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China acelera su estrategia oceánica: la «isla flotante» que apunta a redibujar la geopolítica marítima

Este desarrollo no es únicamente científico. Está directamente vinculado a objetivos estratégicos como el acceso a minerales del fondo marino, la exploración energética en aguas profundas y el control de infraestructuras críticas submarinas.

Ilustración de la instalación flotante de investigación en aguas profundas, Shanghái, este de China, 28 de marzo de 2026. /VCG

Mientras el mundo entero observa con gran inquietud el conflicto entre Estados Unidos e Irán, y unas negociaciones que no siempre dejan lugar al optimismo, en China, entretanto, están construyendo una enorme isla flotante. El gobierno de Xi Jinping está impulsando el desarrollo de una infraestructura experimental de investigación oceánica descrita en medios académicos y técnicos como una “instalación flotante de investigación permanente en aguas profundas”, promovida por la Universidad Jiao Tong de Shanghái.

El proyecto ha sido presentado como un sistema híbrido entre buque científico y plataforma semisumergible capaz de operar en mar abierto durante largos periodos. Su diseño conceptual incluye una estructura de gran escala (aprox. 138 metros de eslora, 85 de manga y unos 45 metros de altura), con capacidad para operaciones científicas prolongadas y soporte logístico para hasta varios centenares de personas.

Sin embargo, el elemento clave desde una perspectiva económica es que no existe una cifra oficial pública consolidada del coste total del proyecto, ni del presupuesto estatal asignado específicamente a la construcción de esta “isla flotante”.

Esto es relevante: en proyectos de esta naturaleza en China, los costes suelen estar fragmentados entre universidades, programas estatales de ciencia marina, empresas públicas de ingeniería naval y financiación provincial, lo que dificulta la trazabilidad financiera directa.

¿Cuánto dinero está invirtiendo China? Lo que se sabe (y lo que no)

A día de hoy, no hay datos verificables que permitan afirmar cuánto dinero se está gastando exactamente en esta infraestructura concreta.

Lo que sí se puede establecer con rigor económico es el contexto presupuestario: China ha incrementado de forma sostenida su inversión en I+D, superando los 3% del PIB en algunos ejercicios recientes según estadísticas oficiales generales de innovación. No es un caso que el sector de tecnología oceánica y exploración profunda está integrado dentro de programas nacionales estratégicos, donde los presupuestos se distribuyen entre múltiples proyectos (submarinos, sensores, minería marina, plataformas offshore). Además infraestructuras comparables (plataformas semisumergibles científicas o industriales de gran escala) suelen costar en el rango de cientos de millones a varios miles de millones de dólares, dependiendo de complejidad, sistemas de soporte vital y autonomía operativa.

Pero es crucial subrayar: cualquier cifra específica atribuida a esta “isla flotante” sería especulativa en ausencia de documentación presupuestaria oficial publicada por la SJTU o el gobierno chino.

Geografía estratégica: dónde se sitúa realmente este proyecto

El proyecto no corresponde a una “isla artificial fija” en un punto único, sino a una plataforma móvil de investigación oceánica.

Operativamente, este tipo de infraestructura se concibe para desplegarse en:

  • Mar de China Meridional
  • Océano Pacífico occidental
  • Zonas profundas del entorno marítimo asiático con acceso logístico desde la costa china

La base científica y tecnológica se articula desde Shanghái, donde la SJTU actúa como nodo de ingeniería, investigación y coordinación.

Desde un punto de vista geopolítico, la ubicación operativa no es neutral: el Indo-Pacífico occidental es hoy uno de los espacios marítimos más disputados del mundo en términos de rutas comerciales, recursos energéticos y proyección militar.

Antecedentes: la carrera china por dominar el océano profundo

La llamada “isla flotante” debe entenderse como parte de una estrategia más amplia de China para consolidar su posición en el océano profundo, un espacio que ha pasado de ser un ámbito estrictamente científico a convertirse en un eje de competencia económica y geopolítica.

Durante las últimas dos décadas, China ha desarrollado capacidades crecientes en exploración submarina, destacando programas como el sumergible tripulado Jiaolong, que marcó un punto de inflexión al permitir operaciones en aguas abisales. A partir de ahí, el país ha construido una red integrada de buques de investigación, laboratorios marinos y sistemas de observación que refuerzan su autonomía tecnológica en el entorno oceánico.

Este desarrollo no es únicamente científico. Está directamente vinculado a objetivos estratégicos como el acceso a minerales del fondo marino, la exploración energética en aguas profundas y el control de infraestructuras críticas submarinas, especialmente los cables de comunicación que sostienen la economía digital global.

En paralelo, instituciones como la Universidad Jiao Tong de Shanghái han adquirido un rol central en la convergencia entre investigación académica e ingeniería aplicada, acelerando la transición de prototipos científicos a infraestructuras operativas a gran escala.

En términos geopolíticos, esta evolución refleja una transición clara: de una estrategia marítima centrada en el entorno regional a una visión de presencia sostenida en el océano global, especialmente en el Indo-Pacífico. En ese marco, plataformas como la isla flotante representan un salto cualitativo: no solo permiten exploración puntual, sino operación prolongada en zonas profundas, reduciendo la dependencia de bases costeras.

En conjunto, estos desarrollos apuntan a la consolidación de una “economía oceánica profunda”, donde el mar deja de ser solo un espacio de tránsito o extracción puntual para convertirse en una infraestructura productiva continua, integrada en la estrategia de poder tecnológico e industrial de China.

Más allá de la ciencia, este tipo de infraestructura se inscribe en una tendencia global: la militarización indirecta del conocimiento oceánico.

Sin necesidad de ser una plataforma militar, su utilidad estratégica es evidente: porque permite una presencia prolongada en zonas oceánicas remotas, mejora la capacidad de monitoreo del entorno submarino y the last but not the least se integra en la creciente competencia tecnológica entre Estados Unidos y China en el Indo-Pacífico.

El coste exacto no es público, pero su objetivo económico y estratégico sí lo es: convertir el océano profundo en un espacio productivo, medible y operativamente accesible de forma continua.

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