Hay ciudades que se reconocen en sus monumentos y otras en las imágenes que proyectan al mundo. Palma tiene una estampa propia: el paso pausado de las calesas, el sonido de los cascos sobre el asfalto y los recorridos turísticos por algunos de sus enclaves más emblemáticos. Pero ¿qué ocurre cuando una postal del pasado empieza a entrar en conflicto con la sensibilidad del presente? ¿Puede una tradición seguir ocupando las calles del futuro sin reinventarse?
Estas preguntas están en el centro del debate sobre la sustitución de las calesas de caballos por vehículos eléctricos. Una discusión que trasciende el atractivo turístico para abordar cuestiones como el bienestar animal, la evolución de las costumbres y la transformación del espacio urbano.
Con ese objetivo, Satya Animal, Progreso en Verde y Arde han convocado una manifestación este sábado a las 18.00 horas en Palma. La marcha partirá de la plaza de la Porta de Santa Catalina y recorrerá la Feixina, el paseo de Sagrera y la avenida de Antoni Maura hasta finalizar en la plaza de la Reina.
Las entidades reclaman al Ayuntamiento que concrete la transición hacia las calesas eléctricas mediante un calendario público, con plazos definidos, y que garantice la retirada de los caballos de esta actividad en condiciones de jubilación dignas. La propuesta no plantea únicamente sustituir un vehículo por otro, sino repensar una práctica tradicional y determinar qué lugar debe ocupar en una ciudad que aspira a evolucionar sin renunciar a su identidad.
Una tradición ante las nuevas sensibilidades
Los convocantes sostienen que el esfuerzo físico, el tráfico, el asfalto y la exposición a las condiciones meteorológicas someten a los caballos a riesgos constantes en una actividad destinada al ocio turístico. También cuestionan la eficacia de las restricciones y los controles existentes para garantizar su protección.
Desde su perspectiva, los vehículos eléctricos ofrecen una alternativa para conservar los recorridos turísticos sin depender de la fuerza física de los animales. La tecnología permite así imaginar una nueva versión de una experiencia tradicional, adaptada a unas expectativas sociales cada vez más atentas al bienestar animal.
El debate plantea una cuestión de fondo: cómo preservar los elementos reconocibles de una ciudad sin asumir que todas las prácticas históricas deben mantenerse intactas. En el caso de Palma, la discusión afecta tanto al modelo turístico como a la manera de entender el espacio público y los límites de determinadas actividades económicas.
La movilización del sábado forma parte de una agenda de acciones impulsadas por las mismas organizaciones. El viernes, a las 10.00 horas, está prevista una convocatoria en la Universitat de les Illes Balears (UIB) contra la vivisección y la experimentación con animales. Ese mismo día, a las 18.00 horas, habrá una concentración frente a Louis Vuitton contra el uso de pieles animales en la industria de la moda.
El programa concluirá el domingo a las 10.00 horas con una concentración frente a Marineland contra el cautiverio de animales marinos. Aunque las reivindicaciones afectan a ámbitos diferentes, las entidades las enmarcan en una misma reflexión sobre el uso de animales en actividades humanas y la necesidad de revisar prácticas que consideran incompatibles con su protección.
La transición hacia otro modelo
La transición hacia las calesas eléctricas no depende únicamente de disponer de una alternativa tecnológica. También exige planificación, decisiones institucionales y un calendario que permita conocer cómo y cuándo se producirán los cambios. Por eso, los convocantes insisten en que la transformación no quede reducida a una declaración de intenciones.
Para Palma, el reto consiste en conciliar tradición, turismo y nuevas demandas sociales. Las imágenes que definen una ciudad no son inmutables: evolucionan con quienes la habitan y con los valores que deciden priorizar.
La manifestación de este sábado llevará esa discusión a las calles, desde la Porta de Santa Catalina hasta la plaza de la Reina. El objetivo es convertir una reivindicación sobre el bienestar animal en una conversación más amplia sobre el futuro de la ciudad. Quizá las calesas del mañana ya no necesiten caballos. La cuestión es cuándo estará Palma preparada para dar ese paso.
El plan del Ayuntamiento
Por su parte, el Ayuntamiento de Palma ha señalado que se está trabajando para hacer realidad la transición hacia las calesas eléctricas en Palma, con el objetivo de que las primeras unidades puedan estar en funcionamiento durante la próxima temporada de verano de 2027. Fuentes de Cort han señalado que en mayo se hizo público la aprobación en Junta de Gobierno, por primera vez, del acuerdo para incluir en el Plan Normativo municipal del año 2026 la modificación necesaria del que será el nuevo reglamento que permita incorporar la modalidad eléctrica.
Actualmente se está trabajando en la modificación de dicho reglamento, un proceso que requiere cumplir los correspondientes trámites administrativos, incluida la elaboración y tramitación del nuevo reglamento y su posterior aprobación por el pleno municipal, según las mismas fuentes. Paralelamente a la tramitación normativa, se están dando pasos concretos para avanzar en la implantación de las calesas eléctricas.
De hecho, han explicado, hace dos semanas desde el propio sector se presentó el modelo de calesa eléctrica tipo urbana que han elegido para ser evaluado por el Ayuntamiento. A este respecto ya hay presentadas por registro la solicitud para homologar el nuevo modelo eléctrico propuesto para llevar a cabo esta transformación. Estas solicitudes se someten al correspondiente estudio y valoración técnica por parte del Ayuntamiento, que determinará si el modelo cumple los requisitos necesarios.
Desde Cort reivindican que es la primera vez que se están dando pasos concretos y decididos para avanzar en esta transformación, tanto desde el punto de vista normativo como técnico.

