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Carmen Mora, financiera y artista: «La creación artística es mucho más dura y exigente que el mundo financiero»

La vicepresidenta de Real Estate en Bestinver Activos Inmobiliarios se consolida como una de las artistas emergentes más interesantes de la escena contemporánea con «30 días de tensión», su última exposición en el Palacio del Conde de Floridablanca.

Carmen Mora. Fotografía: Mónica Mora.

Cuando Richard Donner (Nueva York, Estados Unidos, nacido en 1930 y fallecido en 2021) estrenó Lady Halcón en 1985, probablemente no imaginaba que su trama quedaría fijada en el imaginario colectivo como una de las metáforas más reconocibles sobre la dualidad. En aquella fantasía medieval, Michelle Pfeiffer era maldecida a habitar dos mundos aparentemente incompatibles. Dos vidas paralelas dentro de una misma existencia.

Precisamente ese mismo año nacía Carmen Mora (Madrid, 41 años). Y aunque afortunadamente ninguna maldición pesa sobre ella, resulta difícil no pensar en aquella película al observar una trayectoria que parece desarrollarse simultáneamente en dos mundos que rara vez se encuentran. Con apenas 41 años se ha convertido en una peculiar Lady Halcón del siglo XXI: De día, esta licenciada en CUNEF, con una trayectoria construida en algunas de las instituciones financieras más exigentes del mundo como Goldman Sachs o HIG Capital, es la vicepresidenta de fondos inmobiliarios en Bestinver Activos Inmobiliarios. Cuando cae la noche, comienza una segunda vida dedicada a la creación y a la investigación artística.

Hija de un anticuario, creció rodeada de arte y no abandonó su vocación mientras construía su brillante carrera financiera. Al contrario: la cultivó discretamente, formándose en instituciones como Central Saint Martins de Londres hasta que en 2020 salió a la luz con Ínsula, su primera exposición individual en Espacio Valverde. Apenas seis años después, su último trabajo, «30 días de tensión», la consolida como una de las artistas emergentes más interesantes de la escena contemporánea.

Carmen Mora. Fotografía: Mónica Mora.
Carmen Mora. Fotografía: Mónica Mora.

Una carrera financiera de élite, una trayectoria artística cada vez más sólida y la maternidad. La pregunta es inevitable: ¿cuál es el secreto? 

Te voy a decir la verdad, no hay secreto. Es duro y estresante, nada de superwoman. Pero al fin y al cabo adoro el arte, amo a mis niños y me encanta mi trabajo; merece la pena sacar tiempo de donde sea.

¿Cómo conviven esas dos facetas en tu cabeza? ¿Son compartimentos estancos o se retroalimentan? 

Sin duda se retroalimentan. Para empezar, el hecho de tener un sueldo me da la libertad de crear lo que me interesa sin estar obsesionada con las ventas. También me aporta la tranquilidad que necesito. El proceso creativo no entiende de prisas, y yo tampoco: el arte hay que reposarlo. Y esa paciencia que ejercito en el taller me ayuda en mi profesión; las operaciones inmobiliarias tampoco se cierran cuando uno quiere.

¿Cuándo te diste cuenta de que el arte era algo más que en un hobby infantil?

Siempre ha formado parte de mi vida. Desde muy pequeña pintaba; era mi forma de expresarme. Cuando les dije a mis padres que quería estudiar Bellas Artes, me apoyaron con la condición de hacer antes una carrera que me permitiera ser completamente independiente económicamente. Y así lo hice. Soy muy extrema para todo, y decidí hacer empresariales aplicándome al máximo, así acabé en Goldman Sachs, pero nunca me alejé del arte.

De hecho, mientras desarrollabas tu carrera en Goldman Sachs, dedicabas tu tiempo libre a formarte en Central Saint Martins. ¿Qué significó para ti esa formación «en paralelo»?

Cuando llegué a Londres para trabajar en banca de inversión, vivía en un entorno de enorme exigencia, con jornadas interminables y muchísimo estrés. En ese contexto, Central Saint Martins se convirtió en un refugio para mí. El arte me permitía conectar con una parte de mí completamente distinta y canalizar todo lo que estaba viviendo. Más que una formación complementaria, para mí fue una terapia.

Crear exige tiempo, silencio y cierta dosis de aislamiento. ¿Cómo encaja ese proceso tan íntimo con la maternidad y con tu agenda profesional?

 ¿Sinceramente? Gracias al insomnio, lo padezco desde hace años. Cuando me desvelo, comienza mi proceso creativo. La noche es el mejor momento para reflexionar y analizar el poso que te ha dejado ese día y, en mi caso, ese poso despierta mi creatividad.

En apenas seis años: más de una decena de exposiciones colectivas e individuales, presencia en las ferias de arte más relevantes, apariciones en las principales publicaciones especializadas. ¿Te esperabas una evolución tan rápida?

Parece rápida, pero a mí se me ha hecho eterna. En las finanzas existen caminos mucho más definidos. En el arte los procesos son lentos e inciertos. Por eso no siento que haya alcanzado ningún éxito. Al contrario, cada vez que termino una exposición me pregunto: «¿Y ahora qué?». Es un proceso muy exigente y profundamente personal que nunca acaba.

¿El mundo del arte te parece más exigente que el de las finanzas?

Sin lugar a dudas. En las finanzas trabajas con problemas externos que, de una forma u otra, terminan resolviéndose. En el arte, el trabajo es contigo misma. Tienes que quitar capas, llegar a lo más íntimo y enfrentarte a cosas que no siempre te gustan. Me parece un trabajo mucho más exigente y duro a nivel personal.

30 días de tensión nace de una idea muy íntima: registrar durante un mes las tensiones de tu propio cuerpo. ¿Cómo fueron esos treinta días? 

Estos dibujos son una especie de síntesis del día. Solía hacerlos por la noche. Era un momento de reflexión: ¿qué he sentido hoy?, ¿por qué me duele esto? Cada dibujo era una forma de escuchar mi cuerpo y entender qué huella había dejado en él lo que había vivido ese día.

Gran parte de tu obra gira en torno a la tensión entre opuestos: interior y exterior, emoción y estructura, permanencia y transformación. ¿Te interesan especialmente las dualidades o simplemente forman parte de tu manera de entender el mundo?

Me interesa justo lo contrario: intentar disolverlas. Creo que las dualidades y los extremos nos llevan muchas veces a situaciones de ansiedad. La vida rara vez es blanca o negra. Lo más interesante ocurre precisamente cuando esos opuestos dejan de enfrentarse y empiezan a convivir.

Si la Carmen de Goldman Sachs se encontrara hoy con la Carmen artista que expone con éxito su trabajo, ¿qué crees que pensaría de ella?

Nunca habría imaginado que acabaría exponiendo y desarrollando una carrera artística, y eso me parece algo maravilloso. Creo que a la Carmen de entonces le sorprendería y le encantaría comprobar que no abandoné mi esencia. Para mí el arte es una forma de vida, no una meta por cumplir.

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