Elon Musk ( 55 años, Pretoria, Sudáfrica) vuelve a desafiar los límites de la industria automovilística con el nuevo Tesla Roadster, un superdeportivo eléctrico desarrollado junto a SpaceX que promete conducir más arriba de la carretera.
En una demostración celebrada en las instalaciones de pruebas de la compañía aeroespacial en McGregor, Texas, el vehículo subió por una rampa curva, quedó boca abajo, giró en el aire y aterrizó sobre sus cuatro ruedas. También saltó por encima de una fila de coches de Tesla. Una exhibición con la que Musk quiso demostrar que las imágenes no estaban generadas por inteligencia artificial, sino que anticipaban lo que podría ser el futuro de la automoción.
Cómo consigue volar el Tesla Roadster
El secreto de estas maniobras está en una tecnología propia de la industria espacial: los propulsores de gas frío, que expulsan aire comprimido a gran presión para generar empuje sin quemar combustible. El sistema permite elevar el coche y controlar su movimiento durante las acrobacias, mientras que unos ventiladores situados bajo la carrocería generan succión para aumentar el agarre al asfalto. Tesla asegura que esta tecnología puede incluso mantener el vehículo boca abajo. Eso sí, las demostraciones no significan que el coche pueda volar como un avión ni que esté preparado para hacerlo en condiciones normales de circulación.

Las tres versiones
El Roadster se ofrecerá en tres versiones: Performance, Thrust y Rocket. La primera, de dos plazas, está concebida para circular por carretera e incorpora aerodinámica activa y un sistema de succión para mejorar el agarre. La Thrust añade propulsores traseros y está pensada para ofrecer prestaciones extremas en circuito. Por encima de ambas se sitúa la Rocket, una edición monoplaza y de acceso limitado que incorpora propulsores alrededor del chasis para realizar maniobras aéreas. Esta última no está homologada para circular por vías públicas y solo estará disponible mediante invitación privada.
De 0 a 100 km/h en menos de un segundo
Las cifras anunciadas por Tesla están a la altura del espectáculo. La marca asegura que el deportivo podrá acelerar de 0 a 100 km/h en menos de dos segundos en su configuración convencional, mientras que las variantes con propulsores prometen rebajar todavía más ese tiempo. Durante la presentación se mostró una aceleración de 0 a 96 km/h en 0,81 segundos. La velocidad máxima anunciada supera los 370 km/h y la autonomía prevista ronda los 480 kilómetros por carga. Son cifras comunicadas por la compañía que todavía deberán contrastarse con pruebas independientes.


Cuánto cuesta y cuándo llegará
Tampoco será un coche al alcance de cualquiera. Tesla ha establecido depósitos de reserva de 50.000 dólares para la versión Performance y de 250.000 dólares para la Thrust, aunque el precio final de venta todavía no se ha anunciado. La Rocket, por su parte, no podrá reservarse de forma convencional. La producción está prevista para 2028, después de años de retrasos desde que Musk anunció el regreso del Roadster en 2017. La primera generación del modelo, el primer eléctrico comercializado por Tesla, estuvo a la venta entre 2008 y 2012.
¿Es sostenible el coche?
Más allá de sus prestaciones, el proyecto plantea dudas sobre su utilidad y su impacto ambiental. Aunque el Roadster es eléctrico y sus propulsores no queman combustible, comprimir el aire requiere energía. Además, materiales como el magnesio, el titanio y la fibra de carbono pueden tener una huella ambiental considerable durante su fabricación, y esta última presenta dificultades de reciclaje. Al tratarse de un deportivo de lujo y producción limitada, su contribución directa a la movilidad sostenible será previsiblemente reducida: su principal valor está en explorar nuevas posibilidades tecnológicas.
Las dudas sobre la seguridad y su llegada al mercado
El propio Musk ha reconocido que el vehículo no está necesariamente optimizado para la seguridad, una cuestión especialmente relevante en la versión capaz de elevarse del suelo. Por ahora, el Roadster es tanto una demostración de ingeniería como una apuesta para devolver protagonismo al negocio automovilístico de Tesla, en un momento en el que la inteligencia artificial y los robots humanoides concentran buena parte de la atención de la compañía. La gran incógnita es cuánto de lo visto en Texas llegará al modelo de producción y cuándo podrá comprobarse fuera de una exhibición.

