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La rave hacia los Oscar de Oliver Laxe: de autor de culto al fenómeno Sirat, así sería su LinkedIn

Este reconocimiento no es fruto de una operación industrial agresiva, sino del prestigio acumulado durante años, ahora amplificado por una obra que ha sabido dialogar con la industria sin diluir ni traicionar su identidad.

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Durante más de una década, Oliver Laxe fue uno de esos nombres que circulaban con respeto casi reverencial en festivales y círculos cinéfilos, pero con escasa presencia fuera del ecosistema del cine de autor. Un director inclasificable, más cercano a la espiritualidad y a la experiencia sensorial que a los códigos narrativos tradicionales. Hoy, con Sirat, ese mismo cineasta se ha convertido en uno de los grandes protagonistas de la temporada internacional de premios, demostrando que el prestigio sostenido en el tiempo puede acabar traduciéndose en impacto global.

Si Oliver Laxe tuviera un perfil de LinkedIn, no estaría construido a base de cargos corporativos ni grandes estudios, sino de coherencia artística, riesgo creativo y una carrera ascendente basada en el reconocimiento crítico. Un caso poco frecuente en la industria cinematográfica contemporánea. Probablemente a el tampoco lo ha gustado de repente volverse tan famoso, pero antes o temprano el valor sale a la luz.

Primeros pasos: construir desde los márgenes

Nacido en París y criado entre Francia y Galicia, Laxe debutó en el largometraje con Todos vós sodes capitáns (2010), una película de bajo presupuesto que ya marcaba su distancia con el cine comercial. El film apenas tuvo recorrido en taquilla, como ocurre habitualmente con las óperas primas de autor, pero logró algo más valioso: reconocimiento inmediato en festivales internacionales, incluyendo el premio FIPRESCI en Cannes.

Ese patrón se repetiría en sus siguientes trabajos. Mimosas (2016), rodada entre Marruecos y el desierto, consolidó su reputación como cineasta radical y obtuvo el Gran Premio de la Semana de la Crítica de Cannes. O que arde (2019), una de sus películas más accesibles, fue celebrada por la crítica europea y ganó el Premio del Jurado en la sección Un Certain Regard. De nuevo, recaudaciones discretas, pero un palmarés creciente.

A esas alturas, Laxe ya era un director respetado, pero seguía siendo, esencialmente, un autor de culto.

El punto de inflexión: Sirat

Todo cambia con Sirat. Su cuarto largometraje no abandona las señas de identidad de Laxe: el viaje, lo espiritual, la experiencia física del cine, pero introduce un elemento decisivo que es una narrativa emocional más directa, capaz de conectar con públicos más amplios sin renunciar al riesgo.

Ambientada en el universo de las raves del desierto marroquí, Sirat es una road movie extrema que mezcla duelo, trance y supervivencia. Una propuesta difícil de vender sobre el papel, que sin embargo ha logrado algo excepcional: un consenso casi unánime entre festivales, crítica e industria.

El estreno en el Festival de Cannes supuso el gran espaldarazo. Allí obtuvo el Premio del Jurado, situando a Laxe definitivamente en la primera línea del cine europeo contemporáneo. A partir de ese momento, el recorrido de Sirat ha sido constante: paso por los principales festivales internacionales, presencia en listas de lo mejor del año y una temporada de premios que ha culminado con nominaciones clave, incluida su llegada a los Oscar.

Cifras que avalan el fenómeno

Aunque Sirat no es ni pretende ser un blockbuster, sus números son especialmente relevantes dentro del cine independiente. Con un presupuesto estimado en torno a los 6–7 millones de euros, la película ha superado los 3 millones de euros de recaudación en España, una cifra notable para una obra de autor con distribución selectiva. A nivel internacional, el interés de distribuidoras de prestigio ha permitido su estreno en mercados estratégicos como Francia, Estados Unidos y varios territorios europeos, ampliando exponencialmente su impacto. En términos de retorno cultural y posicionamiento, Sirat ha multiplicado su inversión inicial.

Premios, nominaciones y validación institucional

El verdadero salto de Laxe no se mide solo en taquilla, sino en validación institucional. Sirat ha acumulado nominaciones en los principales premios europeos, ha sido una de las películas más reconocidas del año en el cine español y ha logrado algo especialmente simbólico: colarse en la conversación de los Oscar, un terreno históricamente hostil para el cine de autor más radical.

Este reconocimiento no es fruto de una operación industrial agresiva, sino del prestigio acumulado durante años, ahora amplificado por una obra que ha sabido dialogar con la industria sin diluir ni traicionar su identidad.

Un caso de estudio para la industria creativa

La trayectoria de Oliver Laxe es, hoy, un caso de estudio para cualquier creador. Su carrera demuestra que el crecimiento sostenido, aunque lento, puede ser más sólido que el éxito inmediato. Que el cine de autor no está condenado a la irrelevancia comercial. Y que la coherencia artística, en un contexto adecuado, puede convertirse en ventaja competitiva.

Sirat no es solo una película exitosa. Es la confirmación de una idea poco frecuente en tiempos de algoritmos y fórmulas: el riesgo también puede escalar.

Oliver Laxe ya no es únicamente un nombre respetado en festivales. Es un director que ha conseguido algo mucho más difícil: hacer compatible una voz propia con impacto global. Y eso, en la industria del cine actual, es quizá el mayor logro posible.

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