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El mundo ante las urnas: cinco elecciones que pueden cambiar el equilibrio económico global

Brasil, Estados Unidos, Francia, España y Argentina afrontan entre 2026 y 2027 citas electorales que pueden alterar sus modelos económicos y, con ellos, el equilibrio entre Washington, Pekín y Bruselas.

Donald Trump, Estados Unidos. Emmanuel Macron — Francia. Luiz Inácio Lula da Silva — Brasil. Pedro Sánchez — España. Javier Milei — Argentina

Caminar por las grandes ciudades del mundo permite detectar algunos cambios antes incluso de que aparezcan en los grandes informes económicos. Los coches eléctricos chinos ya no son una rareza en Europa; las inversiones estadounidenses se han convertido en una pieza central de la política industrial; los minerales críticos han pasado de los mercados de materias primas a los despachos de los gobiernos; y la energía vuelve a ser, como tantas veces en la historia, una cuestión de seguridad nacional.

Pero hay otro lugar donde se está decidiendo buena parte de ese nuevo orden: las urnas.

Entre octubre de 2026 y 2027, Brasil, Estados Unidos, Francia, España y Argentina celebrarán elecciones que, aunque responderán a problemas nacionales muy distintos, estarán conectadas por una misma transformación: el mundo está dejando atrás la etapa de globalización relativamente previsible que dominó las últimas décadas y entrando en otra marcada por proteccionismo, rivalidad entre potencias, gasto en defensa, energía, deuda pública y competencia por la inversión.

El Fondo Monetario Internacional calcula que la economía mundial crecerá alrededor de un 3,1% en 2026 y un 3,2% en 2027, pero advierte de que la fragmentación geoeconómica, las tensiones comerciales, los precios de las materias primas y los elevados niveles de deuda pueden alterar ese escenario. En ese contexto, estas son las elecciones que merece la pena mirar no solo desde el punto de vista político, sino también desde los mercados, las empresas y la economía mundial.

El calendario: cinco urnas para seguir el nuevo mapa de poder

OrdenPaísElecciónFecha / ventana
1BrasilPresidenciales + legislativas4 octubre 2026 · 2ª vuelta: 25 octubre
2Estados UnidosElecciones legislativas (midterms)3 noviembre 2026
3FranciaPresidencialesAbril-mayo 2027
4EspañaElecciones generalesMáximo agosto 2027
5ArgentinaPresidenciales + legislativas24 octubre 2027

Brasil ya tiene fijado oficialmente su calendario: el primer turno será el 4 de octubre de 2026 y el eventual segundo turno, el 25 de octubre. En esa misma jornada se elegirán también gobernadores, senadores y diputados.

1. Brasil: la elección que puede decidir hacia dónde mira el Sur Global

Luiz Inácio Lula da Silva

Brasil será el primero en mover ficha y probablemente el que mejor resume la transformación del tablero internacional. El 4 de octubre, más de 158 millones de electores estarán llamados a las urnas.

En el centro de la disputa está Luiz Inácio Lula da Silva, que busca un nuevo mandato, frente a una derecha que tiene en Flávio Bolsonaro su principal candidato. La carrera, a menos de un mes de la primera vuelta, está lejos de estar resuelta. Una encuesta de Quaest publicada el 7 de septiembre colocaba a Lula y Flávio Bolsonaro empatados en un hipotético segundo turno, con 41% para cada uno. Es una fotografía que importa mucho más allá de Brasil.

La razón está en la posición del país. Brasil es la mayor economía de América Latina, uno de los grandes productores agrícolas del planeta, una potencia energética y minera y, al mismo tiempo, uno de los principales actores del BRICS.

Su relación con China es especialmente importante. Pekín es un socio comercial fundamental para Brasil y el país latinoamericano tiene en las exportaciones de soja, mineral de hierro, petróleo y otros productos básicos una de sus principales conexiones con la economía asiática. Pero Brasil también necesita a Estados Unidos, Europa y los mercados financieros occidentales.

Ahí aparece la verdadera cuestión de las elecciones: ¿seguirá Brasil intentando jugar con todos los grandes bloques o se inclinará más claramente hacia uno de ellos?

