Obituario

Muere Josep Vilarasau, histórico presidente de La Caixa

El histórico directivo fallece a los 95 años tras una carrera decisiva para la expansión de la entidad catalana y la creación del modelo que acabaría dando forma a CaixaBank y Criteria.

Josep Vilarasau, presidente de La Caixa (Foto de Carlos de Andrés/Cover/Getty Images)

Hay dirigentes cuyo legado no se mide únicamente por los balances que firman, sino por las instituciones que dejan tras de sí. Josep Vilarasau pertenecía a esa categoría. El histórico banquero, fallecido este martes a los 95 años, fue uno de los grandes protagonistas de la modernización del sistema financiero español y el principal artífice de la transformación de La Caixa desde una caja de ahorros de fuerte arraigo catalán hasta un grupo con peso determinante en la economía nacional.

Su desaparición pone fin a una etapa de la banca española marcada por la expansión territorial, la profesionalización de la gestión y la creciente presencia de las entidades financieras en el tejido empresarial del país. Aunque su nombre nunca buscó el foco mediático, durante casi tres décadas estuvo detrás de algunas de las decisiones estratégicas que redefinieron el papel de La Caixa y la convirtieron en una de las instituciones económicas más influyentes de España.

Nacido en Barcelona el 20 de febrero de 1931, Vilarasau era ingeniero industrial y economista. Antes de incorporarse a La Caixa desarrolló parte de su carrera en el ámbito empresarial y financiero, una experiencia que acabaría siendo decisiva cuando, en 1976, asumió la dirección general de la entidad. España atravesaba entonces un momento de profundos cambios políticos y económicos, y el sistema bancario comenzaba a prepararse para competir en un mercado cada vez más abierto.

Desde ese puesto impulsó una transformación silenciosa pero constante. Bajo su liderazgo, La Caixa dejó de ser una entidad con una presencia principalmente regional para expandirse por toda España, aumentar de forma sostenida su red comercial y diversificar su actividad. La estrategia no consistía únicamente en captar más clientes, sino en construir un grupo financiero con capacidad para participar en algunas de las principales empresas del país.

Fue durante aquellos años cuando la entidad reforzó su presencia en sectores estratégicos como la energía, las telecomunicaciones, las infraestructuras o los servicios financieros. Esa visión de largo plazo acabaría dando origen al modelo de participaciones empresariales que hoy sigue siendo uno de los rasgos distintivos del grupo, a través de CriteriaCaixa.

En 1999, tras más de dos décadas como máximo ejecutivo, Vilarasau fue nombrado presidente de La Caixa. El relevo representó una transición natural dentro de una organización que ya se había consolidado como una de las mayores cajas de ahorro de Europa. Durante esa etapa compartió protagonismo con Isidre Fainé, entonces director general, en una sucesión que garantizó la continuidad de un proyecto que seguiría creciendo durante las décadas posteriores.

Su presidencia se prolongó hasta 2003, cuando dejó el cargo tras la entrada en vigor de la normativa que limitaba la permanencia de los máximos responsables de las cajas de ahorro. Desde entonces permaneció vinculado a la institución como presidente de honor y mantuvo un perfil discreto, alejado de la primera línea pública, aunque continuó siendo una figura de referencia dentro del mundo financiero.

Más allá de los cargos, el legado de Josep Vilarasau reside en haber contribuido a diseñar una estructura empresarial que ha sobrevivido a la desaparición de las cajas de ahorro tal y como se conocían. La evolución de La Caixa hacia el actual ecosistema formado por la Fundación «la Caixa», CriteriaCaixa y CaixaBank encuentra buena parte de sus raíces en las decisiones estratégicas adoptadas durante su etapa al frente de la entidad.

Su estilo contrastaba con el de otros grandes banqueros de su generación. Alejado del protagonismo mediático, apostó por una gestión técnica, prudente y de largo recorrido, convencido de que el crecimiento debía apoyarse en la solvencia, la diversificación y la estabilidad institucional. Esa filosofía permitió a La Caixa consolidarse como una de las entidades más sólidas del sistema financiero español y ganar influencia mucho más allá del sector bancario.

Con su fallecimiento desaparece uno de los últimos representantes de una generación que pilotó la transformación de la banca española antes de las grandes fusiones del siglo XXI. Su nombre quizá no fue el más conocido entre el gran público, pero pocas figuras dejaron una huella tan profunda en la construcción del mapa financiero español contemporáneo.

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