El bitcóin vale ahora prácticamente la mitad que hace solo diez meses. En estas semanas ha recuperado algo de aire, pero no la fuerza que lo llevó hasta sus máximos de 126.000 dólares en octubre de 2025, favorecido por la entrada de inversores institucionales, la expansión de los fondos cotizados y el giro favorable de Estados Unidos hacia los activos digitales.
La mayor criptomoneda cotiza actualmente alrededor de los 64.500 dólares, después de haberse ubicado en los últimos meses en el entorno de los 59.000. En julio experimentó un ligero rebote que aleja al activo de sus peores niveles del año, aunque sigue dejando una imagen muy distinta a la que dominaba el mercado hace un año.
La pregunta es, entonces, qué está pasando con el bitcóin. Es el resultado de la combinación de una liquidez financiera menos abundante, tipos de interés elevados, tensiones geopolíticas, dudas sobre la política monetaria estadounidense, y una menor disposición de los inversores a asumir riesgo. Todo ha provocado que se haya comportado más como un activo tecnológico y especulativo que como el refugio alternativo al oro.
A comienzos de febrero, la elección de Kevin Warsh como futuro presidente de la Reserva Federal reforzó las expectativas de una política monetaria menos expansiva y de una reducción más rápida de la liquidez del sistema. El bitcóin llegó a caer por debajo de los 64.000 dólares en una sesión en la que se liquidaron alrededor de 1.000 millones de dólares en posiciones apalancadas, según datos de CoinGlass recogidos por Reuters.
A las dudas sobre los tipos se añadieron las tensiones comerciales y geopolíticas, el encarecimiento del petróleo y la búsqueda de liquidez por parte de los inversores. Y otras oportunidades de inversión, especialmente vinculadas a la inteligencia artificial y a las grandes salidas a Bolsa de las tecnológicas, comenzaron a competir por el capital que durante los dos años anteriores había fluido hacia los activos digitales.
Una de las claves de esa retirada se encuentra en los fondos cotizados estadounidenses, que habían sido motores fundamentales de la subida desde su autorización en enero de 2024, pues permitieron que grandes patrimonios, gestoras e inversores tradicionales accedieran al bitcóin mediante productos regulados.
Citi estimaba a comienzos de julio que los ETF de bitcóin acumulaban aproximadamente 3.300 millones de dólares de salidas netas desde enero. El banco redujo además de 10.000 millones a cero su previsión de entradas durante los siguiente doce meses. Solo entre mayo y junio se retiraron alrededor de 6.900 millones de dólares de estos fondos.
El efecto de Strategy
Otra señal determinante procede de las empresas de tesorería digital. Es decir, sociedades cotizadas que utilizan deuda, ampliaciones de capital o instrumentos preferentes para comprar criptomonedas y mantenerlas en su balance. La más conocida es Strategy, la antigua MicroStrategy liderada por Michael Saylor, que convirtió este modelo en un fenómeno empresarial dentro del mercado de capitales estadounidense.
La empresa controlaba cerca de un 4% de todos los bitcoins del mundo. El mecanismo funcionaba mientras la acción de Strategy cotizaba con una prima elevada. La compañía podía emitir nuevas acciones a precios ventajosos, obtener efectivo y utilizarlo para adquirir todavía más criptomonedas. El aumento de sus reservas reforzaba el atractivo bursátil y permitía repetir la operación.
Ese círculo comenzó a fallar cuando descendieron simultáneamente el precio del bitcóin y la cotización de Strategy. A finales de junio, el valor empresarial de la compañía llegó a situarse por debajo del valor estimado de sus reservas de bitcóin. Emitir acciones dejó de ser una fórmula tan favorable, porque podía diluir a los accionistas sin generar el mismo incremento de valor.
La consecuencia fue que Strategy vendió 3.588 bitcoins por 216 millones de dólares, frente a la política defendida durante años por Saylor, basada en acumular el activo y mantenerlo a muy largo plazo. Antes había realizado una venta de 32 unidades por aproximadamente 2,5 millones. Recursos que se destinaban a reforzar su liquidez y atender los dividendos de sus acciones preferentes.
Actualmente sigue siendo la compañía con más bitcoins, 843.775 adquiridos por un precio medio aproximado de 75.500 dólares por unidad. El consejo de administración ha autorizado, no obstante, la venta futura de criptomonedas por hasta 1.250 millones de dólares si necesita cubrir dividendos, intereses de la deuda u otras obligaciones. Algo que ha tenido efectos en el mercado.
Finalmente, Nakamoto es otra empresa cotizada construida precisamente alrededor de la acumulación de bitcóin y de negocios relacionados con este ecosistema. La compañía, que cotiza en Nasdaq bajo el ticker NAKA, también vendió 284 bitcoins en marzo por 20 millones de dólares y otros 600 en junio para reducir en 45 millones su deuda con Kraken.
Más allá de bitcóin
La corrección se extiende también al resto del mercado. Ether cotiza alrededor de 1.900 dólares (cerca de 1.650 euros) y las principales criptomonedas alternativas han sufrido caídas generalmente superiores a las de bitcóin por su menor liquidez y su mayor dependencia de posiciones especulativas.
En todo caso, el comportamiento de los ETF refleja que no hay una retirada irreversible. Los fondos han vuelto a registrar entradas durante varias sesiones de julio y el bitcóin ha conseguido mantenerse por encima de los mínimos. El mercado oscila ahora entre la búsqueda de oportunidades tras la caída y las dudas sobre la continuidad de la demanda institucional.

