La investigación contra el cáncer de páncreas —uno de los tumores más agresivos y con peor pronóstico— acaba de dar un salto histórico. El equipo dirigido por Mariano Barbacid, jefe del Grupo de Oncología Experimental del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), ha logrado eliminar por completo tumores de páncreas en ratones, de forma duradera y sin generar resistencias, mediante una terapia combinada de tres fármacos.
Los resultados, publicados en la revista científica PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences), suponen un avance de impacto internacional y abren una nueva vía para el diseño de terapias combinadas más eficaces frente a un cáncer que en España diagnostica cada año más de 10.300 nuevos casos y cuya supervivencia a cinco años no alcanza el 10%.
El estudio, liderado por Barbacid y con Carmen Guerra como coautora principal y Vasiliki Liaki y Sara Barrambana como primeras autoras, ha sido financiado por la Fundación CRIS Contra el Cáncer, junto a fondos nacionales y europeos, en un ejemplo de cómo la inversión sostenida en investigación de excelencia puede cambiar el rumbo de enfermedades hasta ahora prácticamente intratables.
Este avance científico conecta directamente con una idea defendida con fuerza en Forbes House el pasado 16 de octubre, durante la jornada benéfica contra el cáncer organizada junto a CRIS Contra el Cáncer, con el patrocinio de Roche e IVI, y presidida por la ministra de Sanidad, Mónica García.

En aquel encuentro —del que Mariano Barbacid fue uno de los protagonistas— se subrayó que cada euro invertido en investigación no es un gasto, sino una inversión en vida. Parte de los fondos recaudados durante la jornada fueron destinados por Forbes al CNIO, reforzando el vínculo entre divulgación, compromiso social y ciencia de excelencia.
Como recordó entonces Ignacio Quintana, CEO de Forbes, “faltan recursos, pero no talento”, y la única vía real para cambiar el futuro del cáncer pasa por financiar investigación ambiciosa y sostenida.
El trabajo ahora publicado en PNAS es la prueba tangible de que ese enfoque funciona.
El gran obstáculo: la resistencia a los tratamientos
Durante décadas, el tratamiento del cáncer de páncreas apenas ha avanzado más allá de la quimioterapia convencional. No fue hasta 2021 cuando se aprobaron los primeros fármacos dirigidos contra KRAS, un oncogén mutado en el 90% de los pacientes. Sin embargo, su impacto clínico ha sido limitado: en pocos meses el tumor se vuelve resistente.
Precisamente ese es el problema que aborda el nuevo trabajo del CNIO.
La estrategia del equipo de Barbacid ha sido bloquear la vía molecular de KRAS en tres puntos distintos, en lugar de atacar un único eslabón. El razonamiento es sencillo y poderoso: es mucho más difícil que el sistema escape cuando se neutraliza por varios frentes a la vez.
Tras eliminar genéticamente tres componentes clave de la vía de señalización de KRAS en modelos animales, los tumores desaparecieron de forma completa y permanente.
Tres fármacos, una respuesta duradera
Para trasladar esta lógica al terreno farmacológico, el equipo diseñó una terapia triple que combina: Un inhibidor experimental de KRAS (daraxonrasib), Afatinib, un fármaco ya aprobado para determinados cánceres de pulmón y un degradador de proteínas dirigido contra STAT3 (SD36).
El tratamiento se probó en tres modelos distintos de adenocarcinoma ductal de páncreas, el tipo más frecuente y letal de este tumor. En todos los casos se observó una regresión significativa y duradera, sin toxicidades relevantes, y —lo más importante— sin aparición de resistencias.
“Por primera vez hemos conseguido una respuesta completa, duradera y con baja toxicidad frente al cáncer de páncreas en modelos experimentales”, subraya Barbacid.
Prudencia científica: todavía no en humanos
Pese a la magnitud del hallazgo, el propio Barbacid insiste en la necesidad de máxima cautela. “Aún no estamos en condiciones de llevar a cabo ensayos clínicos con la triple terapia”, advierte. Optimizar esta combinación para su uso en pacientes será un proceso complejo, largo y exigente, tanto desde el punto de vista regulatorio como clínico, que requerirá ajustar dosis, evaluar posibles interacciones y garantizar perfiles de seguridad adecuados en humanos.
A ello se suma la necesidad de comprender mejor la heterogeneidad del cáncer de páncreas, identificar qué subgrupos de pacientes podrían beneficiarse realmente de esta estrategia y anticipar posibles mecanismos de resistencia que todavía no se manifiestan en los modelos animales. Solo tras superar estas etapas será posible plantear estudios clínicos con garantías.
Aun así, el mensaje es claro: el paradigma está empezando a cambiar tras décadas de avances mínimos en este tipo de cáncer. Por primera vez, una estrategia racional de terapias combinadas demuestra que es posible frenar la resistencia tumoral de forma sostenida, marcando un punto de inflexión que podría redefinir el futuro abordaje terapéutico del cáncer de páncreas.
Un centro clave en la investigación europea
El CNIO, dependiente del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, es el mayor centro de investigación en cáncer de España y uno de los más relevantes de Europa. Alberga a cerca de 500 investigadores, dedicados a mejorar la prevención, el diagnóstico y el tratamiento del cáncer, con un modelo que integra investigación básica, traslacional y clínica.
A lo largo de sus más de dos décadas de trayectoria, el CNIO se ha consolidado como un referente internacional en áreas clave de la oncología, desde la biología molecular del cáncer hasta el desarrollo de nuevas estrategias terapéuticas. Su capacidad para atraer talento científico, liderar proyectos competitivos a escala europea y colaborar con centros de excelencia de todo el mundo ha sido determinante para situar a España en el mapa global de la investigación oncológica.
El estudio liderado por Mariano Barbacid refuerza este posicionamiento y pone de relieve la importancia de un ecosistema de investigación sólido y bien financiado, en el que la colaboración entre ciencia pública, fundaciones privadas y sociedad civil resulta esencial para transformar conocimiento en avances reales con impacto global. Un modelo que, cuando se sostiene en el tiempo, permite que descubrimientos nacidos en el laboratorio puedan acabar cambiando el pronóstico de enfermedades que durante décadas parecían inabordables.
Una buena noticia —muy buena— en la lucha contra uno de los cánceres más letales.
Una buena noticia —muy buena— en la lucha contra uno de los cánceres más letales. Un avance que no promete milagros inmediatos, pero que rompe una inercia histórica, demuestra que el conocimiento avanza y que incluso los tumores con peor pronóstico pueden empezar a ceder cuando la ciencia dispone de tiempo, recursos y libertad para explorar nuevas vías.
Es, también, una confirmación rotunda de que invertir en ciencia salva vidas. No de forma instantánea ni con titulares fáciles, sino a través de años de trabajo riguroso, de equipos estables, de financiación sostenida y de una colaboración real entre investigadores, instituciones públicas, fundaciones y sociedad civil. El camino es largo, exige paciencia y compromiso, pero cuando se recorre, los resultados llegan.
Porque cada descubrimiento como este no solo amplía el conocimiento: abre futuro. Y en un cáncer como el de páncreas, donde durante demasiado tiempo apenas hubo esperanza, eso ya supone un cambio de paradigma.