La economía ofrece otra dimensión. El FMI prevé un crecimiento del PIB brasileño del 2,4% en 2026 y del 2,2% en 2027, mientras estima que la inflación podría terminar 2026 en torno al 5,6%, todavía por encima del objetivo del Banco Central. Brasil llega, por tanto, a las urnas con una economía resistente, pero con una discusión fiscal pendiente. El propio FMI reclama un mayor esfuerzo para colocar la deuda pública en una trayectoria descendente y abrir espacio para inversiones prioritarias.

Y aquí aparece el choque entre los dos modelos. Un nuevo Gobierno de Lula significaría, previsiblemente, continuidad en una política de mayor presencia del Estado, inversión pública, programas sociales y búsqueda de autonomía estratégica. Una victoria de la derecha bolsonarista podría introducir una agenda más agresiva de disciplina fiscal y liberalización. Flávio Bolsonaro, por ejemplo, ha planteado un techo de deuda como parte de su programa económico.

Para los mercados internacionales, Brasil no es un detalle. Es una economía que puede afectar a los precios de alimentos, petróleo y minerales, a las cadenas de suministro y a la relación económica entre China y América Latina.

Brasil votará, pero la pregunta que se resolverá allí tendrá una dimensión mucho mayor: qué espacio quiere ocupar el Sur Global en el nuevo enfrentamiento entre las grandes potencias.

2. Estados Unidos: Trump se juega el Congreso y la economía mundial mira de reojo

Donald Trump

Un mes después de Brasil llegará la segunda gran cita. El 3 de noviembre de 2026, Estados Unidos celebrará sus elecciones de mitad de mandato. No son presidenciales, pero sería un error considerarlas una elección menor. Para Donald Trump pueden convertirse en el primer gran examen electoral de su segundo mandato. La batalla determinará el equilibrio de poder en el Congreso y, con él, la capacidad de la Casa Blanca para continuar desarrollando su agenda económica.

Y esa agenda ya ha cambiado el comportamiento de la economía mundial. Aranceles, política industrial, energía, inmigración, fiscalidad y relación con China forman parte de una misma estrategia: utilizar el enorme peso del mercado estadounidense para redefinir las condiciones del comercio internacional.

El problema es que la política económica también tiene un coste. El FMI proyecta para Estados Unidos un crecimiento alrededor del 2,4% en 2026, con un desempleo cercano al 4%, pero también señala que la deuda pública y el déficit siguen siendo elevados. La deuda bruta de las administraciones públicas podría situarse en torno al 126% del PIB en 2026.

Los estadounidenses llegan además a las elecciones preocupados por la economía. Un sondeo de Financial Times publicado esta semana refleja el desgaste de Trump y de los republicanos en un contexto en el que la percepción económica está pesando sobre la aprobación presidencial. La importancia internacional de las midterms está precisamente ahí.

Si los demócratas recuperan una o ambas cámaras, Trump podría encontrar más obstáculos para desarrollar su agenda. Si los republicanos mantienen el control, la Administración tendría más margen para profundizar en su política comercial, fiscal e industrial. Eso afecta a Europa. Afecta a China. Afecta a México. Afecta a las empresas que producen fuera de Estados Unidos.

Y afecta especialmente a los mercados financieros porque Estados Unidos sigue siendo el centro del sistema monetario internacional. Por eso las midterms de 2026 serán, en cierta manera, un referéndum sobre la capacidad de Trump para convertir su política económica en una estrategia de largo plazo.

3. Francia: la elección que puede cambiar Europa

Emmanuel Macron

Si Brasil abre el ciclo y Estados Unidos lo amplía, Francia será probablemente la elección más importante de 2027 para Europa.

Emmanuel Macron no puede optar a un tercer mandato consecutivo y Francia tendrá que elegir a su sucesor en la primavera de 2027. La fecha exacta todavía deberá ser formalizada por decreto electoral. Pero la carrera ya ha comenzado.

