventas experimentado, sobre todo, desde el periodo inmediatamente posterior a la salida de la pandemia, con la recuperación de la actividad turística.
“Que lleguen más turistas no significa automáticamente que aumenten las ventas del comercio”, ha señalado la presidenta de la Federación de Empresarios de Baleares (AFEDECO) en la presentación de un informe sobre la evolución del gasto y de la actividad comercial entre marzo y junio de este año. «Nuestro principal valor diferencial sigue siendo el trato cercano, la calidad del servicio y la capacidad de generar vida en nuestros pueblos y ciudades. El comercio local no solo crea riqueza y empleo, también vertebra el territorio y contribuye a la cohesión social», defiende Manresa.
El contexto actual continúa en la senda de moderación del consumo iniciada hace ya dos temporadas. El encarecimiento de los vuelos y el alojamiento han reducido la capacidad de gasto de los turistas, recortando la parte del presupuesto destinada a la oferta complementaria. El comercio local, junto con la restauración o las actividades de ocio, ha sido uno de los perjudicados.
Asimismo, la inflación y el coste creciente de vida en las Islas también repercuten en las compras de los residentes. “Cada vez vemos un cliente más sensible al precio, que compara más, busca promociones y planifica mejor sus compras. Es un comportamiento lógico en un contexto donde los gastos fijos familiares han aumentado de manera significativa”. De esta manera, los comerciantes constatan que visitantes y residentes están mostrando unos patrones de consumo «más reflexivos y selectivos».
Pese a todo, desde Afedeco se traslada un mensaje de tranquilidad al sector, ya que lo que se está viviendo actualmente, concluyen, no es una contracción de la actividad propiamente dicha, “sino una fase de normalización después de varios años de fuertes crecimientos impulsados por la recuperación económica y turística”. De cara a este año, Manresa subraya que el desafío será la adaptación a ese nuevo tipo de cliente más exigente “y a un entorno de costes elevados” sin que ello implique, por otro lado, una pérdida de competitividad del sector.

