OpenAI no ha perdido 20.000 millones de dólares de facturación de un día para otro. Sin embargo, la diferencia entre los ingresos que se habían atribuido a la compañía y los que ha comunicado posteriormente a sus inversores ha puesto de manifiesto una cuestión fundamental para el sector de la inteligencia artificial: las cifras de crecimiento que circulan por el mercado no siempre se calculan de la misma manera.
El creador de ChatGPT habría comunicado unos ingresos anualizados próximos a los 50.000 millones de dólares al cierre de septiembre de 2026, frente a los 70.000 millones que se habían difundido a finales del mes anterior. La discrepancia, publicada por Financial Times el 8 de octubre y recogida por Reuters, equivale a unos 20.000 millones de dólares, aproximadamente un 28,6% de la cifra anterior.
La diferencia no significa que OpenAI haya registrado una caída del 30% en sus ventas ni que haya dejado de ingresar ese dinero. El desfase se explica, principalmente, por los distintos criterios utilizados para calcular los ingresos anualizados y por los ajustes que algunos inversores habían realizado para comparar el negocio de OpenAI con el de su rival Anthropic.
La información llega, además, en un momento decisivo para la empresa dirigida por Sam Altman. OpenAI negocia una nueva ronda de financiación de 30.000 millones de dólares o más, con una valoración que podría alcanzar los 1,4 billones de dólares antes de la entrada del nuevo capital, según Bloomberg. La compañía necesita demostrar que el crecimiento de su negocio puede sostener las enormes inversiones que exige el desarrollo de sus modelos.
Por qué hay 20.000 millones de dólares de diferencia
El origen de la discrepancia está en la forma de contabilizar determinadas ventas realizadas a través de socios tecnológicos. OpenAI y Anthropic no incluyen exactamente los mismos conceptos en sus métricas de ingresos, especialmente cuando intervienen proveedores de servicios en la nube como Amazon Web Services (AWS) y Google Cloud.
Según Financial Times y Axios, algunos inversores habían ajustado las cifras de OpenAI para establecer una comparación más directa con Anthropic. La compañía creadora de Claude incluye en su métrica determinadas ventas realizadas a través de sus socios en la nube, mientras que OpenAI no incorpora del mismo modo esos ingresos.
La diferencia puede entenderse con un ejemplo sencillo. Si un cliente paga 100 dólares por un servicio de inteligencia artificial a través de una plataforma externa, una empresa puede contabilizar el importe íntegro de la operación como ingreso y registrar por separado el coste o la comisión del intermediario. Otra puede reconocer únicamente la parte que le corresponde, dependiendo de su papel en la transacción y de las condiciones contractuales.
La elección del tratamiento contable depende de las circunstancias concretas y de las normas aplicables. Por eso, ajustar los ingresos de una compañía para hacerlos comparables con los de otra puede servir para un análisis económico, pero no convierte automáticamente ambas métricas en equivalentes.
El dato de los 70.000 millones de dólares que se difundió en septiembre respondía a una estimación ajustada para facilitar esa comparación. La cifra comunicada posteriormente a los inversores, cercana a los 50.000 millones, refleja el ritmo anualizado calculado con el criterio propio de OpenAI. La diferencia no debe interpretarse como una reducción equivalente de sus ventas reales.
Qué significa tener 50.000 millones de dólares de ingresos anualizados
La segunda clave para entender la noticia es el concepto de annualized revenue run rate, utilizado habitualmente por las empresas tecnológicas de rápido crecimiento.
Este indicador toma los ingresos de un periodo corto y los proyecta a doce meses. Si una empresa factura aproximadamente 4.200 millones de dólares en un mes, por ejemplo, el resultado de multiplicar esa cantidad por doce se acerca a los 50.000 millones anualizados.
Pero la operación no significa que la empresa haya ingresado realmente esa cantidad durante un ejercicio completo. Se trata de una extrapolación que presupone que el ritmo de facturación se mantendrá, algo que puede no ocurrir si cambian la demanda, los precios, los contratos o las condiciones del mercado.
