Con Madrid completamente volcada en el amarillo característico del Vaticano y en plena efervescencia por la histórica visita de León XIV, los reyes Felipe VI y Letizia han sido los encargados de recibir al Pontífice en el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas. La llegada, marcada por los honores oficiales y una gran expectación, ha tenido como protagonista a la Reina, que ha vuelto a apostar por uno de los vestidos más elegantes de su vestidor: un diseño blanco de The 2nd Skin Co. ya utilizado en ocasiones anteriores, como en su visita a Egipto el septiembre pasado.
La ciudad se ha transformado para la ocasión. El amarillo vaticano ha inundado Madrid en marquesinas, pantallas, autobuses y edificios emblemáticos, convirtiendo la capital en un escenario simbólico de esta visita histórica. Sin embargo, más allá de ese color dominante, la atención también se ha centrado en el blanco elegido por la Reina, una tonalidad que encierra un significado mucho más profundo de lo puramente estético.
Ese significado se encuentra en el llamado “privilegio del blanco”, un protocolo reservado a un grupo muy reducido de reinas católicas que pueden vestir de este color en presencia del Papa. Frente a la norma general del negro para las audiencias con el jefe de la Iglesia católica, este permiso constituye una excepción cargada de tradición, historia y simbolismo dentro de la Santa Sede.
El uso del blanco por parte de Letizia no es un gesto individual, sino institucional. Representa la continuidad histórica entre determinadas monarquías y el Vaticano, así como los vínculos que durante siglos han unido a estas casas reales con la Iglesia católica. Por ello, cada aparición de la Reina vestida de blanco ante el Papa trasciende la moda y se convierte en un mensaje diplomático de tradición y legitimidad histórica.
Para esta recepción, la Reina ha reforzado ese simbolismo con una elección de moda especialmente cuidada. Ha recuperado un vestido blanco de la firma española The 2nd Skin Co., confeccionado en guipur, con cuello caja, manga larga y una falda con volumen que contrasta con un cuerpo más ajustado. El conjunto, ya lucido en el pasado, refleja su apuesta por reutilizar prendas significativas en actos de gran relevancia internacional.
El estilismo se ha completado con accesorios discretos y acordes al protocolo. Letizia ha optado por zapatos destalonados de tacón bajo de Magrit y joyas muy sobrias, limitadas a unos pendientes pequeños y su anillo de Coreterno. En el plano de belleza, ha llevado el cabello suelto y liso, recogido detrás de las orejas, junto a un maquillaje natural que refuerza la sobriedad del conjunto.
Actualmente, el “privilegio del blanco” es compartido por solo siete mujeres de la realeza, entre ellas la Reina Letizia, la Reina Sofía, Matilde de Bélgica o Charlène de Mónaco. Se trata de una concesión simbólica otorgada por la Santa Sede como reconocimiento a la fidelidad histórica de ciertas casas reales al catolicismo. En este contexto, la visita de los Reyes continuará con varios actos oficiales, incluida la misa en Cibeles y su posterior desplazamiento a Barcelona, donde se celebrará otra ceremonia en la Sagrada Familia.

