Durante años, el emprendimiento estuvo asociado a la experiencia acumulada. Parecía necesario haber recorrido una larga carrera profesional antes de atreverse a fundar una empresa. Sin embargo, la mesa ‘Jóvenes fundadores (Sub-25): Ambición sin complejos’, celebrada en el marco de Forbes España 30 Under 30, puso sobre el escenario una realidad diferente: una generación que ha decidido empezar antes, asumir riesgos desde muy joven y construir compañías con vocación global sin esperar a que llegue el momento perfecto.
El Festival Forbes España 30 Under 30 cuenta con el patrocinio de OMODA & JAECOO, Cervezas San Miguel, Redken, McDonald’s, Yamaha, Holded, Barceló Ron Dominicano y Universidad Camilo José Cela.
Moderada por Alberto Cabanes, fundador y CEO de Adopta Un Abuelo e integrante de la lista Forbes 30 Under 30 de 2017, la conversación reunió a Kristian Lukauskis y Alexander Dillon, cofundadores de ChatBlu; Gloria Rodés y Andrea Estany, cofundadoras de Enlagloria Salad House; y Manuel Monterrubio y Antonio Faya, cofundadores de Pacerin. Tres empresas, tres sectores completamente distintos y un mismo denominador común: demostrar que la edad ya no determina la capacidad para liderar un proyecto empresarial.


Desde la inteligencia artificial aplicada a la hotelería hasta la restauración saludable o el comercio electrónico, las historias compartieron una característica esencial. Ninguna nació de un gran plan teórico, sino de la capacidad para identificar una oportunidad concreta y ejecutarla con rapidez.
La conversación comenzó precisamente abordando esa nueva realidad. Lejos de considerar la juventud como un obstáculo, los participantes coincidieron en que iniciar un proyecto empresarial a los veinte años también ofrece ventajas competitivas: una mayor disposición al riesgo, menos condicionantes y una forma de entender la innovación más cercana a los cambios que experimentan los consumidores y la tecnología.
Aunque reconocieron que la falta de experiencia puede despertar dudas en el mercado, también defendieron que esa circunstancia se compensa con capacidad de adaptación y aprendizaje constante. «A la hora de conseguir los primeros clientes, no es que no confíen en ti, pero indudablemente dudan más. Creo que es algo que al final aprendes a lidiar con ello», explicó Kristian Lukauskis, recordando incluso que algunos de los fondos que invirtieron en ChatBlu desconocían la edad de los fundadores hasta después de cerrar la operación. «Nuestros propios VCs no sabían ni qué edad teníamos hasta que luego invirtieron y se quedaron flipando».
Para Antonio Faya, el principal desafío ni siquiera está fuera de la empresa, sino en el entorno más cercano. «Creo que muchas veces lo más difícil no es que creas tú en ti mismo, lo más difícil es hacer que los demás crean en ti, tu entorno sobre todo«. En su opinión, emprender exige mantener el rumbo incluso cuando quienes te rodean todavía no comparten la visión. «Esa ceguera de seguir persiguiendo tus sueños, para mí fue lo más difícil».


