Opinión Laura Encina

Y tú, ¿qué haces cuando sueñas?

Cuando la vida te desmonta los planes, muchas veces lo hace porque existe algo mucho más grande esperándote al otro lado de lo que todavía no comprendes.

A finales de marzo tenía previsto viajar a Nueva York para asistir a una cena de embajadores vinculada a Naciones Unidas y dar una ponencia sobre violencia económica. Era uno de esos viajes que simbolizan mucho más que trabajo. Representaba años de esfuerzo, de exposición y de lucha por dar voz a una realidad silenciosa que afecta a millones de personas.

Pero unos cambios de agenda hicieron que aquella intervención se aplazara hasta noviembre y, en ese momento, decidí cancelar el viaje. Había algo en España que me hacía muchísima ilusión y sentía que debía quedarme.

Sin embargo, aquello desapareció de la noche a la mañana y sin ninguna explicación.

Recuerdo sentirme completamente perdida. Sin entender nada. Sin saber qué hacer con todo aquello que acababa de romperse delante de mí. Y, aun así, decidí confiar. Confiar en que, incluso cuando la vida te desmonta los planes, muchas veces lo hace porque existe algo mucho más grande esperándote al otro lado de lo que todavía no comprendes. 

Así que, con menos de 24 horas de antelación, compré aquel avión rumbo a Nueva York. Y ese viaje cambió mi vida, porque allí conocí a una persona, mitad coreano y mitad portugués, que me habló del propósito, de las heridas emocionales y de cómo mi misión consistía en unir dos mundos aparentemente opuestos: el racional y el irracional.

Recuerdo perfectamente una frase que me dijo: “Pronto lo entenderás”.

Al día siguiente tuve un sueño. Y no era un sueño cualquiera.

Desde el fallecimiento de mi madre hacía más de dos años que prácticamente había dejado de soñar. Pero aquella noche fue distinta. En ese sueño aparecía precisamente la persona por la cual había decidido cancelar inicialmente el viaje a Nueva York. Después de meses sin saber nada, nos reencontrábamos y, entonces, sucedía algo inesperado: me entregaban un premio por haber creado una aplicación financiera capaz de cambiar no solo las cuentas corrientes de millones de mujeres, sino también el rumbo de sus vidas.

Cuando desperté sentí algo imposible de explicar. Sabía que aquella noche había ocurrido algo importante. Así que me senté a meditar para intentar recordar cada detalle. Y entonces llegaron las imágenes, las ideas, la visión completa. Cogí un cuaderno y empecé a escribir compulsivamente todo lo que venía a mi cabeza. Horas más tarde ya estaba haciendo llamadas.

La primera fue a Natalia, la persona que hoy lidera la parte tecnológica de la startup. Y así empezó todo. Lo que vino después fue un auténtico vértigo de decisiones, reuniones, estrategia y acción masiva.

En menos de 60 días hemos construido un equipo de siete personas, desarrollado el business plan completo, levantado una ronda inicial de 300.000 euros, creado la identidad de marca y lanzado el MVP de este proyecto, Orba, al mercado.

Pero quizá lo más importante no es lo que hemos construido… sino cómo lo hemos construido. Porque Orba no nace únicamente desde la tecnología. Nace desde una visión profundamente humana. Porque es la primera plataforma de bienestar financiero emocional.

Orba es aplicación que une inteligencia artificial, astrología, comportamiento humano e inteligencia creativa para ayudar a las personas a entender no solo qué hacen con su dinero, sino por qué lo hacen.

Porque detrás de cada decisión financiera hay heridas, patrones transgeneracionales, creencias, miedos y una historia emocional que condiciona completamente nuestra relación con la abundancia, el merecimiento y la libertad.

Y quizá ahí está la verdadera revolución. En utilizar la inteligencia artificial no para sustituir al ser humano, sino para comprenderlo mejor. Para acelerar procesos, automatizar tareas y permitirnos dedicar más tiempo a escuchar, crear y entender las verdaderas necesidades de las personas.

Porque el futuro no será únicamente tecnológico. Será profundamente humano.

Muchas personas esperan años para sentirse preparadas. Nosotros decidimos empezar antes de tener todas las respuestas. Y quizá esa ha sido la clave de todo: entender que algunos proyectos no nacen desde la lógica. Nacen desde la intuición, desde el propósito y desde el valor de actuar incluso cuando todavía no eres capaz de explicar completamente lo que estás construyendo.

No sé si los sueños existen para predecir el futuro o para empujarnos a crearlo, pero si algún día Orba gana ese premio… quizá entonces descubra por qué ella también estaba allí aquella noche.

Y tú… ¿qué haces cuando sueñas?

Laura Encina, fundadora y CEO de Orba