Después de explorar Langkawi durante tres semanas, toca darle mimos al Sofía. He reservado un amarre en una marina para sacar el barco fuera del agua durante una semana y realizar algunos trabajos de mantenimiento. La marina está en el centro de una pequeña isla situada a dos millas al oeste de Langkawi. Se entra a través de un canal estrecho serpenteante rodeado de árboles, donde los monos ejercen de vigilantes de la entrada. Llego a la marina un día antes de la varada para organizar un poco los trabajos y preparar el barco.
Nunca había sacado al Sofía fuera del agua fuera de España, y esta vez lo haré en Malasia. Me detengo unos segundos, lo pienso con calma y me explota la cabeza. Jamás habría imaginado que algún día estaría realizando tareas de mantenimiento en tierra en Malasia. A las 09:00 de la mañana del día siguiente entro de popa en el foso, donde el travel lift, la grúa que me subirá a tierra, me espera junto a los operarios. Hace un calor intenso porque no corre ni una gota de aire, lo que facilita la maniobra. Al entrar en el foso, primero lanzo los cabos de popa a los operarios de tierra y, después, corro a proa para entregar los otros dos.
De esta forma, el Sofía queda amarrado con cuatro cabos y los operarios pueden centrarlo para que las cinchas del travel lift pasen por la posición correcta. Un buzo comprueba que todo esté en su sitio. El Sofía va ascendiendo poco a poco y dejando el mar para descansar una semana en tierra. Desde mayo de 2024 no lo sacaba fuera del agua y, para mi sorpresa, no está tan sucio como esperaba. La parte con más algas e incrustaciones es la hélice. Tras un lavado a presión, el travel lift transporta al Sofía hasta su lugar de trabajo, donde será apoyado sobre su cuna y descansará mientras lijo y pinto el casco y la hélice. Voy a comprar bebidas para todos los operarios, pero las rechazan porque estamos en pleno Ramadán. Paso una semana dura de trabajo.
Lijar la patente con mono y máscara de protección bajo el clima tropical es agotador. Después toca limpiar el casco con agua antes de aplicar dos manos de patente nueva, lijar la hélice para aplicar el nuevo antiincrustante, eliminar el óxido de los desagües de la caja del ancla y del escape y, por último, limpiar la línea de flotación, donde siempre queda algo de alga incrustada. Trabajo terminado. La satisfacción de ver al Sofía con un buen lavado de cara, es increíble, y más aún cuando lo has hecho tú solo. Al quinto día por la tarde me planto delante de ella para contemplarla. Todo el trabajo está finalizado y se me pone la piel de gallina. Lista para volver al agua.
Ahora está preparada para afrontar el océano Índico. Mañana por la mañana volveremos al agua. Qué ganas de regresar a la vida flotando. Decido permanecer unos días más en la marina para descansar después de las jornadas de trabajo, antes de afrontar de nuevo el estrecho de Malaca. La idea es llegar hasta el estrecho de Sunda, entre Java y Sumatra, y desde allí, comenzar la travesía del Índico. Paso unos tres días ordenando y limpiando el interior del Sofía, además de disfrutando de las instalaciones de la marina: piscina, playa y algo de tiempo para mí. Durante mi estancia, paso mucho tiempo con Toby, un australiano de cincuenta y tantos años que está dando su segunda vuelta al mundo.
Durante el día, cada uno trabaja en su barco y nos ayudamos mutuamente cuando es necesario. Cada noche, nos reunimos en su barco y montamos buenas barbacoas: mazorcas, patatas asadas, carne y ensalada. Charlamos hasta altas horas de la noche sobre todo tipo de historias. Él trabaja dos meses al año en un buque mercante y después dispone de varios meses libres que aprovecha para navegar. Esta temporada, va a reemplazar el motor. Es el tipo de persona que siempre está dispuesto a ayudarte en cualquier cosa y, sobre todo, a invitarte a tantas rondas como quieras o seas capaz de aguantar.
La despedida con Toby me cuesta. Hemos hecho muy buena amistad y he aprendido mucho de él. Echaré de menos las noches de barbacoa y conversación. Es momento de dejar atrás las comodidades de la marina y emprender el camino hacia el inicio del Índico, el próximo gran objetivo. Tomo el último café a bordo con Toby, me ayuda a desatracar y pongo rumbo al sur. Otra vez a solas: el Sofía, yo y el temido estrecho de Malaca.