Gloria Rodés ofreció una visión optimista sobre esa etapa inicial. «Nosotras emprendimos con veintidós años. Fue nuestro proyecto final de carrera que convertimos en una realidad». Lejos de arrepentirse, defendió que empezar pronto permite crecer al mismo ritmo que la empresa. «Emprender joven tiene muchas más cosas buenas que malas. Al final te vas formando a medida que va creciendo la empresa. Si me preguntan ahora, volvería a emprender joven«.
Más allá de la edad, el debate giró hacia un elemento que todos los fundadores consideran decisivo: la ejecución. Tener una buena idea puede abrir una puerta, pero construir una empresa exige disciplina, capacidad para priorizar y formar equipos capaces de convertir una intuición inicial en un negocio sostenible.
Cada uno de los proyectos representó un ejemplo diferente de ese proceso. ChatBlu nació con la ambición de transformar la gestión hotelera mediante inteligencia artificial; Enlagloria convirtió una inspiración surgida tras un viaje en una cadena especializada en alimentación saludable; y Pacerin detectó el potencial del comercio electrónico cuando todavía muchos mercados no habían explotado todas sus posibilidades.
Precisamente al hablar de ese paso entre la idea y la empresa aparecieron los llamados «momentos wow«: esos pequeños hitos que validan que el proyecto puede convertirse en un negocio real. Manuel Monterrubio recordó que uno de los grandes aprendizajes llegó al descubrir una forma distinta de entender la ambición empresarial. «Yo creo que esa mentalidad americana de que el límite lo pones tú es una de las cosas que más nos hace falta en España. De verdad creer y pensar en grande». Esa filosofía se materializó muy pronto con los primeros éxitos comerciales. «Recuerdo muchos momentos wow, pero supongo que el primer acuerdo con una compañía grande y nuestros primeros seis mil euros de facturación. Esos hitos te hacen pensar que es posible».
Uno de los temas centrales fue la identificación de oportunidades. Aunque los sectores representados eran muy distintos, todos coincidieron en un contexto marcado por la transformación tecnológica, los nuevos hábitos de consumo y la internacionalización desde fases muy tempranas del crecimiento empresarial.
En el caso de ChatBlu, la conversación profundizó en cómo la inteligencia artificial puede integrarse en un sector tradicional como el hotelero. Más allá del debate sobre la automatización, los fundadores defendieron una tecnología concebida para facilitar el trabajo de las empresas y mejorar la experiencia del cliente, siempre como complemento del factor humano.
La experiencia de Enlagloria mostró una forma distinta de innovar. En lugar de desarrollar una nueva tecnología, Gloria Rodés y Andrea Estany identificaron un cambio profundo en los hábitos de consumo. Lo que comenzó como una idea inspirada en un viaje a Nueva York terminó convirtiéndose en una empresa que ha consolidado una propuesta basada en alimentación saludable, sostenibilidad y experiencia de marca.

La conversación abordó también la complejidad de crecer en un sector tan intensivo en operaciones como la restauración, donde cada nueva apertura implica mantener estándares de calidad, construir equipos y preservar la identidad de la marca mientras aumenta la escala del negocio. Para Andrea Estany, el crecimiento solo tiene sentido cuando está respaldado por las personas. «Las personas son superimportantes porque son las que están ahí a pie de cañón vendiendo. Tener un buen equipo que sabe ejecutar lo que tú defines desde atrás es muy importante». Por eso, explicó, el objetivo nunca ha sido crecer a cualquier precio. «Nosotras apostamos por crecer bien. No crecer rápido y de una forma descontrolada».
El recorrido de Pacerin aportó otra perspectiva sobre el emprendimiento joven. Manuel Monterrubio y Antonio Faya comenzaron desarrollando marcas nativas para Amazon antes incluso de finalizar sus estudios universitarios y terminaron convirtiendo ese conocimiento en una plataforma especializada en ayudar a grandes compañías internacionales a crecer dentro de los marketplaces.
Preguntado por cómo lograron diferenciarse en un entorno tan competitivo como Amazon, Monterrubio defendió que la clave nunca estuvo únicamente en el producto, sino en entender el problema del cliente. «Muchas veces los emprendedores olvidamos que resolvemos problemas y tenemos que dar la mejor solución a un problema». Esa filosofía guió el desarrollo de todas sus marcas. «Intentamos ser el producto que mejor solucionase esa necesidad concreta en cada categoría».
La conversación también dejó espacio para hablar de la parte menos visible del emprendimiento: la gestión emocional. ¿Qué ocurre cuando llegan el cansancio, la incertidumbre o los errores? Alexander Dillon recordó que el fracaso forma parte inevitable del proceso. Emprender, explicó, significa aceptar que no siempre se alcanzará el éxito de forma inmediata, pero que cada intento aporta aprendizajes que resultarán valiosos en el futuro.
En la misma línea, Gloria Rodés defendió la importancia de mantener la motivación disfrutando del propio camino. «Disfrutar de lo que haces es lo que te ayuda a seguir«.
En conjunto, la mesa dejó una fotografía bastante representativa de una nueva generación de empresarios que entiende el emprendimiento desde parámetros distintos a los tradicionales. Empresas concebidas desde el primer día con vocación internacional, tecnología integrada en prácticamente cualquier modelo de negocio y una forma de aprender basada tanto en la experimentación como en la rapidez para corregir errores.

