Al frente de Studio GRONDA, el arquitecto y diseñador Diego Gronda está detrás del alma de algunos de los espacios de hospitality más destacados del panorama internacional en auténticos iconos como el Taj Mahal Palace de Mumbai, el Virgin de Chicago o, ahora, Nobu Madrid, que abrirá sus puertas el próximo mes de septiembre y donde firma el interiorismo del restaurante, bar y lounge Nobu y de las zonas comunes del edificio, incluido un lobby concebido como carta de presentación sensorial. hablamos con Gronda sobre este proyecto y su trayectoria previa, cómo es su proceso creativo y su manera de entender el diseño como experiencia.
Has desarrollado proyectos como el Taj Mahal Palace de Mumbai o el hotel Virgin de Chicago. ¿Qué decisiones de diseño tomaste para adaptar estos espacios al contexto turístico específico de cada destino y marca, tan diferentes entre sí?
Tuve la oportunidad de diseñar ambos proyectos casi simultáneamente durante mi etapa como Director Creativo de Rockwell Group. En el caso del Taj Mahal Palace de Mumbai, el desafío consistía en actualizar la experiencia del hotel más emblemático de India y proyectarlo hacia el siglo XXI. Durante el proceso de diseño, en 2008, ocurrieron los atentados terroristas que afectaron tanto al Taj como al Oberoi, y eso transformó radicalmente nuestra aproximación al proyecto. Toda la estrategia de accesos, circulación y seguridad tuvo que replantearse profundamente. Aquella reforma marcó un antes y un después para la cadena Taj: el usuario seguía siendo esencialmente el mismo, pero la marca buscaba proyectarse hacia el futuro con una imagen más contemporánea, segura y trascendente.
El caso de Virgin Hotel Chicago fue completamente distinto. El proyecto nació a partir de una visión muy específica de Sir Richard Branson: crear un hotel lifestyle con una fuerte orientación business, pero diseñado desde una mirada mucho más inclusiva hacia las necesidades femeninas. Desarrollamos soluciones innovadoras: una cama patentada con tres posiciones distintas de respaldo, armarios diferenciados, estaciones de maquillaje… En ambos proyectos, aunque desde ángulos completamente distintos, la estrategia de diseño estuvo profundamente vinculada al negocio. El diseño no consiste simplemente en crear espacios bellos, sino en desarrollar experiencias innovadoras que generen diferenciación, fidelidad y un impacto positivo en la rentabilidad del activo hotelero.
En proyectos como el hotel nómada Muntajaa Al Waha, llevas la experiencia turística a un terreno casi conceptual. ¿Qué papel juega la innovación radical en la atracción de nuevos perfiles de viajero?
La idea surgió mientras trabajaba en parte del diseño del St. Regis Doha. Durante mis viajes por Catar comencé a explorar algunos de los lugares más fascinantes del país, muchos de ellos sin acceso por carretera, lo que me llevó a cuestionar un paradigma tradicional de la hotelería: en lugar de obligar al viajero a desplazarse hacia el hotel, ¿por qué no acercar el hotel hacia la experiencia? Así nació el concepto de hoteles nómadas con mínima huella ambiental, capaces de desplazarse hacia destinos remotos y convertir el trayecto en parte integral de la experiencia. La propuesta fue presentada a uno de los principales hoteleros de Doha con un objetivo muy claro: extender la estadía promedio del visitante, que suele ser de dos o tres noches solo en la ciudad de Doha, transformando un viaje corporativo en una experiencia de ocio mucho más prolongada acercándose a casi una semana.
Tu enfoque holístico incluye tanto al huésped como al personal. ¿Cómo impacta esa visión en la calidad final de la experiencia turística?
El diseño de hospitality exige humildad. Como arquitectos, debemos reconocer que la experiencia del usuario va mucho más allá de la arquitectura y el diseño de interiores. Nuestro trabajo consiste en enmarcar una experiencia. Un hotel debe crear las condiciones para que cada componente de la experiencia funcione de manera armónica: servicio, gastronomía, bienestar, operación y diseño. Por eso prestamos tanta atención a los espacios del personal y a la operación interna como a las áreas visibles para el huésped. Si el equipo trabaja bajo presión innecesaria, con recorridos ineficientes o en espacios mal resueltos, la experiencia final inevitablemente se resiente.
En proyectos de lujo analizamos profundamente los flujos operativos para reducir desplazamientos, minimizar fricciones y optimizar tiempos de respuesta. También es importante comenzar a incorporar similar calidad de luz natural y diseño a áreas como vestuarios y cafeterías del personal. No es inusual que en los hoteles de más lujo, las zonas del personal proponen un contraste algunas veces inmoral entre las áreas de servicio y las servidas. Cuanto más sofisticado es el nivel de lujo, más exigente y sensible se vuelve el huésped frente a cualquier interrupción del servicio. Un personal tratado con mayor respeto impacta directamente en la calidad del servicio.