La métrica es especialmente útil en compañías que crecen con rapidez y cuyos ingresos evolucionan considerablemente en pocos meses. Al mismo tiempo, puede ofrecer una imagen incompleta del negocio si se presenta sin explicar el periodo de referencia o los criterios empleados para calcularla.
OpenAI es una empresa privada y no publica sus cuentas periódicamente con el mismo grado de detalle que una sociedad cotizada. Por eso, las cifras procedentes de fuentes conocedoras de sus finanzas y de la documentación compartida con inversores adquieren especial relevancia para reconstruir la evolución de su negocio.
OpenAI espera superar los 70.000 millones en 2026
La revisión de las cifras de septiembre no significa necesariamente que OpenAI haya renunciado a sus objetivos de crecimiento. Bloomberg informó el 9 de octubre de que la compañía prevé alcanzar o superar los 70.000 millones de dólares en ingresos anualizados al cierre de 2026, impulsada en gran medida por el crecimiento de su negocio empresarial.
La distinción temporal resulta esencial. Los aproximadamente 50.000 millones corresponden al ritmo anualizado comunicado al cierre de septiembre, mientras que los 70.000 millones representan una previsión para finales de diciembre. No son dos resultados correspondientes al mismo periodo.
La previsión apunta a que OpenAI espera seguir aumentando sus ingresos durante el último trimestre del año, aunque alcanzar el objetivo dependerá de la evolución real de la facturación. La compañía no ha confirmado públicamente que vaya a cumplir esa meta.
El negocio empresarial se ha convertido en una de las principales palancas de monetización de la inteligencia artificial. Frente a los productos dirigidos al consumidor, los contratos corporativos pueden generar ingresos recurrentes a través de suscripciones, herramientas de productividad, servicios de programación y acceso a modelos mediante interfaces de programación de aplicaciones (API).
Para OpenAI, el desafío consiste en convertir la popularidad de ChatGPT en una fuente de ingresos sostenible y ampliar la adopción de sus herramientas entre las empresas. El crecimiento de la facturación es una señal de demanda, pero no permite determinar por sí solo cuánto dinero genera el negocio una vez descontados los costes de operación y de infraestructura.
Anthropic gana terreno en el negocio empresarial
La comparación con Anthropic explica buena parte del interés que ha despertado la noticia. La compañía responsable de Claude ha ganado protagonismo en el mercado corporativo, especialmente en herramientas de programación y aplicaciones empresariales.
Según las cifras recogidas por Reuters, Anthropic registró unos ingresos de 11.500 millones de dólares en el segundo trimestre de 2026, frente a los 6.700 millones comunicados por OpenAI para el mismo periodo. Las cifras deben interpretarse teniendo en cuenta el perímetro y los criterios contables de cada compañía.
La competencia ya no se limita a captar usuarios o desarrollar modelos con mejores capacidades. Las dos compañías necesitan demostrar que pueden transformar la demanda en contratos duraderos, ampliar sus márgenes y financiar el coste de operar sistemas cada vez más complejos.
Anthropic también ha acelerado sus expectativas de crecimiento. Reuters informó de que sus ingresos anualizados superaron los 65.000 millones de dólares en julio, según fuentes conocedoras de la compañía, y que se esperaba que alcanzaran los 100.000 millones a finales de año. Esta última cifra es una previsión atribuida a esas fuentes, no un resultado confirmado.
El avance de Anthropic añade presión competitiva sobre OpenAI, pero no permite concluir que esta última esté perdiendo ingresos. Según la información publicada por Financial Times, el ritmo anualizado de ingresos de OpenAI aumentó más de un 70% entre julio y finales de septiembre. La cifra apunta a un crecimiento significativo, aunque debe interpretarse dentro de la metodología utilizada.
La factura de la inteligencia artificial: cientos de miles de millones en inversiones
El verdadero desafío financiero de OpenAI va más allá de la facturación. Desarrollar y operar modelos avanzados exige capacidad de computación, chips especializados, centros de datos, electricidad y contratos de infraestructura que pueden comprometer recursos durante años.
En este contexto, los ingresos anualizados se han convertido en uno de los indicadores que los inversores utilizan para evaluar si el crecimiento de la demanda puede justificar las enormes inversiones previstas para el sector.
