Hay trabajos que no dejan espacio para detenerse y maternidades que tampoco entienden de horarios. Encontrar el equilibrio entre estar al frente de una de las responsabilidades más exigentes y, al mismo tiempo, ser la madre presente que una quiere para sus hijos no siempre es posible. Karoline Leavitt (Nuevo Hampshire, Estados Unidos, 29 años) ha decidido esta vez poner a su familia por delante.
La portavoz más joven que ha ocupado el atril de la Casa Blanca, dejará a finales de agosto el puesto que la convirtió en uno de los rostros más reconocibles de la segunda presidencia de Donald Trump. Con solo 29 años, Leavitt pone fin a su etapa como secretaria de prensa para dedicar más tiempo a sus dos hijos pequeños, una decisión que llega después de regresar recientemente de su baja maternal y que abre un nuevo capítulo en una carrera política que, hasta ahora, ha avanzado a una velocidad poco habitual. Leavitt deja el cargo a finales de agosto.
La salida no supone su alejamiento de la política ni del entorno del presidente. Trump ha anunciado que continuará como una de sus asesoras externas de confianza, manteniendo así su influencia dentro del Partido Republicano aunque ya no ocupe cada día el lugar desde el que durante el último año y medio se enfrentó a los periodistas de la Casa Blanca.
La decisión tiene un motivo muy personal. Leavitt y su marido, el empresario inmobiliario Nicholas Riccio, tienen dos hijos: Niko, que cumplió dos años en julio de 2026, y Viviana, nacida el pasado mes de mayo. Sus dos hijos son el motivo de su decisión, después de que la llegada de su segunda hija le hiciera replantearse el ritmo de una responsabilidad que exige estar permanentemente pendiente de la actualidad.
«Ser madre y dar la bienvenida a un nuevo bebé mientras trabajo en uno de los empleos más exigentes del mundo ha sido la etapa más gratificante y a la vez más desafiante de mi vida», explicó Leavitt al comunicar su decisión. Tras su regreso a la Casa Blanca después del nacimiento de Viviana, reconoció que había comenzado a sentir que no podía ofrecer a sus dos hijos pequeños la dedicación que quería mientras desempeñaba un cargo que requiere prácticamente una disponibilidad constante. La maternidad ha cambiado sus prioridades.
La maternidad se ha cruzado así con una trayectoria política que comenzó mucho antes de que Leavitt llegara a Washington. Nacida en 1997 en New Hampshire, creció en una familia católica vinculada a pequeños negocios. Durante su juventud ayudó en la heladería familiar, una experiencia que posteriormente ha relacionado con la importancia del esfuerzo y el trabajo desde una edad temprana.
Su camino hacia la política comenzó en Saint Anselm College, una universidad de su estado natal donde estudió Comunicación y Ciencias Políticas. Allí empezó a acercarse al mundo de la comunicación política y también descubrió una faceta que terminaría siendo fundamental en su carrera, su facilidad ante las cámaras.
Después de realizar prácticas en Fox News, Leavitt dio el salto a la primera Administración de Trump. Comenzó trabajando como redactora presidencial y posteriormente pasó a formar parte del equipo de Kayleigh McEnany, entonces secretaria de prensa de la Casa Blanca. Así comenzó su relación profesional con Trump, una conexión que terminaría siendo determinante en su carrera.
Cuando Trump abandonó la presidencia en 2021, Leavitt no desapareció del escenario político. Pasó a trabajar como directora de comunicación de la congresista republicana Elise Stefanik, pero poco después decidió dar un paso más y presentarse ella misma como candidata al Congreso por New Hampshire. A los 25 años decidió probar suerte en las urnas.
En 2022 ganó las primarias republicanas y se convirtió en la candidata del partido, aunque terminó perdiendo las elecciones frente al demócrata Chris Pappas. La derrota no frenó su ascenso político. Para entonces, Leavitt ya había conseguido llamar la atención del entorno de Trump y su regreso al círculo del expresidente estaba cada vez más cerca.
La campaña presidencial de 2024
La oportunidad llegó durante la campaña presidencial de 2024. Leavitt se convirtió en una de las portavoces de Trump y fue ganando protagonismo como una de las voces más eficaces para defender al candidato en televisión. Su papel en la campaña volvió a acercarla a Trump, que acabaría confiándole una de las posiciones más visibles de su nueva Administración.
Cuando Trump ganó las elecciones y regresó a la Casa Blanca, la elección de su nueva secretaria de prensa confirmó hasta qué punto había depositado su confianza en ella. Con 27 años se convirtió en la secretaria de prensa más joven de la historia.
Desde el atril de la sala James S. Brady construyó una imagen propia. Sus comparecencias se caracterizaron por las respuestas rápidas, los cruces con algunos periodistas y una defensa especialmente combativa de las posiciones de la Administración. También introdujo cambios en la propia sala de prensa, dando mayor presencia a podcasters, influencers y medios digitales. Su estilo rompió con la tradición de la sala de prensa.
Su vida familiar
Pero detrás de la figura política que se convirtió en habitual de las televisiones estadounidenses había también una vida familiar que crecía a un ritmo parecido al de su carrera. Leavitt se casó con Nicholas Riccio, un empresario inmobiliario de New Hampshire 32 años mayor que ella. Su matrimonio también ha despertado curiosidad por la diferencia de edad, aunque ambos han mantenido su relación en buena parte alejada de los focos.
En julio de 2024 llegó su primer hijo, Niko, en pleno año electoral. El nacimiento coincidió con una campaña presidencial especialmente intensa y, pocos días después del atentado contra Trump en Butler, Pensilvania, Leavitt regresó a la actividad pública. Su primera maternidad coincidió con uno de los momentos más intensos de su carrera.
En mayo de 2026 nació Viviana, su segunda hija. Tras disfrutar de su baja maternal, Leavitt regresó a la Casa Blanca, pero la experiencia de compaginar de nuevo la maternidad con uno de los puestos de mayor exposición de Washington terminó llevándola a tomar una decisión diferente. Esta vez ha decidido priorizar el tiempo con sus hijos.
Ahora, dos años después del nacimiento de su primer hijo, la historia toma otro rumbo. La llegada de Viviana ha hecho que Leavitt decida detener, al menos parcialmente, una carrera construida a contrarreloj. No abandona la política, sino que cambia su papel.
A finales de agosto dejará atrás el atril que la convirtió en la secretaria de prensa más joven de la historia de Estados Unidos. En su lugar quedará una nueva portavoz todavía por determinar, mientras Leavitt conservará un papel cercano al presidente. En casa la esperan Niko y Viviana, mientras ella abre un nuevo capítulo de una carrera que, con solo 29 años, todavía parece tener muchos capítulos por delante.

