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Regina Revilla, la mujer que puso los cimientos de uno de los sectores con mayor peso económico y científico de España

Cuando comenzó su andadura profesional, una farmacéutica tuvo que modificar sus estatutos para poder contratar a una mujer casada. Medio siglo después, puede presumir de haber sido impulsora de la modernización científica, tecnológica y sanitaria de España. Entre sus éxitos, destaca su participación en la Ley de la Ciencia, en la creación del Centro Nacional de Biotecnología o la Agencia Europea del Medicamento

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Regina Revilla, presidenta de la Fundación Carmen y Severo Ochoa | Foto cedida

Regina Revilla estudió Farmacia por recomendación de su padre. «Él pensaba que era la mejor carrera para una mujer», recuerda . El primer año descubrió que se trataba de una carrera muy exigente, pero se esforzó. Según reconoce, se inspiró en un poema de Pessoa que dice así: «Para ser grande, sé íntegro: nada tuyo exageres o excluyas. Sé todo en cada cosa. Pon cuanto eres en lo mínimo que hagas». Así, en junio de 1968 terminó Farmacia como número uno de su promoción y obtuvo el Premio Extraordinario de Licenciatura. Aquellos resultados parecían abrirle todas las puertas. Nada más lejos de la realidad.

Tras dedicar los años posteriores a la investigación en Farmacocinética en la Universidad de Lovaina, volvió a España para trabajar en el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (Ciemat). Y, en 1974, consiguió el puesto con el que había soñado: crear y dirigir un departamento de investigación farmacocinética en un laboratorio farmacéutico. Reunía la formación, el talento y el perfil profesional que buscaba la empresa. Sin embargo, existía un obstáculo inesperado: sus estatutos no contemplaban la posibilidad de contratar mujeres casadas. La compañía no quiso renunciar a su talento y valía. Prefirió cambiar los estatutos.

Aquel episodio, que hoy parece difícil de imaginar, refleja hasta qué punto la carrera profesional de muchas mujeres de aquella generación comenzó derribando barreras. En el caso de Revilla, aquella sería solo la primera de muchas. Su trayectoria ha estado marcada por conquistar espacios hasta entonces vedados a las mujeres o por apoyar el talento femenino y ayudar a otras mujeres a desarrollar sus sueños profesionales tanto desde la empresa privada como desde la Administración. De hecho, ha sido la primera mujer en ocupar cargos directivos en los Ministerios de Industria, Sanidad y Agricultura; y desde ahí, impulsó el nombramiento de mujeres de enorme talento.

También ha participado en la modernización de la regulación farmacéutica mediante la transposición de cerca de una treintena de directivas, ha contribuido en la creación del Plan de Fomento de la Investigación en la Industria Farmacéutica y ha estado vinculada a la creación de la Agencia Europea del Medicamento o de Forética.

Pero, si por algo se conoce el legado de Regina Revilla es por haber participado en la creación e impulso de un sector, el biotecnológico, que, en los años 70 y 80 empezaba a adquirir un peso estratégico para España.

Cuando la biotecnología era sinónimo de futuro

En aquel entonces, la biotecnología era sinónimo de futuro. El país necesitaba construir las estructuras capaces de conectar el conocimiento científico con la industria y convertir la investigación en innovación. Y Regina Revilla no solo ayudó a vertebrar ese ecosistema, sino que se aseguró de consolidarlo.

Entre otros méritos, cabe mencionar que participó en el impulso del Centro Nacional de Biotecnología (CNB) y, años después, en la creación de la Asociación Española de Bioempresas (AseBio), que presidió durante tres mandatos.

El tiempo ha terminado por confirmar la importancia de aquella apuesta. La biotecnología ocupa hoy un lugar central en algunas de las grandes transformaciones de la medicina, desde el desarrollo de terapias avanzadas y nuevos medicamentos hasta el diagnóstico molecular y la medicina de precisión. Y es, además, un activo estratégico para cualquier país que aspire a ganar autonomía, generar conocimiento propio y competir en una economía cada vez más vinculada a la innovación.