Marine Le Pen, Jordan Bardella, Édouard Philippe, Gabriel Attal, Jean-Luc Mélenchon y Raphaël Glucksmann, entre otros nombres, forman parte de una competición todavía abierta y con una izquierda y un centro muy fragmentados. Las encuestas actuales muestran una posición especialmente fuerte del Reagrupamiento Nacional. En distintos escenarios, Marine Le Pen o Jordan Bardella aparecen en cabeza, mientras que Philippe se mantiene como uno de los principales candidatos del espacio moderado.

Pero reducir las elecciones francesas a la posibilidad de una victoria de la extrema derecha sería quedarse en la superficie. Francia tiene un problema económico mucho más estructural.

El FMI prevé que la economía crezca apenas un 0,6% en 2026, frente al 0,9% de 2025, y calcula un déficit público equivalente al 5,2% del PIB. Para 2027 espera una ligera recuperación hasta el 0,9%. El país tiene que hacer algo especialmente complicado: reducir el déficit al mismo tiempo que aumenta el gasto en defensa y mantiene un Estado del bienestar de enormes dimensiones.

La elección será, por tanto, económica antes incluso de ser ideológica. Una Francia gobernada por una derecha nacionalista tendría consecuencias sobre la política fiscal europea, la relación con Alemania, la inmigración, el mercado único y la política de defensa. Una Francia más centrista intentaría probablemente mantener el eje franco-alemán y el proyecto europeo, aunque con una presión creciente para que Bruselas gaste más en defensa y proteja su industria. Y una victoria de la izquierda radical abriría otro escenario completamente distinto. Por eso París importa tanto.

Francia no es solo Francia: es una de las dos grandes columnas políticas de la Unión Europea. Si cambia París, cambia la conversación en Bruselas.

4. España: la economía que crece mientras la política se fragmenta

Pedro Sánchez

España llegará a las urnas después de Francia, salvo adelanto electoral. Las próximas elecciones generales deberán celebrarse, como máximo, el 22 de agosto de 2027. El escenario enfrenta, en principio, al PSOE de Pedro Sánchez con el PP de Alberto Núñez Feijóo y un Vox liderado por Santiago Abascal que aspira a aumentar su peso parlamentario. Y España ofrece un contraste interesante con Francia.

Mientras Francia afronta un crecimiento muy débil, España continúa siendo una de las economías grandes de Europa que más crece. El FMI proyecta un crecimiento del 2,1% en 2026 y del 1,8% en 2027, aunque también prevé que la inflación termine 2026 alrededor del 3%. La inversión seguirá beneficiándose de los fondos europeos y la construcción residencial debería ganar peso.

Pero la buena evolución macroeconómica no elimina los problemas estructurales.

Vivienda, productividad, empleo, déficit, deuda, inmigración y energía estarán en el centro de la próxima campaña. Y hay otro elemento: España puede convertirse en una pieza importante del debate europeo sobre el giro político hacia la derecha.

El último barómetro de 40dB. publicado esta semana sitúa al PP en el 32,4% y a Vox en el 17,8%, frente al 27,6% del PSOE, con el bloque PP-Vox superando el 50% de la estimación de voto en ese sondeo.

Es demasiado pronto para convertir esa fotografía en una predicción electoral. Pero sí sirve para entender el problema. España puede pasar de un Gobierno de izquierdas a uno de derechas, pero el verdadero interrogante será qué tipo de derecha y con qué programa económico.

Una alianza PP-Vox podría modificar la política fiscal, energética, laboral y migratoria, además de la relación con Bruselas. Para las empresas, el debate será menos ideológico de lo que parece: impuestos, coste de la vivienda, energía, inversión extranjera, regulación y capacidad para ejecutar los fondos europeos.

España es, por tanto, una elección nacional con una dimensión europea cada vez mayor.

5. Argentina: el gran laboratorio económico llega a su examen definitivo

Javier Milei

Y entonces aparece Argentina.

El país llegará a las elecciones presidenciales de 2027 con una pregunta que interesa mucho más allá de Buenos Aires: ¿puede funcionar durante varios años el experimento económico de Javier Milei? Las elecciones generales están previstas para el 24 de octubre de 2027 y Milei aspira a un segundo mandato.

