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Antonio Pellicer, cofundador de IVI: «Si facilitáramos la maternidad a las edades adecuadas, los límites biológicos no serían el mismo reto»

El referente internacional en medicina reproductiva analiza los resultados del primer Barómetro de la Fertilidad y los desafíos que plantea el retraso de la maternidad.

El profesor Antonio Pellicer, cofundador de IVI y referente internacional en medicina reproductiva.

El deseo de ser madre sigue muy presente entre las mujeres españolas, pero no siempre encuentra las condiciones necesarias para hacerse realidad en el momento esperado. Según el primer Barómetro de la Fertilidad de IVI Institute, ocho de cada diez mujeres españolas son madres o desean serlo. Sin embargo, alrededor de la mitad ha tenido su primer hijo más tarde de lo que habría querido y, entre quienes han experimentado ese retraso, la espera se prolonga, de media, seis años.

El estudio, realizado en colaboración con GfK/NielsenIQ a partir de más de 24.000 entrevistas a mujeres de entre 19 y 49 años en nueve países –España, Italia, Portugal, Suecia, Canadá, Reino Unido, Estados Unidos, Francia y Emiratos Árabes Unidos–, permite situar esta realidad en un contexto internacional. En el conjunto de los mercados analizados, el 84 % de las mujeres ya son madres o expresa su deseo de serlo, pero el 36 % tuvo su primer hijo más tarde de lo deseado; entre ellas, la diferencia entre la edad que habrían elegido y aquella en la que finalmente fueron madres se sitúa entre cinco y siete años.

En España, la distancia entre las expectativas y la realidad también se aprecia en el número de hijos: las mujeres que ya son madres señalan que les habría gustado tener 2,4 hijos, frente a los 1,6 que tienen de media. La vivienda, la situación económica, la estabilidad laboral, la conciliación, encontrar la pareja adecuada y sentirse preparada para asumir la maternidad condicionan una decisión que rara vez depende de un único factor. Entre las madres encuestadas, el 88 % considera que la flexibilidad laboral sería importante para tener otro hijo, pero solo el 40 % afirma haber contado con ella.

A ese escenario social se suma una realidad médica que afecta a un número significativo de mujeres: una de cada seis españolas de entre 19 y 49 años ha experimentado infertilidad en algún momento de su vida, lo que equivale a alrededor de 1,5 millones de mujeres; 350.000 la habrían experimentado en los últimos doce meses. Aunque una de cada cuatro mujeres ha consultado a un especialista médico al buscar un embarazo, el acceso a información rigurosa y la confianza en los tratamientos siguen siendo relevantes: el 64 % de las encuestadas que no llegan a realizar un tratamiento señala la falta de información o de confianza en sus posibilidades de éxito entre los motivos, mientras que los factores operativos y logísticos y las dificultades emocionales o físicas aparecen también en el 45 % de los casos, respectivamente.

El impacto no es únicamente clínico. El 85 % de las mujeres que han pasado por tratamientos de fertilidad ha experimentado emociones negativas, como ansiedad, incertidumbre, miedo al fracaso o frustración; al mismo tiempo, el 54 % también refiere emociones positivas, como esperanza, ilusión, gratitud o alivio. Aunque el 57 % considera que las clínicas deberían ofrecer apoyo psicológico durante el proceso, solo el 48 % de quienes recibieron tratamientos afirma haber contado con él. Los resultados se presentan en un momento significativo para la organización, que inicia una nueva etapa con la evolución de IVI RMA Global hacia IVI Institute e IVI Fertility.

La primera estructura refuerza la investigación, la innovación y la generación de conocimiento; la segunda da continuidad a la práctica clínica, la experiencia del paciente y la actividad de las clínicas. Con presencia en 15 países, más de 200 clínicas y más de 6.000 profesionales, el grupo busca conectar la investigación con la atención médica y comprender mejor no solo lo que sucede en la consulta, sino también las circunstancias que rodean las decisiones reproductivas.

Para el profesor Antonio Pellicer, presidente de IVI Institute y cofundador de IVI junto al doctor José Remohí en Valencia en 1990, esta evolución se apoya en los avances de una medicina reproductiva que ha transformado las posibilidades de embarazo. Pellicer recordó que los primeros embriones que introdujo en el útero tenían una probabilidad de implantación del 6 %, mientras que hoy esta se aproxima al 70 %.

Si el retraso de la maternidad tiene consecuencias demográficas, económicas y laborales, ¿deberían las empresas considerar la fertilidad y el proyecto de formar una familia como parte de sus políticas de bienestar, del mismo modo que ya incorporan la salud mental?

Yo creo que absolutamente sí. Estoy plenamente de acuerdo. Es verdad que hay empresas que lo han hecho, pero no es una actitud general.

Después de tantos años dedicados a la medicina reproductiva, ¿qué le preocupa más hoy? ¿Los límites biológicos que todavía no hemos conseguido superar o las oportunidades de ser madre que se pierden por circunstancias sociales que sí podríamos cambiar?

