El presidente ruso, Vladimir Putin, ordenó el domingo a su Ministro de Defensa y Jefe de Estado Mayor que colocase a las fuerzas nucleares rusas en alerta de «combate alto». A esto se le llamaría la Teoría del Loco. En este caso, Putin proyecta su voluntad de hacer algo demencial, como usar armas nucleares, para que Occidente cese en su afán de apoyar a Ucrania. Esta teoría solo funciona cuando quien amenaza es convincentemente loco, y hay quien piensa que Putin encaja en esta descripción. Sí, obviamente es capaz de cometer errores masivos de juicio, pero eso no significa que haya perdido la cabeza. Ha llegado hasta donde está siendo calculador y astuto.

Su amenaza nuclear para hacerse con un país vecino que consideraba dócil no va según lo planeado. Si no ha perdido la cabeza, debe ser consciente de ello. Putin también sabe que si la abrumadora superioridad de su país no tiene éxito, tampoco lo harán las nubes en forma de hongo. En cambio, su uso de armas nucleares lo marcaría como una de las figuras más denigradas de la historia.

A ojos del mundo, Rusia se ha convertido un paria por librar una agresiva guerra contra Ucrania, un país cuya integridad territorial y soberanía nacional se comprometió a respetar el predecesor de Putin, Boris Yeltsin. A cambio de estas garantías de seguridad, Ucrania permitió voluntariamente que Rusia recuperara las armas nucleares que quedaron después del colapso de la Unión Soviética. En buena medida, Kiev también desmanteló o devolvió a Rusia los medios para lanzar armas nucleares. A cambio, el país recibió el apoyo diplomático y económico que necesitaba para convertirse en un incipiente estado independiente. Dado que Moscú retuvo el control sobre las capacidades para disparar armas nucleares que permanecieron en suelo ucraniano, y dado que Kiev no tenía el dinero o la experiencia para mantener estas armas y sus sistemas vectores, fue una opción razonable cuando terminó la Guerra Fría.

Cuando Putin reemplazó a Yeltsin y cuando George W. Bush impulsó la expansión de la OTAN para incluir a los exmiembros del Pacto de Varsovia, así como a los tres estados bálticos, se encendieron luces amarillas de alerta sobre el futuro de Ucrania. Cuando Bush patrocinó fuertemente la eventual membresía de Ucrania, y la OTAN accedió a regañadientes, estas luces se pusieron rojas. Luego, los ucranianos expulsaron a un gobierno prorruso y afirmaron su orientación pro-occidental. Putin reaccionó con fuerza para crear enclaves separatistas en el este de Ucrania y anexionar Crimea. Ahora, el mandatario ruso, asumiendo que los tanques y las amenazas de usar armas nucleares son más fuertes que las sanciones económicas y la resistencia popular, quiere un gobierno servil.

La buena noticia es que Putin no puede ganar esta guerra. La mala noticia es que puede arrasar las ciudades ucranianas. Ha comenzado a subir la apuesta usando armas como bombas de racimo y misiles contra centros de población. Se puede esperar algo mucho peor. Cuanto más tiempo trate Putin de ganar por la fuerza bruta, más se hundirá su economía y las fuerzas rusas se convertirán en objetivos de una resistencia nacional cada vez mejor armada. No sabemos cuánto tiempo le llevará reconocer la pérdida y cuántas muertes causará mientras tanto. ¿Está realmente enojado? ¿Autorizaría el uso de armas nucleares? ¿Y cómo podría Estados Unidos responder mejor a sus amenazas nucleares?

La táctica del loco de Putin aumenta la sombra del ataque nuclear que se cierne sobre esta guerra, pero es un movimiento calculado. Está usando esta amenaza para conseguir lo que quiere. No reducimos el peligro nuclear con reacciones temerosas a los mensajes amenazantes de Putin. Cuando exige que los partidarios occidentales de Ucrania salten, la respuesta correcta no es preguntar «¿qué tan alto?» En cambio, continuamos ayudando a los ucranianos con asistencia militar, económica y humanitaria.

Ya están apareciendo pancartas de Putin luciendo el bigote de Hitler en las manifestaciones contra la guerra. Si Putin usa un arma nuclear contra Ucrania, se convertirá en el equivalente de Hitler para las Generaciones X, Y y Z. Su uso de armas nucleares contra la OTAN sería similar al suicidio de Hitler en el Führerbunker de Berlín. Vincular a Putin con Hitler bien podría ser una exageración, pero es útil: una forma de levantar la barrera contra el uso de armas nucleares por parte de Putin en Ucrania es exagerar el posible delito.

La disuasión nuclear de EE UU habla por sí misma, y ​​Putin debería poder escucharla. La respuesta discreta y resuelta de la administración Biden a las amenazas nucleares de Putin es perfecta, al menos por ahora, mientras observamos de cerca cómo juega una mano perdedora.