A pesar de los números rojos, la cifra de negocios del grupo se elevó un 7,8% en la primera mitad del ejercicio, alcanzando los 19.887 millones de euros frente a los 18.449 millones del año anterior.
Esta progresión estuvo impulsada por la fortaleza del segundo trimestre, periodo en el que la facturación ascendió a 11.141 millones de euros gracias a la solidez de la demanda en los segmentos premium y al repunte de la división de carga (Lufthansa Cargo).
Por su parte, el resultado bruto de explotación (Ebitda) ajustado se situó en 1.043 millones de euros hasta junio, lo que representa una caída del 22,4% en comparación con los 1.344 millones reportados en la primera mitad del año pasado.
Las cuentas semestrales se vieron fuertemente lastradas por un sobrecoste del combustible de 750 millones de euros –derivado de la volatilidad en Oriente Próximo– y un impacto directo de entre 150 y 200 millones a causa de las huelgas de primavera.
No obstante, el deterioro se vio atenuado parcialmente entre abril y junio, trimestre en el que la compañía logró mantenerse en beneficios netos con 123 millones de euros, si bien la cifra supone una contracción del 87,7% respecto a los 1.000 millones logrados en dicho periodo de 2025.
De cara al cierre del ejercicio 2026, la directiva encabezada por Carsten Spohr anticipa un resultado neto de explotación (Ebit) ajustado de entre 1.700 y 2.200 millones de euros. La aerolínea sustenta sus previsiones en una posición de liquidez de 10.700 millones de euros y en la aplicación de un plan de contención de costes.
Los títulos de Lufthansa encajaron la presentación de resultados con un pronunciado castigo en la Bolsa de Fráncfort, desplomándose un 12,52% durante la jornada hasta situarse en los 8,081 euros por acción tras el deterioro de sus márgenes operativos.

