Opinión Salvador Sostres

Bottega Bernacca, un restaurante para los clientes

En Bottega Bernacca se conoce que los dueños, Gerard y Davide, han invertido en nuestro bienestar, y esto no significa lujo, sino educación.

Dos de los platos que se sirven en el restaurante. (@bottegabernaccabcn)

Mi querido Alejandro Alcaraz me dijo algo de un restaurante italiano cómodo y con un punto de sofisticación poco habitual en Barcelona, y me lo dijo el sábado por la tarde, e inmediatamente llamé a la tal Bodega Bernacca, pedí mesa para tres, y a pesar de lo lleno que estaba me fue concedida. Con gran alegría y muy altas las expectativas -y esto es lo más peligroso para cualquier casa- me dirigí con mi hija y Guillem a Bonavista 10, en el polémico barrio de Gracia.

La primera cara que vi fue la de otro querido amigo, Marc Vidal, de la Bodega Bonavista -sensacional-, a quien tanto agradezco y de quien tanto he aprendido. Estaba tomando algo con uno de los dos patrones de la casa, Gerard Barberan. La alegría con Gerard me saludó, como si nos conociéramos de toda la vida, me hizo sentir todavía mejor, y ya es decir, de lo que me sentía.

Su cara me resultaba extrañamente familiar pero era incapaz de recordar de qué o de dónde lo conocía. Por no romper el hechizo de tan fenomenal encuentro oculté estas dudas, y me puse en sus manos y le dije que hiciera lo que quisiera, porque enseguida me di cuenta de que igualmente lo habría hecho. Un tomate estratosférico abrió la cena; una burrata buena y unas anchoas que los cincuentones tenemos que aprender a evitar en las cenas. Entró Iván de la Peña y aunque mi gusto por abrazarlo, y por saludarlo también en este artículo, están un poco en contradicción con su timidez y discreción, espero que me perdone y lo tome como un tributo de mi simpatía y admiración.

La sala es delicada, noble, respetuosa con los clientes. Unos clientes, los de Barcelona, acostumbrados a que nos traten de cualquier manera, a veces con una grosería inexplicable. En Bottega Bernacca se conoce que los dueños, Gerard y Davide, han invertido en nuestro bienestar, y esto no significa lujo, sino educación. El aire acondicionado de la entrada es débil, impracticable; al fondo del local hay dos mesas redondas en las que se está mejor, aunque sin llegar a la temperatura que en verano se necesita para vivir, o más bien sobrevivir en condiciones. Las casas importantes trabajan a no más de 21º. Hay muy pocas casas serias, si es que hay alguna.

Con Gerard daba igual si era la primera vez que nos veíamos o dónde fue nuestro primer encuentro, porque nos entendimos tan bien que efectivamente parecía que habíamos pasado toda la vida juntos. La sommelier sabe lo que hace, tiene criterio, es conocedora y no es pedante; y que lleve una pircing en la nariz no se ha de confundir con un distintivo social, porque va en serio, de modo que si uno la deja hacer ha de estar preparado para restar saques que para muchos contrincantes serían aces.

Las pastas fáciles, las que hacen feliz a un niño, que son con cacio e pepe, con salsa de tomate y con ragú de vaca vieja, nos hicieron tremendamente felices. Cocción exacta, poderoso sabor sin ser cargante. Aunque a mi edad se agradece más un almuerzo que una cena, sobre todo en un italiano, he de decir que tras el paseo de 20 minutos de vuelta a casa pude dormir como cualquier otra noche.

Bottega Bernacca es un restaurante que nos iguala con las grandes capitales del mundo. En Barcelona es muy difícil encontrar una sala confortable, agradable, donde te sientas bien, y bien atendido; y que además la comida sea muy buena y poco exigente. En Barcelona los restaurantes están pensados para el lucimiento de sus cocineros y para el ejercicio de los derechos laborales de sus trabajadores; y hay muy pocos que tengan a sus clientes en el centro.

Hay muy pocos restaurantes que se basen en lo que los clientes necesitamos, en lo que nos hace sentir cómodos, alegres, con ganas de permanecer. Ésta es tu casa si quieres estar a gusto y tranquilo, pagar 80-100 (dicen que el ticket medio es 60, porque van mujeres que toman medio plato, beben agua del grifo y comparten hasta el café) y poder pensar que todavía por ser un buen cliente mereces que las casas te traten con algún afecto.

Las malas noticias son las de siempre: el sindicalismo obliga a que el restaurante cierre los lunes y los martes -de verdad, intolerable-; y aunque ya está dicho, lo del aire acondicionado renqueante no es algo que podría ser solucionarlo sino que tiene que serlo, e inmediatamente, porque se acercan días de mucho calor en los que no se podrá comer hidratos sudando. En el momento de la reserva estaría bien recordar a las mujeres propensas a tener frío y a quejarse del aire -es decir, a las mujeres- que acudan con una chaqueta o chal, porque la casa trabaja a 21 grados y no es negociable.

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