Pedro Buerbaum (Tenerife, 1995) habla rápido, pero con bastante precisión. Apenas han pasado unos minutos desde que se ha sentado en una de las salas de Forbes House y ya está desgranando las piezas del modelo que ha construido alrededor de su nombre. Lo hace casi anticipándose a las preguntas, como si llevara tiempo ordenando en su cabeza algo que ahora empieza a tomar forma hacia fuera. Muchos le conocen por su podcast, Worldcast —donde conversa con perfiles muy distintos, desde creadores digitales hasta figuras públicas—, pero lo que hay detrás es otra cosa. O varias, en realidad.
Su contenido no evita temas que suelen generar fricción, aunque él insiste en que su intención nunca fue convertirse en una voz especialmente polarizadora, sino entender mejor ciertas cuestiones a través de la conversación. Aprovechando uno de sus pasos por Madrid —reside en República Dominicana desde hace algo más de un año, en un movimiento que responde tanto a una decisión personal como a su forma de entender el negocio—, le recibimos en el primer club privado de Forbes en el mundo para entender cómo ha llegado hasta aquí y, sobre todo, qué está construyendo ahora. Un entramado que combina marca personal, inversión y nuevos proyectos, y que responde a una lógica mucho más estructurada de lo que podría parecer a simple vista.
Tu proyecto va hoy mucho más allá del contenido. ¿Qué está construyendo Pedro Buerbaum exactamente ahora?
Un ecosistema de negocios que, en el fondo, funciona siempre con la misma lógica. La marca personal es una parte importante, pero no tanto por el tráfico orgánico que genera, sino por la autoridad que construye y por cómo eso impacta en el resto. A partir de ahí, el contenido es solo una pieza más. Está el podcast, están las redes, pero alrededor hay distintos proyectos: Casa Caoba, centrado en inversión inmobiliaria en República Dominicana; AKKA, como club de inversión en startups; y ahora estoy lanzando Escala, que sale estos días. Este último, en realidad, es el que engloba todo lo anterior. Es la metodología que utilizo en el resto de compañías llevada a formato consultora. Porque, vistos desde dentro, todos los negocios funcionan de la misma manera: hay un producto o servicio con margen, un sistema de adquisición de clientes y una estructura que permite escalar.
Dicho así parece muy sencillo…
Todo sistema es replicable. Por ejemplo, en mi caso, una venta de cada propiedad que vendo en República Dominicana me puede dejar una comisión en torno a los 15.000 dólares, mientras que adquirir ese cliente me cuesta unos 200 o 250. Luego tienes equipo, costes… pero aun así queda un margen importante que puedes reinvertir en publicidad. Y ahí está la clave: la publicidad te permite crecer sin techo. El contenido te da atención gratuita, pero también puedes comprar atención. Y eso es mucho más predecible. Puedes controlar cuánto inviertes, cuánto entra y escalar en función de tu capacidad operativa.
¿Y por dentro cómo funciona ese modelo?
Para mí eso se traduce en cuatro engranajes. El primero es la atracción: tienes que traer gente a tu negocio. Si no, eres invisible. Puedes tener el mejor producto, pero si no te ve nadie, da igual. Luego está la conversión. Te entra un lead y tienes que convertirlo en cliente. Y ahí hay varias métricas clave: cuánto tardas en contactar, qué porcentaje agenda una llamada, cuántos aparecen, cuánto conviertes y cuánto valor te deja ese cliente en el tiempo. Después está la operativa, que es todo lo interno: equipo, sistemas, procesos… porque si no, no puedes escalar. Y por último está la entrega, que es el producto o servicio en sí. Si eso falla, da igual todo lo demás.
Antes, con La Pollería —uno de sus primeros proyectos, vinculado a la hostelería—, vendías un producto apoyándote en la atención. Ahora parece que la propia atención se ha convertido en el activo central. ¿Cómo cambia eso la forma de entender el negocio?
Mucha gente piensa que el cambio viene con el podcast, pero en realidad viene de antes. Yo estaba en Londres trabajando de delivery, repartiendo comida en bici, y empecé a fijarme en muchos negocios pequeños que siempre tenían cola. Eran locales muy simples, de tres metros, que vendían una sola cosa: magdalenas, cookies, lo que fuera. Pero todo el mundo salía haciendo fotos y compartiéndolas. Entonces entendí que el producto no era solo el producto, sino la atención que generaba.
