Durante años, cuando se hablaba de América Latina y el Caribe, todo se centraba en lo que podría llegar a ser. Hoy el discurso es bien distinto. Y hablamos de una región que forma parte de las respuestas a algunos de los grandes asuntos que están definiendo la economía mundial. Hablamos de energía, de seguridad alimentaria, de minerales críticos, de digitalización, de sostenibilidad, de talento y también de una región que aspira legítimamente a ocupar un espacio cada vez más relevante en los flujos de inversión y en la toma de decisiones internacionales.
Iberoamérica no debe contemplar los cambios que se están produciendo en el mundo desde la barrera, debe ser protagonista. Y para lograrlo, la clave está en trabajar juntos: gobiernos, instituciones, empresas, academia y sociedad civil y tantas instituciones que trabajan bajo ese paradigma: lo iberoamericano.
Ninguna transformación importante será posible sin inversión y no habrá inversión suficiente sin empresas. “Las empresas no son el problema sino una parte esencial de la solución”, como recuerda siempre el presidente de CEOE y de CEIB, Antonio Garamendi.
Lo son cuando generan empleo, cuando innovan, cuando forman talento, cuando internacionalizan nuestras economías y también cuando contribuyen a construir sociedades más prósperas y cohesionadas.
Por eso quiero destacar especialmente el valor de este diálogo. Porque cuando representantes públicos y privados comparten una misma mesa para hablar de competitividad, de integración, de crecimiento y de desarrollo, se generan las condiciones necesarias para avanzar. Y ese es precisamente el espíritu que inspira el proyecto iberoamericano: un proyecto que ha demostrado a lo largo de los años que la cooperación sigue siendo una herramienta extraordinariamente útil para afrontar desafíos comunes.
Madrid 2026: una oportunidad para transformar el potencial en liderazgo
Debemos reflexionar sobre todo esto en el camino que nos lleva a la gran cita de este año: la XXX Cumbre Iberoamericana de Jefes y Jefas de Estado y de Gobierno que celebraremos el próximo mes de noviembre en Madrid.
Una Cumbre que llega en un momento especialmente significativo. No sólo por el contexto internacional, sino también porque ofrece una oportunidad extraordinaria para reforzar el proyecto iberoamericano y proyectarlo hacia el futuro.
Desde CEOE y CEIB estamos trabajando desde hace tiempo con esa convicción. Y lo hacemos porque creemos firmemente en el valor de este espacio común que hemos construido entre todos. Un espacio que conecta a más de seiscientos millones de ciudadanos, que comparte historia, cultura y lenguas, pero que, sobre todo, comparte intereses y oportunidades. Por ejemplo, hoy el español lo hablan más de 500 millones de personas en el mundo con un poder de compra equivalente al 9 % del PIB mundial, convirtiéndose así en un auténtico motor económico.
Por todo ello, el decimosexto Encuentro Empresarial Iberoamericano que celebraremos en el marco de la cumbre junto a la Secretaría General Iberoamericana, SEGIB, tendrá una relevancia muy especial. Queremos que sea mucho más que una cita empresarial exitosa. Queremos que sea el gran punto de encuentro entre los jefes de Estado y de Gobierno y quienes generan cada día actividad económica, empleo e inversión. Queremos que sea un espacio de propuestas, de colaboración, de compromisos, y de toma de decisiones.
Porque el crecimiento económico, la transformación productiva, la digitalización, la sostenibilidad o la integración regional no son objetivos que puedan alcanzarse desde un único ámbito. Requieren diálogo, cooperación y una alianza sólida entre el sector público y el sector privado.
Iberoamérica: la fuerza de construir juntos
En línea con todo esto, me gustaría trasladar tres mensajes que considero fundamentales:
Cuando los gobiernos entienden que el sector privado es esencial en el futuro y en el día a día, y trabajan en consonancia, el país avanza. Cuando se reconoce a las organizaciones empresariales como los interlocutores legítimos, el diálogo mejora. Y cuando se apuesta por un entorno favorable a la inversión, se fortalece el empleo, la productividad y el bienestar.
La colaboración y la acción público-privada no es una opción, es una necesidad. Y es también una de las grandes fortalezas de nuestra comunidad.
Iberoamérica cuenta con ventajas que la hacen única. Dispone de empresas competitivas, de talento, de recursos estratégicos, de capacidad de innovación y de lo que considero más importante: la voluntad de colaborar y avanzar unidos.
Como afirmaba Rebeca Grynspan, candidata a la Secretaría General de Naciones Unidas, “Iberoamérica es un espacio de construcción y de acuerdos, de diálogo y de entendimiento y, sobre todo, un espacio multiactor, en el que se tiene en cuenta a los empresarios, a los gobiernos nacionales y locales, a la ciudadanía y a las organizaciones civiles”.
Nos esperan meses de intenso trabajo, pero también meses llenos de oportunidades. Estoy convencido de que nos reencontraremos en noviembre con la misma ambición e ilusión que encontramos en cada actividad empresarial que organizamos, con más propuestas e iniciativas, y con la determinación de seguir construyendo una Iberoamérica más integrada y competitiva, para que su voz cada vez sea más escuchada en todo el mundo.

