España se despierta mañana con una cuenta atrás muy concreta: la del sorteo que llega cuando ya se han guardado los turrones, pero todavía no se ha cerrado del todo la ilusión. El Sorteo del Niño, segundo en importancia de la Lotería Nacional y el primer gran sorteo extraordinario de 2026, vuelve a ocupar su lugar como el último gran gesto de optimismo compartido.
A partir de las 12:00 del mediodía, en el salón de sorteos de Loterías y Apuestas del Estado, los bombos volverán a girar para repartir 770 millones de euros en premios, con un guion conocido, una duración medida (en torno a media hora) y una expectación que, aunque menor que la del Gordo de Navidad, se mantiene sólida año tras año.
Los premios: menos épica, más probabilidad
El atractivo del Sorteo del Niño está en su estructura: no es el sorteo de los milagros imposibles, sino el de las alegrías alcanzables, con un primer premio de dos millones de euros por serie, 200.000 euros al décimo, un segundo premio dotado con 750.000 euros por serie, 75.000 euros al décimo, y un tercer premio que reparte 250.000 euros por serie, 25.000 euros al décimo, cifras que no prometen cambiar el mundo, pero sí cambiar un año —o varios— de vida.
En total, la emisión asciende a 1.100 millones de euros, de los cuales el 70% se distribuye en premios, una de las tasas más elevadas del calendario lotero español.
Cuánto juega España… y dónde más
Para este sorteo se han consignado 911,9 millones de euros, lo que equivale a una media de 18,77 euros por habitante, una cifra muy similar a la del año anterior.
Pero, como siempre, la estadística también dibuja un mapa emocional del país. Las comunidades donde más se juega al Niño son Asturias, Castilla y León, La Rioja, Comunidad Valenciana y Cantabria, todas por encima de la media nacional. Por provincias, Soria lidera la clasificación con 60,18 euros por habitante, una cifra que convierte al sorteo casi en un acto institucional.
En el extremo opuesto, Ceuta, Melilla, Baleares, Cataluña y Canarias registran los niveles más bajos de consignación. Los datos definitivos, no obstante, no se conocerán hasta minutos antes del inicio del sorteo, cuando las administraciones comuniquen los décimos vendidos y los devueltos.
El azar también tiene memoria
Para los supersticiosos —y en el Niño hay muchos—, la historia deja pistas: el 0 ha sido la terminación más repetida del primer premio (22 veces), seguido del 7, el 4 y el 9. No garantiza nada, pero cada año vuelve a alimentar conversaciones, corazonadas y elecciones de última hora.
La otra cara del premio: cuando toca, pero hay problemas
El conflicto reciente del Gordo de Navidad en Villamanín ha devuelto al primer plano una realidad incómoda: ganar también exige hacerlo bien.
Enviar una foto del décimo por WhatsApp no basta si está compartido. Debe quedar constancia clara del número, la serie, la fracción, el sorteo, quién participa y en qué porcentaje. Lo mismo ocurre con pagos por Bizum, que deben incluir concepto, número y porcentaje jugado.
En caso de pérdida o robo, denunciar de inmediato y haber fotografiado el décimo por ambas caras puede marcar la diferencia entre cobrar o no.
Especial atención merecen las papeletas, que no son décimos oficiales, sino contratos privados. Su validez depende de que incluyan todos los datos exigidos por la normativa y de la buena fe —o no— de quien las emite. Quien vende la papeleta es quien cobra el décimo y quien está obligado legalmente a repartir el premio. Si no lo hace, el camino es judicial.
El último deseo de las fiestas
El Sorteo del Niño no promete cambiar vidas como el de Navidad, pero ofrece algo igual de valioso: una segunda oportunidad. Es el sorteo que llega cuando ya sabemos cómo ha terminado el año, pero aún creemos que el siguiente puede empezar mejor.
Mañana, durante media hora, España volverá a mirar al azar con respeto, números con esperanza y al dinero con algo parecido a la magia. Porque en el Día de Reyes, incluso en tiempos de incertidumbre, siempre queda espacio para creer que algo bueno todavía puede tocar.
Y eso, en sí mismo, ya es un pequeño premio.