La Pollería nace de esa idea. Era un negocio pensado para llamar la atención y hacer que el cliente hiciera parte del trabajo de difusión. Pero ahí pasa algo importante: generas audiencia, pero no necesariamente comunidad. Ese es el cambio. Cuando llevas esa lógica a una marca personal, ya no es solo gente que pasa, sino gente que se queda. Empiezas a construir una relación, y eso cambia completamente el modelo.
Desde entonces, formas parte de una nueva generación de empresarios que construyen directamente desde internet, frente a un modelo más tradicional.
Los engranajes son los mismos. Eso no cambia. Pero sí se potencia todo mucho más. Al final, los seres humanos están diseñados para conectar con personas, no con marcas abstractas. Y cuando construyes desde una marca personal, lo cambias todo. Un ejemplo claro es el de Tim Cook. Es el CEO de Apple, una de las marcas más reconocidas del mundo, y aun así tiene menos visibilidad que otros perfiles mucho más expuestos. Todo el mundo conoce Apple, pero a él no necesariamente. Sin embargo, alguien como Elon Musk tiene más seguidores que muchas marcas, porque la gente conecta con la persona. Y eso cada vez se ve más. Hay empresas que ya están buscando perfiles para posicionar directamente al CEO, para que sea la cara visible del proyecto. Incluso a nosotros nos escriben compañías grandes para que sus directivos vengan al podcast. Al final, construir desde una marca personal le da una dimensión mucho más potente al negocio, porque introduces ese componente humano que antes no existía.
¿Dónde dirías que se construye esa conexión: en el formato largo (podcast) o en el corto (clips de redes)?
Son complementarios. El corto tiene muchas más impresiones y te permite llegar a mucha gente, pero no construye una relación. Es más bien una puerta de entrada. El largo es donde realmente se genera ese vínculo. Cuando alguien ha pasado horas escuchándote —en el coche, caminando o en su día a día—, la relación que se crea es completamente distinta. A mí hay gente que se me ha acercado por la calle y me ha hablado como si me conociera de toda la vida. Eso no viene del contenido corto, viene del largo. Por eso los veo como dos capas que trabajan juntas: el corto genera curiosidad y alcance; el largo es lo que construye la relación. Sin el corto, el largo no crecería, pero sin el largo, esa relación no existiría.
Mucha gente puede tener audiencia, pero no todo el mundo convierte eso en comunidad o en inversión. ¿Qué marca la diferencia ahí?
La mayoría de la gente tiene audiencia, pero muy poca tiene autoridad. Y no es lo mismo. Puedes caer bien, generar cercanía o incluso confianza, pero la autoridad es otra cosa: es que la gente te perciba como el vehículo adecuado para llevarles de un punto A a un punto B. Ahí es donde está la diferencia. Porque es lo que realmente te permite convertir. Un ejemplo claro: alguien que comenta contenido sobre artes marciales puede tener cientos de miles de seguidores, pero no necesariamente va a poder vender nada relacionado con ese mundo. En cambio, alguien con menos seguidores, pero con experiencia real, sí tiene esa autoridad.
También tratas temas, como relaciones o dinámicas sociales, que generan mucha tracción. ¿Qué papel juegan dentro de tu estrategia de contenido?
Soy bastante egoísta con los invitados. Suelo traer a gente con la que a mí me apetece hablar. El podcast forma parte del negocio, pero no es mi pilar principal. Si mañana me dicen que deje de traer a alguien a cambio de más patrocinio, no lo haría. A partir de ahí, es verdad que hay temas que sabes que funcionan mejor que otros. Si algo me interesa y además genera tracción, perfecto. Pero no parto de una estrategia cerrada. Por ejemplo, hay cosas que ves a tu alrededor —como ahora con los péptidos o determinados temas de salud— y te generan curiosidad. Y ahí es cuando decides traer a alguien que te lo explique bien.
Y tú, ¿cómo te definirías?
Yo me siento más emprendedor que otra cosa. No me veo como periodista. Muchas veces no preparo las entrevistas, no sigo una estructura cerrada… simplemente me siento a hablar con alguien y a ver qué sale. El podcast es una parte más de todo lo que hago, pero no es el centro. Para mí es una herramienta dentro de un conjunto más amplio.

