El 2026 comienza con las acciones de impacto de Donald Trump. Tras bombardear varias ciudades de Venezuela y capturar a Nicolás Maduro en una operación casi cinematográfica que el propio Presidente de Estados Unidos siguió desde su residencia de Mar-a-Lago, Trump no detiene sus ambiciones expansionistas. Pocos días después, vuelve a hablar en público y presenta lo que podría considerarse un plan estratégico comunicado sin medias tintas, o un delirio de omnipotencia que empieza a inquietar incluso a los líderes europeos.
“Necesitamos Groenlandia, es demasiado importante estratégicamente para nosotros; ya hay embarcaciones rusas y chinas allí, nosotros debemos tenerla y la tendremos”, declaró sin rodeos.
Un mensaje claro que no deja lugar a interpretaciones. Hasta hace poco, tomábamos con cautela cada afirmación que surgía de la Casa Blanca; ahora, tras la captura de Nicolás Maduro, violando varios principios de legalidad internacional y sin ningún miedo a reconocerlo, sabemos que las palabras del primer mandatario estadounidense deben tomarse muy en serio.
Su subsecretario Marc Rubio también lo confirmó: “Todo lo que Trump promete, lo cumple. ¿Todavía no lo habéis entendido”?
Las conferencias se vuelven virales y en todas partes se comentan los posibles planes militares de Estados Unidos. Cuba, Colombia o Groenlandia… ¿quién será el primero en ser atacado? Por ahora, parece que, superada la fase Venezuela, la próxima podría ser Groenlandia, territorio perteneciente al Estado de Dinamarca y, por tanto, miembro de la OTAN. Dinamarca estableció el control colonial sobre Groenlandia en el siglo XVIII y le permitió alcanzar su autonomía en el siglo XX.
“Nadie va a luchar militarmente contra Estados Unidos por el futuro de Groenlandia”, afirmó Stephen Miller, asesor de seguridad nacional de Estados Unidos, a Jake Tapper, presentador de CNN, después de que este le preguntara repetidamente si descartaba el uso de la fuerza militar.
La preocupación de los líderes europeos
El martes, Mette Frederiksen, primera ministra de Dinamarca, se reunió con los líderes de seis países de la OTAN para emitir una contundente declaración conjunta rechazando las afirmaciones de Trump sobre la supuesta necesidad de que Estados Unidos ocupase Groenlandia. Los países que respaldaron a Dinamarca fueron Gran Bretaña, Francia, Alemania, Italia, España y Polonia, todos estrechos aliados de Estados Unidos.
“Por lo tanto, la seguridad en el Ártico debe lograrse colectivamente, en colaboración con los aliados de la OTAN, incluido Estados Unidos, mediante la defensa de los principios de la Carta de las Naciones Unidas, como la soberanía, la integridad territorial y la inviolabilidad de las fronteras”, declararon. “Estos son principios universales y no cesaremos de defenderlos”. «Groenlandia pertenece a su gente», añadieron.
Entonces, ¿por qué Trump quiere Groenlandia?
Donald Trump ha convertido a Groenlandia en un objetivo estratégico para Estados Unidos, justificando su interés no como un capricho geográfico, sino como una necesidad vital para la seguridad nacional. La isla ártica, con su posición estratégica y sus vastos recursos, se ha convertido en un punto clave dentro de la visión de Trump para proteger el territorio estadounidense y asegurar su hegemonía global.
Desde el punto de vista militar, Groenlandia representa un eslabón crítico en la defensa del país. La Casa Blanca contempla la isla como núcleo de su proyecto de escudo de misiles “Golden Dome”, inspirado en el sistema israelí Iron Dome, destinado a interceptar ataques de largo alcance.
Pero el interés de Estados Unidos no se limita a la defensa: los recursos naturales de Groenlandia son estratégicamente cruciales. La isla alberga grandes reservas de minerales de tierras raras, esenciales para la fabricación de tecnología moderna, desde vehículos eléctricos hasta sistemas militares avanzados. El deshielo provocado por el cambio climático está abriendo nuevas rutas marítimas en el Ártico, más rápidas y estratégicamente ubicadas que los pasajes tradicionales. Controlar Groenlandia permitiría a Estados Unidos dominar estos corredores frente a rivales como Rusia y China, consolidando su influencia global.
Ahora, el punto no es si Trump anexará o no Groenlandia, sino cuánto vale el derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas, sobre la que se basa nuestra sociedad democrática. Lo que sí es seguro es que, mientras por un lado vemos desmoronarse pilares constitucionales fundamentales desde la Segunda Guerra Mundial hasta hoy, por otro sentimos que damos un salto al pasado con la consolidación de los nuevos imperios.
