Hay aniversarios que celebran una trayectoria. Y otros que permiten medir el impacto real de una idea. El vigésimo cumpleaños de Cetaqua pertenece a esta segunda categoría. Lo que comenzó en 2006 como una apuesta por conectar ciencia, empresa e innovación para resolver los retos del agua se ha convertido dos décadas después en uno de los principales polos europeos de conocimiento aplicado al ciclo hídrico.
El Centre Tecnològic de l’Aigua celebró este jueves sus 20 años de actividad en el Museu de les Aigües de Cornellà de Llobregat, reuniendo a representantes institucionales, investigadores, empresas y expertos para reflexionar sobre el papel de la innovación en un contexto marcado por la presión climática, la escasez de recursos y la necesidad de transformar la gestión del agua.
Detrás de la celebración hay cifras que ayudan a entender la dimensión alcanzada por el centro. Desde su creación, Cetaqua ha contribuido a movilizar más de 340 millones de euros en financiación vinculada a proyectos de innovación desarrollados en el territorio, manteniendo una tasa de éxito superior al 50% en convocatorias competitivas nacionales y europeas.
A lo largo de estas dos décadas también ha ejecutado más de 130 millones de euros en actividades de investigación, desarrollo e innovación, generando cerca de 2.000 empleos altamente cualificados asociados a los retos del agua. Actualmente desarrolla más de cien proyectos anuales junto a una red de más de 500 colaboradores del ecosistema innovador.
El modelo que ha permitido este crecimiento se apoya en una alianza poco habitual cuando nació y cada vez más necesaria en la actualidad: la colaboración entre empresa, universidad y centros de investigación. Cetaqua fue impulsada por Aigües de Barcelona, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), con la convicción de que los grandes desafíos hídricos requieren respuestas multidisciplinares y una estrecha cooperación entre el conocimiento científico y las necesidades reales del territorio.
Esa filosofía ha permitido al centro participar en el desarrollo de soluciones vinculadas a la eficiencia hídrica, la economía circular, la adaptación al cambio climático, la eficiencia energética o la digitalización del ciclo del agua. Tecnologías como la inteligencia artificial, los gemelos digitales o las infraestructuras experimentales desplegadas en campo forman parte ya de una actividad que busca trasladar la innovación desde el laboratorio hasta la gestión cotidiana de los recursos hídricos.
El contexto tampoco ha sido sencillo. Durante estos veinte años, el sector ha tenido que responder a sequías cada vez más intensas, a los efectos de una pandemia que puso de relieve la importancia de los sistemas de saneamiento y a una aceleración tecnológica sin precedentes. En ese escenario, la capacidad para generar conocimiento aplicable se ha convertido en un factor estratégico para las ciudades y los territorios.
La jornada conmemorativa sirvió precisamente para analizar los desafíos que marcarán las próximas décadas. Expertos nacionales e internacionales abordaron cuestiones relacionadas con la resiliencia hídrica europea, la innovación colaborativa y la necesidad de seguir fortaleciendo los vínculos entre investigación, administración y tejido empresarial.
Veinte años después de su nacimiento, Cetaqua ya no es solo un centro tecnológico. Es el reflejo de cómo la innovación puede convertirse en infraestructura invisible: aquella que no se ve, pero que permite que el agua llegue, se gestione mejor y se adapte a un futuro cada vez más exigente. Porque si algo ha demostrado el sector en estas dos décadas es que los grandes desafíos del agua no se resolverán únicamente con más recursos, sino con mejores ideas. Y pocas organizaciones han dedicado tanto tiempo a convertir esas ideas en soluciones reales como Cetaqua.