Los números permiten dimensionar hasta dónde ha llegado el sector. Según los datos que facilitó el Instituto Nacional de Estadística en febrero de 2026, en 2024, España destinó 3.144 millones de euros a I+D interna en biotecnología, un 14,4% más que el año anterior y el equivalente al 13,1% de todo el gasto nacional en I+D. Cerca de 40.000 profesionales trabajan ya en actividades de investigación y desarrollo vinculadas a este ámbito, y casi seis de cada diez son mujeres. Además, las empresas concentran el 46,5% de la inversión biotecnológica, confirmando que el conocimiento científico ha logrado convertirse también en tejido industrial.

A esa dimensión investigadora se suma la empresarial. Según los datos del Informe AseBio 2025, en 2024 la actividad de las empresas ‘biotech’ en España han generado más de 13.270 millones de euros de renta, lo que supone el 1,2% del PIB nacional. Además, la recaudación fiscal asciende hasta los 5.504 millones de euros, el 0,5% del PIB y generan un impacto de 158.366 empleos, el 0,78% del empleo sobre el total, con un salario por empleado que es casi el doble de la media nacional.

El envejecimiento, uno de los retos para nuestra Sanidad

Desde su amplia experiencia y privilegiada visión, Revilla, que actualmente preside con enorme ilusiónla Fundación Carmen y Severo Ochoa, subraya que nos aproximamos a una transformación marcada por la convergencia entre ciencia, tecnología y longevidad. Y, en su balance sobre nuestro sistema sanitario, sostiene que goza de buena salud clínica, pero considera que la salud organizativa es “más frágil”. Así, anima a evolucionar, desde una perspectiva estratégica, a un modelo “orientado a prevenir, predecir, personalizar y participar, incorporando plenamente la medicina de precisión, la inteligencia artificial, la monitorización remota y nuevos modelos de atención integrada”.

“En el ámbito biomédico, España dispone además de una oportunidad extraordinaria gracias a su sólida investigación tanto básica como clínica. La esperanza de vida ha aumentado de forma notable gracias a los avances biomédicos, pero estos años ganados no siempre se traducen en más años de buena salud, debido al incremento de la multimorbilidad, la fragilidad y las enfermedades crónicas asociadas al envejecimiento. La convergencia de los saberes clásicos con los emergentes (biotecnología, computación avanzada, tecnologías digitales o robótica), está transformando los modelos asistenciales y lo hará aún más en el futuro”, advierte.

Para ella, uno de los uno de los grandes retos que habrá que sortear será la longevidad. “Para afrontarlo, serán necesarios sistemas sanitarios sólidos, orientados a resultados en salud y a la sostenibilidad; marcos profesionales y organizativos que reconozcan, incentiven y faciliten la participación de los profesionales sanitarios en los procesos de transformación tecnológica, generación de evidencia y rediseño asistencial; y un marco regulatorio y de evaluación que permita armonizar los tiempos de la innovación con las necesidades de los pacientes y de los sistemas sanitarios”, sostiene. Y añade: “También será clave la participación activa de ciudadanos y pacientes en la toma de decisiones, el desarrollo de procesos de gobernanza de los datos de salud y la existencia de un marco ético robusto que garantice el uso responsable de las nuevas tecnologías”.

Así, contempla una medicina con posibilidades que parecían inimaginables cuando comenzó su carrera. Pero, ante una transformación tecnológica de semejante magnitud, mantiene intacta una convicción que ha atravesado toda su trayectoria: el progreso solo tiene sentido cuando avanza acompañado de la ética y se pone al servicio de las personas. Esta defensa a ultranza de la ética y el humanismo permiten dejar constancia de que, aquellos versos de Pessoa no fueron una inspiración puntual, sino una máxima en toda su trayectoria.

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