Hay una última colección que ningún diseñador presenta sobre una pasarela. No aparece en una Semana de la Moda. No recibe críticas. No ocupa escaparates. Se escribe en silencio, normalmente lejos de los focos, y decide qué ocurrirá con toda una vida cuando su creador ya no pueda hacerlo. Valentino Garavani la dejó terminada en marzo de 2023. Y, como cabía esperar de uno de los grandes nombres de la Alta Costura, tampoco improvisó ese último diseño.
Durante más de seis meses, una de las grandes incógnitas de la moda internacional no estuvo sobre una pasarela ni en una colección de Alta Costura. La pregunta era otra: ¿qué ocurriría con el inmenso patrimonio de Valentino Garavani?
El diseñador italiano, fallecido el pasado enero a los 93 años, dejó tras de sí mucho más que una de las firmas más influyentes de la historia del lujo. Su herencia incluye villas en Italia, un castillo del siglo XVI en Francia, un yate de 46 metros, importantes colecciones de arte con obras de Pablo Picasso y Andy Warhol, inversiones financieras y un patrimonio valorado en cientos de millones de euros.
Ahora, el diario italiano Corriere della Sera ha desvelado el contenido del testamento que Valentino entregó en marzo de 2023 a un notario en la localidad suiza de Gstaad. Y la mayor sorpresa no está en el tamaño de la fortuna, sino en su destinatario.
No hay hijos. No hay herederos directos. No existe un reparto entre familiares. Toda la herencia recae sobre una única institución: la Fundación Valentino Garavani – Giancarlo Giammetti, constituida en Liechtenstein y nombrada heredera universal del patrimonio del diseñador.
Una herencia pensada para permanecer unida
La decisión no parece casual. A diferencia de muchas grandes fortunas que terminan fragmentándose entre sucesivos herederos, Valentino optó por una estructura capaz de preservar la unidad de un patrimonio construido durante más de siete décadas.
Según la documentación publicada por Corriere della Sera, el testamento quedó depositado el 29 de marzo de 2023 ante el notario suizo Rolf Schneider y establece que la sucesión se rija por la legislación suiza. Tras el fallecimiento del diseñador, la fundación aceptó formalmente la herencia el pasado 15 de abril de 2026, iniciando el proceso de incorporación de todos sus bienes.
Entre ellos ya figuran una villa de treinta habitaciones situada en la histórica Vía Apia de Roma, el emblemático yate del diseñador y distintas actividades vinculadas a su fundación italiana.
El objetivo parece evidente: garantizar una gestión estable del patrimonio y asegurar que los bienes permanezcan vinculados al universo creativo y personal de Valentino.
Mucho más que una fortuna
Reducir el legado de Valentino a una cifra sería quedarse muy lejos de su verdadero alcance. Porque lo que el diseñador acumuló durante décadas no fueron únicamente propiedades. Construyó uno de los patrimonios privados más extraordinarios del lujo europeo.
Su colección reunía pinturas firmadas por artistas como Picasso y Warhol, residencias repartidas entre Italia y Francia, mobiliario histórico, antigüedades, jardines, inversiones internacionales y uno de los castillos privados más conocidos del entorno de París: el Château de Wideville, una residencia renacentista del siglo XVI adquirida por Valentino en los años noventa y convertida durante décadas en uno de los grandes símbolos de su universo estético.
Hoy ese castillo pertenece a la sociedad Succession Valentino Garavani, administrada por los tres albaceas designados por el modisto: Giancarlo Giammetti, Ronald Feijen y Marc Bonnant. Serán ellos quienes supervisen la ejecución del complejo plan sucesorio y la eventual venta de determinados activos para atender los distintos legados previstos.
El papel de Giancarlo Giammetti
Hablar del patrimonio de Valentino también significa hablar de Giancarlo Giammetti. Mucho antes de convertirse en uno de los nombres imprescindibles del lujo italiano, ambos construyeron una relación profesional y personal que transformó la historia de la moda.
Giammetti no solo fue socio del diseñador. Fue el hombre que ayudó a convertir una casa de costura romana fundada en 1959 en una marca global. Juntos levantaron un imperio creativo que vestiría a algunas de las mujeres más influyentes del siglo XX y redefiniría para siempre la elegancia italiana. No resulta extraño, por tanto, que su nombre forme parte también de la fundación heredera y continúe desempeñando un papel esencial en la administración del legado.
La última lección de Valentino
Existe una paradoja fascinante en esta historia. Valentino dedicó su carrera a crear piezas concebidas para resistir el paso del tiempo. Vestidos que terminaron formando parte de museos. Trajes que sobrevivieron a las tendencias. Un color –el célebre rojo Valentino– que acabó convirtiéndose en patrimonio cultural de la moda.
Quizá por eso también decidió diseñar su propia sucesión con la misma precisión con la que construía una colección de Alta Costura. No improvisó. No dejó cabos sueltos. No permitió que el azar decidiera el destino de aquello que había levantado durante toda una vida. Porque, al final, el lujo nunca ha consistido únicamente en poseer grandes objetos. Consiste en conseguir que aquello que uno crea siga teniendo sentido cuando ya no está para contarlo. Y esa, probablemente, fue la última gran obra de Valentino.