Su Gobierno ha construido uno de los experimentos económicos más radicales de las últimas décadas: ajuste fiscal, reducción del peso del Estado, desregulación, reformas promercado y una estrategia de estabilización monetaria que ha cambiado profundamente la economía argentina.

Argentina vive una suerte de bipolaridad económica y política. En las calles de Buenos Aires, muchos pequeños comercios muestran una actividad contenida, mientras las grandes cadenas y determinados sectores vinculados a la inversión y la exportación mantienen un ritmo muy distinto. La fractura no es únicamente económica: también atraviesa a una sociedad profundamente dividida en torno al proyecto de Javier Milei. Para una parte de los argentinos, las formas y algunas de las decisiones del presidente están lejos de representar el país que quieren; para buena parte del empresariado, en cambio, Milei ha conseguido algo que parecía difícil de recuperar: devolver la economía al centro de la conversación y colocar a Argentina de nuevo en el radar de los inversores.

El punto de encuentro, sin embargo, aparece en una cuestión que genera inquietud en sectores muy distintos de la sociedad: el debate sobre la apertura del territorio y de los recursos naturales argentinos al capital extranjero. Las propuestas y reformas que facilitan la participación de inversores internacionales en grandes proyectos de tierras, energía y minería han alimentado el temor de quienes consideran que el país podría terminar cediendo parte de sus activos estratégicos a capital extranjero.

El resultado todavía está en disputa. El FMI proyecta para Argentina un crecimiento del 3,5% en 2026, apoyado por la inversión privada, las exportaciones y la recuperación de sectores como energía y minería. También espera que la inflación de final de año se sitúe alrededor del 25%, frente al 31,5% registrado a finales de 2025. La economía real será decisiva: salarios, empleo, consumo, acceso al crédito y percepción de bienestar. Y aquí está el riesgo político.

Eso demuestra algo importante: Argentina todavía no ha decidido si quiere convertir el experimento Milei en un modelo de largo plazo.

La decisión será seguida de cerca por inversores internacionales. Porque Argentina tiene algo que el mundo necesita: energía, litio, minerales, agricultura y enormes recursos naturales. Si el modelo fracasa políticamente, el péndulo argentino podría volver a moverse.

Cinco elecciones, una misma batalla

Vistas por separado, estas elecciones parecen tener poco en común.

Brasil discutirá su relación con China y Estados Unidos. Estados Unidos decidirá cuánto margen conserva Trump. Francia debatirá el futuro de Europa. España discutirá su modelo político dentro de la Unión Europea. Argentina votará sobre el experimento de Milei. Pero juntas cuentan una historia diferente.

La economía mundial está entrando en una etapa en la que las decisiones políticas nacionales tienen consecuencias internacionales mucho más rápidas.

Una subida de aranceles en Washington afecta a una fábrica alemana. Una elección en París cambia las expectativas sobre el euro. Una decisión de Brasil sobre sus exportaciones puede alterar mercados de materias primas. Un cambio de Gobierno en Madrid modifica la posición de España sobre energía, defensa o inmigración. Y una estabilización en Argentina puede atraer capital hacia minerales, energía y agricultura. El mundo, además, tiene cada vez menos margen para equivocarse.

El FMI advierte de que el crecimiento mundial seguirá siendo moderado y que la deuda pública elevada, las tensiones comerciales y la fragmentación geopolítica constituyen riesgos importantes. Por eso las elecciones de 2026 y 2027 no deberían observarse únicamente desde los resultados electorales.

La verdadera pregunta está detrás.

¿Quién controlará las cadenas de suministro? ¿Quién tendrá acceso a energía y minerales críticos? ¿Qué países se acercarán a Washington? ¿Cuáles reforzarán sus vínculos con Pekín? ¿Hasta dónde llegará Europa en su política de defensa? ¿Y cuántos Gobiernos estarán dispuestos a pagar el coste político de reducir sus déficits?

Brasil, Estados Unidos, Francia, España y Argentina responderán a esas preguntas de formas diferentes. Pero el resultado conjunto puede terminar dibujando algo mucho más grande que cinco Gobiernos. Puede empezar a definir el mapa económico de la próxima década.

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