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El cálculo que desconcierta a EE.UU.: tener un hijo en España puede salir mucho más barato

Un análisis compara el coste aproximado de tener un hijo en Estados Unidos y en España, incluyendo hospital, vuelos, alojamiento y otros gastos.

La enorme diferencia entre el coste aproximado de un parto en Estados Unidos y en España ha convertido al turismo sanitario en un fenómeno cada vez más analizado por expertos y familias.

Hay preguntas que parecen una exageración hasta que uno se sienta con una calculadora. ¿Puede resultar más barato comprar dos billetes de avión entre Estados Unidos y España, alquilar una vivienda durante varias semanas y dar a luz en un hospital privado español que hacerlo en un hospital estadounidense?

A primera vista parece imposible. Sin embargo, cuando se analizan las cifras, la respuesta sorprende incluso a muchos economistas especializados en sanidad.

Estados Unidos continúa siendo el país desarrollado donde tener un hijo resulta más caro. España, en cambio, mantiene uno de los sistemas sanitarios con mejores resultados clínicos del mundo y, además, unos costes hospitalarios privados considerablemente inferiores a los estadounidenses. Esa diferencia ha alimentado en los últimos años un fenómeno cada vez más conocido: el turismo médico, es decir, pacientes que viajan a otro país para someterse a tratamientos sanitarios buscando una mejor relación entre calidad y precio.

En el caso de la maternidad, el ahorro potencial puede ser especialmente llamativo.

Este reportaje compara, mediante estimaciones aproximadas recopiladas para este análisis, cuánto puede costar un parto en ambos países teniendo en cuenta no solo el hospital, sino también vuelos, alojamiento, manutención y otros gastos asociados. Porque el verdadero coste de traer un hijo al mundo no empieza cuando se cruza la puerta del paritorio.

La factura de tener un hijo en Estados Unidos

El nacimiento de un bebé supone uno de los mayores desembolsos que afrontan muchas familias estadounidenses.

Aunque disponer de un buen seguro médico reduce considerablemente la factura final, millones de personas continúan soportando importantes gastos de bolsillo entre franquicias, copagos y servicios no cubiertos. La situación cambia radicalmente para quienes no cuentan con una póliza completa o reciben atención fuera de su red sanitaria.

Las estimaciones recopiladas para este análisis sitúan el coste aproximado de un parto vaginal sin seguro entre 15.000 y 31.000 dólares, mientras que una cesárea puede elevar la factura hasta una horquilla de 29.000 a 44.000 dólares. Si durante el nacimiento surgen complicaciones y el recién nacido necesita ingresar en una Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales (UCIN), el coste puede incrementarse varios miles de dólares adicionales por cada día de hospitalización.

Pero el parto representa únicamente una parte del gasto.

A esa factura hay que añadir consultas ginecológicas, ecografías, pruebas diagnósticas, analíticas, vitaminas prenatales, anestesia epidural —que en muchos hospitales estadounidenses se factura como un servicio independiente—, pediatría, estancia hospitalaria y controles posteriores.

El resultado es que el nacimiento de un hijo puede convertirse en una de las mayores facturas médicas que afronta una familia estadounidense antes incluso de empezar a comprar pañales.

España: sanidad privada con precios muy diferentes

Frente a esa realidad, España presenta un escenario completamente distinto.

Aunque los ciudadanos extranjeros que viajan expresamente para dar a luz no tienen acceso automático a la sanidad pública gratuita, la oferta privada española mantiene precios muy competitivos en comparación con Estados Unidos.

Los paquetes de maternidad que ofrecen hospitales privados suelen incluir el seguimiento del embarazo en su fase final, el parto, la estancia hospitalaria y buena parte de la atención posterior.

Las estimaciones recopiladas para este reportaje sitúan el precio aproximado de un parto vaginal entre 3.200 y 4.850 euros, mientras que una cesárea suele oscilar entre 4.300 y 6.500 euros. En muchos casos la anestesia epidural ya forma parte del paquete contratado, aunque cuando se factura de manera independiente puede situarse entre 600 y 1.000 euros.

También existe la opción del parto en domicilio con matrona privada, cuyo coste suele situarse alrededor de 2.500 a 3.500 euros, aunque se trata de una modalidad minoritaria y con criterios médicos muy específicos.

Además del precio, existe otra diferencia significativa.

Mientras en Estados Unidos numerosos conceptos aparecen desglosados en la factura final, muchos hospitales privados españoles comercializan paquetes cerrados que incluyen habitación individual, atención obstétrica, asistencia pediátrica inicial, material para el recién nacido y asesoramiento en lactancia durante el ingreso.