La excelencia en hospitality no depende únicamente de la estética. Depende de cómo diseño, operación y experiencia humana funcionan como un ecosistema integrado. La pura estética podrá servir para atraer a usuarios que buscan sus nuevos destinos en redes sociales. A la larga, lo que importa no solo es la experiencia tridimensional que genera el habitar el espacio. Lo mas importante es que el usuario se sienta a gusta y repita su estadía. Esto último es el verdadero impacto que buscamos y el que mas motiva a nuestros clientes.
Has trabajado en mercados muy diversos como Asia, Oriente Medio o Europa. ¿Qué patrones comunes has identificado en las expectativas del turista global de alto nivel?
Hoy convivimos con múltiples interpretaciones del lujo: el lujo clásico, el experiencial, el ostentoso, el temático o el ultra discreto. Son universos paralelos que responden a perfiles culturales y emocionales muy distintos. Sin embargo, el segmento de lujo con el que nosotros nos sentimos más identificados ha evolucionado claramente: el foco ya no está únicamente en la monumentalidad arquitectónica o en la opulencia visual, sino en la calidad emocional de la experiencia. El viajero sofisticado actual busca Busca experiencias memorables, empáticas y transformadoras. Un lujo más silencioso, más elegante y mucho más consciente.
También observamos una necesidad creciente de desconexión frente a una vida cada vez más acelerada y digital. Nuestros proyectos intentan convertirse en espacios de inspiración, pausa y regeneración emocional. De alguna manera, el verdadero lujo contemporáneo ya no consiste únicamente en “tener”, sino en “sentir” y “ser”. En otras palabras mas mundanas, que los “sourvenirs” que traemos a la vuelta de nuestro viaje no sean meramente materiales…
En de hoteles históricos como el Taj Mahal Palace, ¿cómo equilibras la preservación del legado con las necesidades del viajero más contemporáneo?
No considero que exista una contradicción entre patrimonio histórico y hospitalidad contemporánea. Un edificio histórico puede y debe evolucionar sin perder su identidad.
Hoy contamos con tecnologías inalámbricas, sistemas domóticos y soluciones de integración mucho más sofisticadas que permiten actualizar la experiencia del huésped sin intervenir agresivamente sobre la arquitectura original.
La clave está en entender qué elementos representan verdaderamente el alma del lugar y protegerlos cuidadosamente, mientras se incorporan nuevas capas de confort, funcionalidad y tecnología de manera casi invisible.
Cuando una intervención logra preservar la emoción del pasado mientras responde a las expectativas actuales del viajero, el equilibrio funciona naturalmente.
Estás actualmente diseñando proyectos como el Nobu Madrid o un resort en Maldivas con Accor..
Los proyectos de Nobu Madrid y V Villas Maldives representan dos aproximaciones completamente opuestas a la experiencia del lujo, aunque ambos comparten una misma filosofía estratégica: crear propuestas profundamente diferenciadas y emocionalmente memorables.
En el caso de V Villas Maldives, del grupo Accor, trabajamos sobre un resort existente con más de treinta años de antigüedad que había quedado obsoleto tanto a nivel arquitectónico como experiencial. Diseñamos nuevas suites sobre el agua, desarrollamos conceptos gastronómicos, e incorporamos programación específica para días de lluvia, un aspecto extremadamente importante en destinos insulares. Gran parte de nuestra estrategia busca precisamente ayudar a los operadores a incrementar su ADR (la tarifa promedio diaria)
Nobu Madrid respondió a una lógica completamente distinta. Allí diseñamos todas las áreas públicas del hotel a partir de un edificio modernista con una protección media sobre la calle Alcalá.
La estrategia consistió en crear una experiencia urbana contemporánea con una fuerte identidad gastronómica y social. Desarrollamos un restaurante de triple altura que actúa como corazón emocional del proyecto, concebido para complementar la cocina de Nobu Matsuhisa sin competir con ella. Cada nivel ofrece una atmósfera distinta: un lounge más relajado en planta baja, una experiencia gastronómica más teatral alrededor de la cocina abierta en el nivel superior y un espacio nocturno más desenfadado en el subsuelo para extender la experiencia después de la cena. El rooftop, con vistas privilegiadas hacia Cibeles y la Puerta del Sol, fue diseñado desde una mirada atemporal y paisajística, evitando competir con la extraordinaria arquitectura histórica de Madrid.
Defiendes la transformación y flexibilidad de los espacios. En términos turísticos, ¿cómo contribuye esta adaptabilidad a la rentabilidad y longevidad de un destino o activo hotelero?
La flexibilidad es uno de los pilares fundamentales de nuestra filosofía de diseño. Nos negamos a pensar que la apertura de un hotel marca el final de su evolución. Creemos en una arquitectura viva, capaz de transformarse con el tiempo. Vivimos en una sociedad extremadamente cambiante, donde los hábitos de consumo, trabajo y ocio evolucionan constantemente. Resulta cada vez más difícil diseñar espacios estáticos para un mundo que cambia a gran velocidad. Por eso defendemos una arquitectura preparada para absorber nuevas funciones, operadores, rituales y tecnologías con la menor cantidad posible de intervención física. Pero quizás lo más importante es que un espacio flexible mantiene su relevancia emocional en el tiempo. Y en hospitality, la conexión emocional sigue siendo el principal motor de fidelización y rentabilidad a largo plazo.

