Hace apenas una década, pedir un café y una pieza de bollería era un gesto rutinario. Hoy se ha convertido en una experiencia. El consumidor sabe distinguir un café de especialidad, pregunta por las fermentaciones de una masa o es capaz de recorrer media ciudad para probar el panettone del que todo el mundo habla. La cafetería ha dejado de ser un lugar de paso para convertirse en un destino. Y pocos nombres han contribuido tanto a elevar la conversación sobre la pastelería en España como Oriol Balaguer.
Ahora, el maestro pastelero quiere aprovechar precisamente ese cambio de hábitos para dar un paso que trasciende la alta gastronomía: convertir su universo creativo en una cadena de coffee & bakery con vocación nacional e internacional.
Durante más de tres décadas, el pastelero catalán ha convertido la precisión técnica, la creatividad y el respeto por el producto en una firma reconocible dentro y fuera de España. Sus panettones se agotan cada temporada, sus creaciones han sido premiadas internacionalmente y su nombre figura desde hace años entre los referentes de la alta pastelería europea. Ahora quiere llevar parte de ese universo mucho más lejos.
El chef y empresario acaba de presentar Balaguer Coffee & Bakery, un nuevo concepto con el que aspira a acercar la pastelería de autor al consumo diario y construir una red de 35 establecimientos en los próximos dos años. El objetivo es alcanzar una facturación de ocho millones de euros en 2028 y abrir una nueva etapa para una marca que hasta ahora había estado asociada principalmente a la excelencia gastronómica.
Pero detrás de la expansión hay una idea mucho más interesante que los propios números. La convicción de que el lujo gastronómico del siglo XXI ya no se mide únicamente por la exclusividad. También por la frecuencia.
Del momento especial al ritual diario
Durante años, la alta pastelería ha vivido ligada a celebraciones, regalos o acontecimientos concretos. Balaguer quiere cambiar esa lógica.
La nueva cadena nace con la intención de incorporar al día a día parte de los códigos que han definido su trayectoria profesional: producto cuidado, elaboración técnica y una búsqueda constante del equilibrio entre tradición e innovación.
El primer establecimiento, situado en la madrileña calle Príncipe de Vergara, ha servido durante meses como laboratorio para afinar una propuesta que combina bollería, chocolatería, heladería y pastelería con una oferta de café especialmente trabajada y una selección de productos salados pensados para ampliar los momentos de consumo.
La idea es sencilla: convertir una pausa para el café en una experiencia gastronómica mucho más completa.
Un mercado que vive su edad de oro
El lanzamiento llega además en un momento especialmente favorable. El café ha dejado de ser un producto funcional para convertirse en una categoría aspiracional. El auge de las cafeterías especializadas, la cultura del brunch y la creciente búsqueda de experiencias gastronómicas accesibles han transformado profundamente los hábitos de consumo urbanos.
En paralelo, el consumidor muestra cada vez más interés por propuestas capaces de combinar calidad, diseño y autenticidad. Es precisamente en ese punto donde Balaguer cree que existe espacio para una nueva generación de establecimientos que no compitan únicamente por precio o conveniencia, sino también por producto y reputación.
Las previsiones de la compañía apuntan a una facturación media de entre 450.000 y 500.000 euros por local durante su primer año de funcionamiento, mientras que la red espera alcanzar unas ventas de 1,5 millones de euros ya en 2026.
Crecer sin perder la esencia
Para desarrollar el proyecto, Balaguer se ha asociado con Adrián Raguza, empresario especializado en expansión comercial y franquicias. La estrategia contempla un crecimiento principalmente franquiciado, con inversiones medias de 250.000 euros por establecimiento y formatos flexibles que incluyen desde locales tradicionales hasta córners, islas comerciales o food trucks.
La prioridad inmediata pasa por consolidar presencia en ciudades como Barcelona, Valencia, Sevilla o Bilbao. Después llegará la internacionalización.
Mercados como Francia, Italia, Portugal, América Latina, Florida o Dubái forman parte ya de la hoja de ruta de una marca que aspira a convertir un nombre consolidado de la gastronomía española en un operador con proyección global.
Una nueva forma de entender la pastelería
Lo verdaderamente interesante de Balaguer Coffee & Bakery quizá no sea la velocidad de su expansión ni sus previsiones de crecimiento. Es el cambio cultural que propone.
Durante décadas, la alta pastelería ha sido un destino. Un lugar al que se acudía en ocasiones concretas. Ahora Oriol Balaguer quiere que se convierta en compañía. Que forme parte de la rutina. Del desayuno improvisado. De la reunión de media mañana. Del café después de comer. Del pequeño momento de disfrute que transforma un día normal en uno mejor.
Y quizá ahí resida la verdadera ambición del proyecto. No llevar más cafeterías a las ciudades. Sino llevar la mirada de uno de los grandes maestros de la pastelería contemporánea a la vida cotidiana de miles de personas. Porque cuando una firma gastronómica consigue formar parte de los hábitos diarios, deja de ser únicamente una marca. Empieza a convertirse en cultura.