¿Qué incluye realmente un hospital privado español?

Uno de los aspectos que más llama la atención cuando se comparan ambos modelos sanitarios es la diferencia en los servicios incluidos.

Según las estimaciones recopiladas para este análisis, la mayoría de hospitales privados españoles ofrecen habitaciones individuales con baño, sofá cama para el acompañante, alimentación adaptada al posparto para la madre, pañales y productos básicos para el recién nacido, compresas específicas, asesoramiento en lactancia e incluso pequeños kits de bienvenida para el bebé.

La estancia media también resulta relativamente reducida.

Un parto vaginal suele requerir alrededor de 48 horas de ingreso, mientras que una cesárea acostumbra a prolongarse entre tres y cuatro días, siempre que no existan complicaciones clínicas.

En caso de necesitar noches adicionales, las tarifas aproximadas pueden situarse entre 300 y 500 euros por día, cifras todavía muy alejadas de las que suelen encontrarse en hospitales estadounidenses.

El cálculo Forbes: cuánto costaría realmente viajar desde Estados Unidos

Ahora llega la gran pregunta. Porque comparar únicamente el precio del hospital sería hacer trampas. Una mujer embarazada no puede decidir coger un vuelo el día antes del parto. La mayoría de aerolíneas limitan los viajes a partir de las semanas finales del embarazo, por lo que una familia estadounidense debería instalarse en España varias semanas antes de la fecha prevista de nacimiento y permanecer un tiempo adicional mientras completa los trámites del bebé.

Eso significa sumar muchas más variables.

Según las estimaciones recopiladas, dos billetes de ida y vuelta entre Estados Unidos y España pueden costar entre 800 y 2.400 dólares, dependiendo del origen y de la época del año. El alquiler temporal de una vivienda durante aproximadamente dos meses y medio puede situarse entre 2.500 y 5.500 dólares, mientras que la manutención para dos personas rondaría entre 2.000 y 3.000 dólares durante toda la estancia.

A esa cifra habría que añadir el coste del hospital privado, los seguros de viaje, pequeños gastos administrativos y la documentación del recién nacido. Y aun así, las cuentas continúan sorprendiendo.

Cuando el ahorro puede superar los 20.000 dólares

Si se suman todos los conceptos, el resultado cambia por completo la percepción inicial.

Tomando como referencia un embarazo sin complicaciones, un parto vaginal en un hospital privado español, los vuelos internacionales, el alquiler de una vivienda durante unas diez semanas, la manutención y los trámites posteriores al nacimiento, el desembolso total puede situarse alrededor de 13.000-15.000 dólares, según las estimaciones recopiladas para este análisis.

En cambio, una familia estadounidense sin una cobertura sanitaria amplia puede afrontar facturas cercanas a los 30.000 dólares por un parto vaginal y superiores a 40.000 dólares si finalmente es necesaria una cesárea.

La diferencia, en algunos escenarios, supera los 20.000 dólares.

No significa que todas las familias estadounidenses deban plantearse viajar a España para tener un hijo, pero sí refleja hasta qué punto dos países desarrollados ofrecen realidades completamente distintas para un mismo acontecimiento.

¿Y si el parto termina en cesárea?

La distancia económica se amplía todavía más cuando el nacimiento requiere una intervención quirúrgica.

Las estimaciones recopiladas sitúan el coste de una cesárea en Estados Unidos entre 29.000 y 44.000 dólares, mientras que en España los hospitales privados suelen ofrecer este procedimiento dentro de paquetes cuyo precio oscila entre 4.300 y 6.500 euros, incluyendo varios días de ingreso hospitalario.

En ambos países el tiempo de hospitalización aumenta respecto a un parto vaginal, pero el modelo de facturación vuelve a marcar la diferencia.

Mientras que en España el precio suele presentarse como un paquete integral, en Estados Unidos es habitual que conceptos como el quirófano, el anestesista, la medicación, el uso del material quirúrgico o incluso parte de la estancia hospitalaria aparezcan desglosados en la factura final.

El mayor riesgo económico llega cuando aparecen complicaciones neonatales.

Las estimaciones utilizadas para este reportaje apuntan que un solo día en una Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales (UCIN) puede costar entre 3.000 y 10.000 dólares en Estados Unidos, mientras que las tarifas privadas españolas se sitúan muy por debajo de esas cifras.

Lo que casi nadie calcula

Sin embargo, pensar únicamente en el precio del hospital sería simplificar demasiado la operación.

Una familia estadounidense que decida trasladarse a España también debe asumir otros gastos que rara vez aparecen en los titulares.