La información publicada por Financial Times sitúa el consumo de caja acumulado que OpenAI prevé entre 2026 y 2030 en aproximadamente 278.000 millones de dólares. Se trata de una proyección financiera, no de dinero que la empresa haya desembolsado ya.
La magnitud de estas necesidades explica por qué una diferencia de 20.000 millones en los ingresos anualizados puede generar inquietud. Cuanto más intensivo en capital es un negocio, mayor importancia adquiere la relación entre facturación, costes operativos, consumo de caja y compromisos de inversión futuros.
Una empresa puede multiplicar sus ingresos y, al mismo tiempo, necesitar financiación adicional para sostener su expansión. En el caso de OpenAI, el crecimiento comercial no garantiza por sí solo la rentabilidad, especialmente si la demanda obliga a aumentar continuamente la capacidad de computación.
El mercado también ha mostrado su sensibilidad a las expectativas del sector. El 8 de octubre, después de conocerse la información sobre los ingresos de OpenAI, las acciones de Nvidia y Oracle registraron descensos. El Nasdaq 100 cerró la sesión con una caída del 1,4%, según Financial Times. Estos movimientos coincidieron con otras preocupaciones de mercado y no permiten atribuir todas las caídas exclusivamente a la noticia sobre OpenAI.
Una valoración de 1,4 billones de dólares bajo escrutinio
La diferencia entre las cifras de ingresos también importa para la valoración de OpenAI. Bloomberg informó de que la compañía negocia una nueva ronda de financiación de 30.000 millones de dólares o más, con una valoración de aproximadamente 1,4 billones de dólares antes de la entrada del nuevo capital.
Una valoración de esa magnitud presupone expectativas extraordinarias de crecimiento y monetización. Para los inversores, no basta con que la compañía aumente sus ventas: también deben evaluar cuánto capital necesitará para expandirse, qué costes tendrá que asumir y cuándo podría generar beneficios y flujo de caja sostenibles.
En las empresas privadas, las valoraciones de las rondas de financiación no equivalen necesariamente al precio al que podrían negociarse sus acciones en Bolsa. Dependen de las condiciones de cada operación, de los derechos asociados a los títulos y de las expectativas de quienes aportan capital.
La cuestión de fondo es si OpenAI podrá convertir su posición en el mercado de la inteligencia artificial en un negocio capaz de sostener sus compromisos financieros a largo plazo. La revisión de la métrica de ingresos no responde por sí sola a esa pregunta, pero recuerda la importancia de analizar con precisión las cifras que sirven de base a las valoraciones.
Los 20.000 millones no han desaparecido
El episodio no demuestra que OpenAI haya sufrido un desplome de su negocio ni que sus ventas hayan caído un 30%. Lo que pone de manifiesto es la importancia de distinguir entre ingresos efectivos, proyecciones anualizadas y ajustes realizados para comparar empresas que no utilizan exactamente los mismos criterios de cálculo.
A finales de septiembre, OpenAI comunicó a sus inversores unos ingresos anualizados cercanos a los 50.000 millones de dólares. La cifra de 70.000 millones que se había difundido previamente respondía a una comparación ajustada con Anthropic, mientras que la previsión de alcanzar o superar ese nivel a finales de 2026 constituye un objetivo futuro, no un resultado ya conseguido.
Para Sam Altman, el reto sigue siendo convertir el crecimiento de ChatGPT y de las herramientas empresariales de OpenAI en ingresos recurrentes capaces de sostener el coste de desarrollar y operar sus modelos. Para sus inversores, la tarea consiste en determinar cuánto de ese crecimiento se traducirá en caja y cuánto capital adicional será necesario para financiarlo.
En una industria que ha construido buena parte de sus valoraciones sobre expectativas de expansión acelerada, la diferencia entre 50.000 y 70.000 millones de dólares no es solo una cuestión de presentación financiera. Es un recordatorio de que, incluso en el negocio de la inteligencia artificial, la metodología utilizada para medir los ingresos puede cambiar la percepción del mercado sobre el crecimiento de una compañía.

