El Concepto Estratégico respaldado este miércoles por los Estados miembros de la OTAN en el marco de la cumbre de Madrid abarca un amplio abanico de temas, entre los que figuran también el terrorismo, el ciberespacio, la erosión del control armamentístico y el cambio climático.

El punto diez del documento alude al terrorismo, en todas sus formas y manifestaciones, y tilda al fenómeno como «la mayor y más directa amenaza asimétrica a la seguridad de los ciudadanos y a la paz y la prosperidad internacionales».

En concreto, los aliados aseguran que las organizaciones terroristas buscan atacar o inspirar ataques contra ellos y ponen el foco en que han expandido sus redes, mejorado sus capacidades e invertido en nuevas tecnologías para aumentar su alcance y letalidad.

Asimismo, los grupos armados no estatales, incluidas las redes terroristas transnacionales y actores apoyados por Estados, continúan aprovechando los conflictos y la «débil gobernanza» para reclutar, movilizar y ampliar sus posiciones.

Ciberespacio, siempre «disputado»

En cuanto al ciberespacio, el punto quince del texto afirma que siempre está «disputado» y señala que los «actores malignos» buscan degradar la infraestructura cibernética crítica, interferir en los servicios gubernamentales, extraer información de Inteligencia, robar propiedad intelectual e impedir actividades militares.

También, destaca que «competidores estratégicos» y adversarios «potenciales» están invirtiendo en tecnologías que pueden restringir el acceso y la libertad de navegar, lo que puede degradar el espacio cibernético, convertir a la población y la infraestructura militar en «objetivos» y, también, perjudicar la defensa y la seguridad de los aliados.

Los Estados miembro también han apuntado a la erosión de la arquitectura de control de armas, desarme y no proliferación y han asegurado que ha tenido un «impacto negativo» en la estabilidad estratégica. En este punto menciona a Rusia y remarca «violaciones en la implementación selectiva de sus obligaciones en virtud del control armamentístico y sus compromisos, que han contribuido al deterioro del panorama de seguridad.

«El uso potencial de armas o materiales químicos, biológicos, radiactivos y nucleares contra la OTAN por parte de actores estatales y no estatales hostiles continúan siendo una amenaza para nuestra seguridad», dice el texto, que recuerda que Irán y Corea del Norte continúan desarrollando sus programas nucleares y de misiles, mientras que Siria, Pyongyang y Rusia, además de actores no estatales, han resucitado el uso de armas químicas.

En cuanto a China, los aliados señalan que está expandiendo «rápidamente» su arsenal nuclear y está desarrollando sistemas de envío cada vez más sofisticados, pero sin transparencia o comprometerse «de buena fe» con el control de armas o de reducción de riesgos en este sentido.

La crisis del cambio climático

Por último, los Estados miembro consideran que el cambio climático es un reto «definitorio» de esta época que tendrá un profundo «impacto» en la seguridad de los aliados. «Es una crisis y un multiplicador de amenazas», han advertido, ya que puede «exacerbar los conflictos la fragilidad y la competitividad geopolítica».

El cambio climático, además, también influye en cómo operan las Fuerzas Armadas aliadas. «Nuestra infraestructura, evaluaciones y bases son vulnerables a estos efectos», han agregando, subrayando que sus fuerzas operan cada vez en el contexto de un clima más extremo y son demandadas para asistir en misiones de ayuda en desastres naturales.

Así, considera que debería convertirse en la organización internacional al mando cuando se trate de comprender y adaptarse al impacto del cambio climático en la seguridad. Se compromete a liderar los esfuerzos para evaluar el impacto de este fenómeno en materia defensiva y de seguridad y a abordar estos retos. Entre las medidas, para combatirlo, enumeran una mejora de la eficiencia energética y más financiación para cubrir la transición a energías renovables, entre otras.