La nueva línea, ubicada en la planta donde la compañía fabrica principalmente aviones de fuselaje ancho como el 777, el 767 y el futuro 777X, empleará en una primera fase a unos 1.000 trabajadores, según ha explicado la directora sénior de Boeing, Jennifer Boland-Masterson, durante una visita a las instalaciones.
La compañía ha optado por iniciar la producción de forma gradual para detectar posibles incidencias y garantizar el correcto funcionamiento de la línea antes de incrementar el ritmo de fabricación.
La apertura de esta línea forma parte del plan del fabricante estadounidense para elevar la producción del 737 Max, limitada desde 2024 por la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA) a 38 aviones mensuales tras el incidente sufrido por un aparato de Alaska Airlines que desencadenó una revisión de los controles de calidad y cambios en la dirección de la empresa.
El consejero delegado de Boeing, Kelly Ortberg, anunció el pasado mes de mayo que la FAA había autorizado a la compañía a incrementar la producción hasta 47 aeronaves al mes. El objetivo a largo plazo es alcanzar un ritmo de 63 unidades mensuales, considerado clave para mejorar la situación financiera del grupo, reducir deuda y reforzar su posición frente a Airbus en el mercado de aviones de pasillo único.
Durante la visita, Boeing mostró el proceso de ensamblaje de los fuselajes del 737 Max, fabricados en Wichita (Kansas) y trasladados por ferrocarril hasta Everett para su montaje final.
La inauguración se produce en la antesala del Salón Aeronáutico de Farnborough, una de las principales citas del sector, donde Boeing y Airbus competirán por anunciar nuevos pedidos.
Ambos fabricantes mantienen sus planes de aumentar la producción pese a las dificultades derivadas de la escasez de componentes y mano de obra que persisten desde la pandemia.
En el caso de Airbus, la compañía continúa afrontando problemas en la cadena de suministro que han retrasado en varias ocasiones su objetivo de fabricar 75 unidades mensuales del A321neo, principal competidor del 737 Max.
La nueva línea ocupa el espacio donde anteriormente se ensamblaba el 787 Dreamliner, cuya producción fue trasladada a North Charleston (Carolina del Sur). Boeing ha adaptado estas instalaciones para facilitar la instalación de cabinas más complejas, con estaciones de trabajo adicionales destinadas al montaje de asientos de clase premium totalmente reclinables.