Después del nacimiento será necesario tramitar el Consular Report of Birth Abroad (CRBA) y el pasaporte estadounidense del bebé en la Embajada o el Consulado de Estados Unidos en España, además de asumir pequeñas tasas administrativas, fotografías oficiales y, en algunos casos, traducciones juradas de la documentación.

También conviene contratar un seguro internacional que cubra posibles incidencias médicas no relacionadas directamente con el embarazo, así como contemplar el impacto del tipo de cambio entre el dólar y el euro o las posibles comisiones bancarias derivadas de los pagos internacionales.

Existe además un coste menos visible, pero igual de importante: el laboral.

No todas las familias pueden teletrabajar desde España durante dos o tres meses. Para algunos futuros padres, desplazarse implicaría solicitar permisos sin sueldo o incluso renunciar temporalmente a parte de sus ingresos, un factor que puede alterar completamente la rentabilidad económica del viaje.

El seguro médico cambia completamente las cuentas

Hay otro elemento decisivo. No todos los estadounidenses pagan las mismas facturas.

Quienes cuentan con un seguro médico de alta cobertura suelen tener un gasto máximo de bolsillo muy inferior al coste real del parto. En muchos casos, el desembolso final puede situarse entre 2.000 y 4.000 dólares, dependiendo de la póliza contratada y de la red hospitalaria utilizada.

En ese escenario, viajar a España deja prácticamente de tener sentido desde un punto de vista financiero.

Por eso, este fenómeno afecta principalmente a trabajadores autónomos, familias con seguros limitados, personas sin cobertura sanitaria suficiente o estadounidenses que deben afrontar la factura completa del hospital.

España no está sola: los países donde tener un hijo también cuesta una fortuna

Estados Unidos encabeza prácticamente todos los análisis internacionales sobre el elevado coste de la maternidad. Sin embargo, no es el único país donde dar a luz puede convertirse en un importante desafío económico.

En Suiza, los precios de la sanidad privada figuran entre los más elevados del continente europeo y una estancia hospitalaria puede alcanzar cifras muy superiores a las de España.

Singapur, considerado uno de los sistemas sanitarios más avanzados de Asia, también presenta costes elevados para pacientes privados, especialmente en hospitales internacionales.

En Australia, quienes recurren a la sanidad privada pueden asumir facturas considerables si no disponen de una póliza amplia, mientras que en el Reino Unido los hospitales privados ofrecen servicios de maternidad cuyos precios multiplican los de muchos centros españoles.

Frente a ellos, España continúa apareciendo como uno de los destinos más competitivos de Europa para la atención sanitaria privada gracias a una combinación de calidad asistencial, profesionales altamente cualificados y costes significativamente más contenidos.

No es casualidad que el país se haya consolidado durante los últimos años como uno de los grandes referentes europeos del turismo sanitario, especialmente en áreas como la reproducción asistida, la cirugía estética, la odontología o los tratamientos oncológicos.

Más que un viaje, una radiografía de dos modelos sanitarios

El verdadero interés de esta comparación no reside únicamente en determinar dónde resulta más barato tener un hijo. La diferencia de precios pone frente al espejo dos formas completamente distintas de entender la sanidad.

En Estados Unidos, la atención médica continúa estrechamente vinculada al mercado asegurador y a un sistema donde cada servicio genera una factura independiente.

España, incluso en el ámbito privado, mantiene unos costes mucho más contenidos gracias a una estructura sanitaria diferente y a un modelo asistencial donde buena parte de los servicios se ofrecen mediante paquetes integrados.

La comparación también evidencia hasta qué punto el lugar donde nace un bebé puede condicionar la economía familiar desde el primer día de vida.

El cálculo que explica mucho más que el precio de un parto

Al final, la gran conclusión de este análisis no es que miles de estadounidenses deban hacer las maletas para cruzar el Atlántico antes del nacimiento de sus hijos. La verdadera reflexión es otra.

Cuando una familia puede llegar a plantearse recorrer más de 6.000 kilómetros, vivir durante varias semanas en otro país, pagar vuelos, alquiler, alimentación y un hospital privado y, aun así, gastar menos dinero que quedándose en casa, el debate deja de girar en torno al turismo sanitario.

Pasa a convertirse en una pregunta mucho más profunda sobre el coste de la sanidad, el acceso a la maternidad y las enormes diferencias económicas que todavía separan a dos de las grandes economías occidentales.

Porque, a veces, el dato más sorprendente no es cuánto cuesta un billete de avión. Es descubrir que, en determinados casos, el viaje puede ser la parte más barata de toda la historia.

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