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Rafael Bengoa, exasesor de Obama: «La única vía para reformar la sanidad en España será el oportunismo inteligente»

Es uno de los mayores expertos en transformación sanitaria. Advierte que estamos evolucionando hacia “una sanidad a dos velocidades” y defiende que la transformación real del Sistema Nacional de Salud no llegará desde una gran reforma política

Rafael Bengoa, médico español

Nuestro sistema sanitario siempre será uno de los grandes logros de la democracia. Sin embargo, actualmente funciona bajo un marco burocrático “congelado” que dificulta incorporar la medicina del siglo XXI, atraer talento y responder al gran desafío epidemiológico actual, que es la cronicidad. Esta situación, invita a pensar en que es necesaria una estrategia nacional ambiciosa o un gran pacto político. Sin embargo, los mayores expertos en gestión sanitaria defienden que el “reseteo” que necesita el sistema sanitario no vendrá desde la política nacional, sino desde la capacidad del propio sistema para reinventarse desde dentro.

Así lo ha explicado Rafael Bengoa en esta entrevista con Forbes Health. Médico, incorporado como Senior Fellow de Harvard, es un referente internacional en políticas de salud. Fue consejero de Sanidad del Gobierno vasco y director de Sistemas de Salud en la Organización Mundial de la Salud. Además, ha asesorado a gobiernos e instituciones internacionales en procesos de transformación sanitaria. De hecho, fue el asesor de la reforma sanitaria de Obama.

Esta extensa y prestigiosa trayectoria permite considerar a Bengoa como una de las voces con mayor autoridad para valorar cuáles son los cambios estructurales que España deberá afrontar si quiere preservar un sistema público sostenible, innovador y equitativo de cara a las próximas décadas.

Nuestro sistema sanitario lleva décadas siendo uno de los grandes pilares del Estado del bienestar en España, pero las necesidades de atención han cambiado. ¿Considera que ha quedado obsoleto?

Nuestro sistema sanitario es el símbolo de la equidad de la era democrática de España. Exactamente, hoy en día, es un modelo inadaptado a los tiempos. Está tensionado por presiones externas (demografía, cronicidad, demanda exponencial), pero también por causas internas. Siendo más concreto sobre estas últimas, cabe decir que el sistema público está teniendo dificultades operativas y de sostenibilidad en todas las CCAA. La razón está relacionada con la gestión del sector público y que los gobiernos y sindicatos tienden a menospreciar. Es la falta de flexibilidad de la gestión en el sector público, la rigidez burocrática del día a día en los hospitales y centros de salud.

Así, estamos ante un Sistema Nacional de Salud que garantiza la equidad, pero está “congelado” en un marco burocrático sujeto al derecho administrativo y desincentivador que impide organizar la medicina de este siglo, impide incorporar los enormes avances de las ciencias de la vida y la tecnología y atraer y retener talento en el sector público.

Por lo que, diría que está tensionado, pero no roto. Necesita un “reseteo”. Y sabemos cómo hacer esa reconfiguración.

¿Cómo habría que hacer esa reconfiguración? ¿Sobre qué aspecto opina que habría que poner principalmente el foco?

El modelo asistencial actual sigue focalizado en lo agudo. España atiende muy bien episodios o crisis agudas de enfermedad. Sin embargo, no es el caso con las enfermedades crónicas, que ya definen epidemiológicamente al país. En cronicidad somo más bien reactivos.  Es necesario complementar el modelo de agudos con uno de crónicos que es lo que condiciona la demanda exponencial de hoy sobre el sistema de salud. Por lo tanto, deberíamos avanzar hacia un modelo asistencial mucho más proactivo, que se anticipe a las descompensaciones que sufren miles de enfermos crónicos. Se trata de desarrollar una política organizada en prevención secundaria. Es decir, invertir en la detección temprana para impedir la progresión de una enfermedad.

Entonces, ¿qué indicadores deberíamos priorizar?

Deberíamos poner el foco en indicadores que permitan medir si realmente estamos mejorando la atención y la gestión de los pacientes crónicos. Hablamos tanto de indicadores de salud como de gestión. Una política preventiva bien organizada no solo beneficia a los pacientes —porque mejora sus resultados en salud y evita el deterioro de la enfermedad—, sino que también mejora la gestión de la demanda asistencial y contribuye a reducir desigualdades. Además, todos estos indicadores son medibles y están validados internacionalmente

¿Qué países están reconfigurando mejor sus sistemas sanitarios y qué están haciendo diferente?

Todos los países de nuestro entorno sufren los mismos problemas derivados de la demografía y cronicidad. Muchos han lanzado una trasformación. La diferencia, en nuestro caso, es que para iniciar la transformación necesaria no habrá big- bang ; es decir no habrá una nueva Ley de Sanidad como la del 1986 (Ley de Ernest Lluch) ni tampoco es previsible un acuerdo político entre partidos mayoritarios. Se puede sobreentender de esto que la política en España no está considerando a la Sanidad como una prioridad como en otros países. El “laissez faire” no servirá esta vez. Conviene identificar como avanzar de otra forma.

¿Y ha identificado esas propuestas o modelos concretos que permitan impulsar esa transformación sanitaria en España de manera efectiva?

Si la política no se involucra, creo que la única vía de reformar la sanidad será de abajo hacia arriba. A eso se le puede llamar ‘oportunismo inteligente’. En hospitales, atención primaria y servicios sociales ya existen muchos profesionales y equipos pioneros que están impulsando mejoras asistenciales e innovando en ámbitos como la prevención secundaria o la atención proactiva a pacientes crónicos, incorporando la participación activa del propio paciente y de la comunidad.

La clave estaría en identificar ese conocimiento local, aprovecharlo y ayudar a escalar aquellas iniciativas que están demostrando resultados. Hay mucha energía dentro de la red pública y muchas personas con ideas de cambio aplicadas a sus realidades cotidianas. Se trata de escuchar lo que ya se está haciendo bien y utilizar esa experiencia como motor de transformación.

Evidentemente, esta forma de avanzar no será completamente sistémica y probablemente generará desigualdades geográficas en una primera fase. Pero, al menos, permitirá que determinados territorios sigan avanzando, experimentando y mostrando el camino que otros podrán recorrer después.

Dice que la clave estaría en identificar ese conocimiento local. Si no comenzamos ya, ¿qué factura pagaremos en 2035?

Probablemente avanzaríamos hacia un sistema sanitario a dos velocidades: uno para ricos y otro para pobres. Para quienes puedan permitirse acceder más rápido a la innovación y a determinados servicios, y para quienes dependan exclusivamente de un sistema público. De hecho, creo que ya hemos comenzado a recorrer parcialmente ese camino.

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