Paolo Sorrentino siempre ha filmado personajes que viven entre la gloria y la melancolía. Aristócratas decadentes, artistas perdidos, políticos devorados por el poder. Ahora, el director napolitano cambia los palacios romanos y los silencios existenciales por un banquillo de fútbol. Y no uno cualquiera. El cineasta de La gran belleza prepara un documental sobre Carlo Ancelotti, una figura que, como muchos protagonistas de su filmografía, parece haberse convertido en mito sin perder nunca la calma.
La noticia ha despertado una enorme expectación en Italia y en el mundo del fútbol porque une dos universos profundamente italianos: el cine contemplativo de Sorrentino y la elegancia futbolística de Ancelotti. El proyecto, todavía sin título oficial, recorrerá cinco décadas de carrera del técnico de Reggiolo y tendrá como punto culminante el Mundial de 2026 en Estados Unidos, México y Canadá, donde Ancelotti dirigirá a la selección brasileña.
No es casual que Sorrentino haya elegido esta historia. El fútbol atraviesa toda su obra de forma más o menos visible. En entrevistas ha contado que su pasión nació en Nápoles, marcada inevitablemente por la figura de Diego Maradona. De hecho, una de sus películas más personales, Fue la mano de Dios, utiliza precisamente una referencia futbolística para hablar del destino, de la pérdida y de la adolescencia. Para Sorrentino, el fútbol nunca ha sido solamente deporte: es memoria colectiva, identidad popular y también una forma de belleza. Y ahí aparece Ancelotti como personaje perfecto para su cámara.
Porque si Sorrentino filma hombres que observan el caos con una mezcla de ironía y distancia, Ancelotti parece hecho a medida para ese universo. En una época dominada por entrenadores volcánicos y discursos grandilocuentes, el técnico italiano ha construido su leyenda desde la serenidad. Su imagen mascando chicle en la banda mientras alrededor estalla la presión resume buena parte de su carácter.
La dimensión de su carrera ayuda a entender por qué el documental puede convertirse en uno de los grandes retratos deportivos recientes. Como futbolista comenzó en el Parma antes de consolidarse en la Roma y alcanzar la élite europea en el Milan de Arrigo Sacchi. Como entrenador, los números hablan por sí solos: ha dirigido a once clubes de primer nivel y ha conquistado 26 títulos oficiales. Entre ellos destacan cinco Copas de Europa, una cifra sin precedentes para un entrenador.
Pero las estadísticas explican solo una parte del fenómeno Ancelotti.
Su verdadero legado está en la gestión humana. Futbolistas de generaciones y egos completamente distintos han coincidido en algo: Ancelotti sabe construir vestuarios. Desde Zinedine Zidane hasta Cristiano Ronaldo, pasando por Kaká o Vinícius Júnior, muchos de sus jugadores hablan de él más como un líder emocional que como un estratega obsesivo.
Quizá por eso el documental tiene tanto potencial cinematográfico. Sorrentino no necesita explicar tácticas para construir una gran historia. Lo que probablemente le interesa es la dimensión humana de un entrenador que ha sobrevivido a tres generaciones de fútbol manteniendo intacta una cualidad extraña en la élite: la normalidad.
El rodaje ya se desarrolla entre Italia, España y Brasil, mezclando imágenes inéditas con material de archivo. Además, parte esencial del proyecto será el seguimiento a la selección brasileña durante el próximo Mundial. No deja de ser simbólico que el técnico más europeo de las últimas décadas termine liderando a la “canarinha”, el país donde el fútbol se vive casi como una religión estética.
Para Sorrentino, Brasil también representa un escenario ideal. Pocos lugares entienden el fútbol desde una dimensión tan emocional y artística. Y pocos entrenadores parecen tan adecuados para narrar ese choque cultural como Ancelotti: un hombre silencioso al frente de la selección más pasional del planeta.
El documental será además el primero de la carrera de Sorrentino. Hasta ahora, el director había construido toda su trayectoria en la ficción, ganando reconocimiento internacional con películas como La juventud o The Young Pope. Su salto al documental no parece un cambio de rumbo accidental, sino la búsqueda de un personaje real capaz de condensar muchas de sus obsesiones habituales: el tiempo, la nostalgia, el éxito y la soledad del poder.
Ancelotti, en cierto modo, encarna todo eso. Un técnico admirado en todos los países donde trabajó, capaz de triunfar en Italia, Inglaterra, Francia, Alemania y España, pero siempre proyectando una personalidad discreta, casi ajena al ruido moderno del fútbol.
Quizá ahí esté la verdadera conexión entre ambos italianos. Sorrentino lleva años filmando hombres que intentan conservar la elegancia mientras el mundo alrededor pierde la cabeza. Y Ancelotti, desde un banquillo, lleva décadas haciendo exactamente lo mismo.