Me preocupan las dos cosas, pero probablemente las circunstancias y las dificultades que condicionan la posibilidad de ser madres, es decir, las que retrasan la maternidad, son más importantes de abordar, porque los límites biológicos vienen determinados por el hecho de que la gente está retrasando la maternidad.

Si resolviésemos muchos problemas y hubiera ayudas en distintos ámbitos para facilitar la maternidad a las edades que la naturaleza determina como más adecuadas, los límites biológicos no serían un reto para nosotros. Hoy son un reto, y ser capaces de revertir el daño que la edad hace sobre los óvulos es probablemente el mayor desafío al que se enfrenta actualmente la medicina reproductiva.

Si dentro de diez años volviéramos a realizar este barómetro, ¿qué tendría que haber cambiado en España para que usted considerara que hemos avanzado de verdad? No solo en las tasas de natalidad, sino en la libertad real de las mujeres para decidir cuándo y cómo formar una familia.

Por nuestra parte, sin duda alguna, lo que más tendría que cambiar es la forma de comunicar cómo realizamos nuestro trabajo y de acompañar psicológicamente a las mujeres durante todo este proceso. No se trata solamente de los resultados, sino también de que hay mucha gente que abandona los tratamientos. Y no es una cuestión económica, sino de falta de confianza. Muchas personas no saben qué esperar, y el miedo a lo desconocido hace que abandonen. No saben dónde están los límites ni si van a conseguirlo.

Por nuestra parte, sería un gran avance que la gente ya no tuviera miedo, que tuviera claro adónde va, cuáles son las posibilidades de éxito y que supiera que va a sentirse bien acompañada desde el punto de vista psicológico. Obviamente, nosotros no podemos influir en cuestiones como las ayudas para las guarderías, las deducciones fiscales o las ayudas a la vivienda. Podemos influir con nuestro voto, pero poco más.

Si una mujer de 30 años quiere ser madre, pero no puede permitírselo económicamente, ¿cómo se habla con honestidad del tiempo biológico sin generar miedo, culpabilidad o una presión añadida sobre quien ya siente que está llegando tarde?

Yo tengo una gráfica que es el resultado del análisis de cientos de miles de embriones humanos. Esa gráfica muestra claramente cómo aumenta con el tiempo el porcentaje de embriones anormales. Es lo primero que les muestro. El otro día estuve hablando por Teams con una chica italiana que vive en París. Como sabes, ahora trabajo en Roma. Le enseñé la diapositiva y, como tenía 30 años, lo primero que le dije fue: «Mira, hasta los 35 no tienes ninguna prisa».

En segundo lugar, si de aquí a los 35 años no has decidido ser madre o no te lo has planteado, tienes tiempo de sobra para congelar óvulos, para vitrificar ovocitos, sin que eso suponga un daño para ti. A partir de los 35-36 años puedes empezar a tener problemas, pero eso no quiere decir que necesariamente vayas a tenerlos. Puedes ser madre perfectamente, sin ningún problema, yo te diría que hasta los 40 años. Después empieza a ser un poco más complicado.

El barómetro apunta a una paradoja: el 80 % de las mujeres son madres o quieren tener hijos y el 74 % considera la maternidad una meta importante. Sin embargo, cada vez se retrasa más. ¿Estamos ante una generación que ha dejado de querer tener hijos o ante una generación que no encuentra las condiciones para tenerlos?

Yo creo que estamos ante una generación que no encuentra las condiciones. A mí me ha sorprendido, porque he leído que estamos ante una generación que ha dejado de querer tener hijos; que tenerlos ya no va ligado al hecho de ser mujer, sino que es una elección más entre las muchas que una persona hace en la vida. Pero sí que es una elección, aunque forzada. Es una elección totalmente forzada porque, si hablamos de instinto, tengo clarísimo que, en cualquier especie de mamíferos, una de las funciones de las hembras es la reproducción. Por lo tanto, la mujer tiene una tendencia muy clara, que demuestra el barómetro. Pero, cuando no se dan las condiciones, uno no puede hacer mucho. ¿Qué vas a hacer?

¿Cree que la sociedad está depositando en la ciencia la responsabilidad de resolver un problema que, en buena medida, debería abordarse desde la política, el empleo y la organización de la vida en general?

Un poco sí. La verdad es que me sorprendió una publicación científica de hace unos años en la que se preguntaba a mujeres de entre 40 y 45 años sobre esta cuestión. Hace diez o quince años apareció una publicación estadounidense en la que las mujeres decían que la edad no era un problema porque, para eso, estaban las clínicas de reproducción. Era como si pensaran: «¿Quiere decir que, tenga la edad que tenga, una clínica de reproducción asistida va a conseguir que tenga hijos?». De ese modo, se desentendían y se despreocupaban. Aquello fue llamativo porque estaba creciendo mucho la donación de óvulos. En aquel momento, era la única solución. Ahora la donación de óvulos sigue existiendo, pero está creciendo de forma exponencial la congelación de óvulos a edades más tempranas, con lo cual la gente ha entendido el mensaje.