La 40ª edición de los Premios Goya conmemoró el aniversario de la gran fiesta del cine español con una gala cargada de emoción y reivindicación. Los domingos, de Alauda Ruiz de Azúa, fue la gran triunfadora de la noche al alzarse con cinco galardones -mejor película, dirección, guion, actriz y actriz de reparto-, mientras que Sirat, de Oliver Laxe, sumó seis premios técnicos. Por su parte, Sorda consiguió tres estatuillas, entre ellas mejor dirección novel y actriz revelación para las hermanas Eva Libertad y Miriam Garlo, además del premio a mejor actor de reparto para Álvaro Cervantes.
Por fin se cumplieron los tiempos y la ceremonia “solo” se extendió durante tres horas y cuarto, quince minutos menos que en las dos ediciones anteriores. Casi un hito en la historia de este extenso pero siempre necesario homenaje al séptimo arte. Aunque los discursos estuvieron limitados a un minuto y debían ser pronunciados por una sola persona, las palabras resonaron con más fuerza que nunca. Fue una noche en la que los mensajes pesaron tanto como los premios, dejando anécdotas, intervenciones y actuaciones difíciles de olvidar y muy fáciles de recordar.
Dos idiomas y dos hermanas de la mano
La película Sorda ha transmitido un mensaje que no ha pasado desapercibido en los premios. Al contrario, se ha dicho más alto que nunca. Miriam Garlo se convirtió en la primera actriz sorda nominada y también en alzarse con el galardón. Un hito que compartió con su hermana, Eva Libertad, reconocida con el premio a mejor dirección novel por la misma cinta, nacida a partir de un cortometraje previo de ambas que también fue candidato en su día.
Miriam dedicó el premio en lengua oral y en lengua de signos, un discurso bilingüe que se ganó el aplauso de todos : «Sin límites ni fronteras ningún ser humano es invisible. Ninguna persona sorda es muda. Tenemos una identidad y una voz propia, pero no siempre es oral. Viva el cine accesible. Gracias por ser mi hermana. Tu sensibilidad me protege. Gracias a nuestros padres porque nos han enseñado que el arte sea nuestra forma de vida». Por su parte, Eva contó: «Cuando empezamos con esta película temíamos que se catalogara como una película sobre discapacidad y quedase relegada a un nicho, pero nos encontramos lo contrario: un público diverso y empático. La diversidad es riqueza, cualquier persona debería poder desplegarse en este mundo acorde a sus capacidades y según sus necesidades».
Alba Flores: «Prometo ver la alegría»
Alba Flores recogió junto a Sílvia Pérez Cruz el Goya a mejor canción original por Flores para Antonio, la oda audiovisual que le ha dedicado a su padre Antonio Flores . Para la actriz, era su primer cabezón, y lo vivió como algo profundamente personal y familiar. En su discurso recordó también a su abuelo, Antonio González ‘El Pescaílla’, y a su abuela Violeta, y aseguró: «Este premio es un galardón para la música e inspiración de mi padre».
Cerró su discurso como mejor sabe hacer su familia: cantando. Entonó unos versos que, al igual que son conocidos por todos, todos los volvimos a entender: «Prometo ver la alegría, escarmentar de la experiencia, pero nunca, nunca más usar la violencia». ¡Buenas noches! ¡Viva Palestina Libre!».
Una voz que nunca se irá: El homenaje a Extromoduro con ‘Si te vas’
Uno de los momentos más emotivos de la gala fue el tradicional in memoriam, dedicado a los profesionales del cine fallecidos en el último año. Belén Aguilera y Dani Fernández interpretaron al piano y violín una versión que llegó al corazón de todo el público de Si te vas, de Extremoduro, que acompañó el recuerdo de los nombres proyectados en pantalla.
La elección de la canción no pasó desapercibida, «nos hizo a todos quedarnos muy cerca» del televisor y de los pañuelos. Este homenaje implícito a Robe Iniesta fue recibido con largos aplausos y gran emoción a la que aparecieron en pantalla rostros como Verónica Echegui, Celso Bugallo, José Luis Cienfuegos y Fernando Esteso, en uno de los instantes más sentidos de la noche.
El sueño lúcido de Gonzalo Suárez
María de Medeiros fue la encargada de entregar el Goya de Honor a Gonzalo Suárez, quien a sus 91 años ofreció uno de los discursos más sonados y enriquecedores de la noche. El director, que solo había ganado previamente un Goya por el guion de Remando al viento, reflexionó sobre el poder del aclamado y pasado por alto séptimo arte: «El cine es el último reducto con el que podemos soñar despiertos».
Fiel a su estilo, combinó lirismo e ironía. «Dios nos premia con los sueños y nos castiga con la realidad«, afirmó, antes de lanzar una crítica velada a Donald Trump: «Existe un hombre… no, perdón, un personaje que juega al golf con nuestro mundo impunemente, tratando de meterlo en el agujero más negro». También bromeó sobre su edad y trayectoria: «Estoy absolutamente orgulloso de comprobar que el cine ha sobrevivido a las redes y a las cavernas. Ahora, también tengo que reconocer que, en este momento, el bisonte soy yo».
Álvaro Cervantes: «Tenemos que revisar nuestros propios privilegios»
En su tercera nominación, Álvaro Cervantes logró al fin su primer Goya, el de mejor actor de reparto por Sorda, de Eva Libertad. La emoción le quebró la voz al recoger el premio, que dedicó a las personas con discapacidad y a todo lo que la película le ha enseñado. «Me han hecho entender que la empatía no se puede basar solo en buenas intenciones, sino en revisar nuestros propios privilegios», afirmó desde el escenario.
El actor quiso poner nombre a ese aprendizaje: «Esta película me ha enseñado una palabra que mucha gente no conoce: capacitismo, un término que define muy bien el mundo en el que vivimos. Un mundo que excluye a las personas con discapacidad». También tuvo palabras de agradecimiento para sus padres, para su hermana Ángela —nominada esa noche— y para su compañera de reparto: «La mitad de este premio es para Miriam Garlo. Aparte de ser una actriz enorme, es una de las personas más increíbles que he conocido en mi vida».
