Sonia Pardo, periodista y directora de El Arte de Crear, tiene una obsesión profesional: escuchar. Pero escuchar de verdad. Su reto —y quizá lo más difícil— es conseguir que los empresarios se sienten en su sofá y olviden durante unos minutos el cargo, las cifras y la presión del día a día para hablar desde un lugar mucho más personal. En El Arte de Crear —proyecto impulsado con el apoyo de la Fundación CEOE y con El Confidencial como medio oficial— ha conversado recientemente con Andrés Rodríguez, editor de Forbes España. Pero su objetivo no es solo entrevistar empresarios, sino cambiar la forma en que hablamos de ellos. Porque cuando se apartan los números y se crea el clima adecuado para escuchar, lo que aparece no son balances… son historias humanas.
Sonia, ¿cómo nace El Arte de Crear?
De una intuición que me perseguía desde hace años como periodista: hablamos de las empresas con números y titulares rápidos, pero casi nunca contamos lo que ocurre dentro. Las decisiones solitarias, la presión de pagar nóminas, la responsabilidad de sostener equipos.
El Arte de Crear nace para recordar algo muy simple: detrás de cada empresa —grande o pequeña— hay personas con miedos, cicatrices y sueños.
Y cuando escuchas esas historias con calma descubres algo muy poderoso: crear empresa también es una forma de cuidar a los demás.
Pero tú dices que no es solo un programa
No. Es mucho más que un formato audiovisual. Es un movimiento humanista que quiere cambiar el relato empresarial en España.
Por eso creamos el Comité de Management Humanista, presidido por Xavier Marcet, uno de los pensadores empresariales más influyentes de España. Es un espacio donde se sientan algunos de los líderes empresariales, directivos y referentes más relevantes del país, al frente de compañías —muchas de ellas líderes en su sector y referentes globales— que forman parte de nuestro tejido económico y social.
Nos reunimos cuatro veces al año para reflexionar sobre algo muy simple pero profundo: cómo construir empresas auténticas, competitivas… y humanas. Marcet lo resume con una frase que define muy bien el espíritu del comité: “No hay empresas sanas en sociedades enfermas.”
¿y en qué consiste el Premio al Management Humanista?
Lo lanzaremos desde ese comité, con un jurado de primer nivel, para reconocer a los líderes que demuestran que se pueden combinar resultados con ética. La ambición es clara: llevar este movimiento a cada rincón de España. Es un premio para trasladar una idea muy importante: una empresa es una comunidad de personas que comparten un mismo propósito y construyen futuro. Y curiosamente… las empresas que entienden eso suelen ser también las más rentables.
¿Qué mito sobre los empresarios quieres desmontar?
El mito de que el empresario nace privilegiado. Muchas de las historias que escuchamos en el programa empiezan exactamente al revés: personas que salieron de pueblos pequeños, que empezaron con muy poco, que recorrieron cientos de kilómetros buscando una oportunidad.
Un empresario asturiano al que admiro mucho, Belarmino Feito, caminaba más de cuarenta minutos para ir al colegio. Hoy dirige una empresa industrial que trabaja incluso con la NASA. Eso te recuerda algo muy importante: el talento no tiene código postal.
¿Qué historias te han impactado más?
La de Amancio López Seijas, por ejemplo. Salió siendo apenas un adolescente de un pequeño pueblo de Lugo para buscarse la vida. Llegó a Barcelona sin capital ni contactos y empezó desde abajo: pintando paredes, repartiendo publicidad, sirviendo copas y trabajando en recepciones de hotel.
En el sofá de El Arte de Crear me dijo que cuando uno empieza de cero, lo único que tiene es su palabra. Y así, con trabajo, disciplina y credibilidad fue construyendo poco a poco su proyecto hasta levantar Grupo Hotusa y crear Eurostars, hoy una de las mayores cadenas hoteleras de España.
También me marcó mucho Alfonso Jiménez, de Cascajares. Un día su fábrica se quemó completamente. Treinta años de trabajo desaparecieron en apenas 45 minutos. La forma en que lo contó fue muy reveladora. Pensó en abandonar, claro. Pero sabía que muchas familias dependían de esa empresa. Hoy su historia es un ejemplo de algo muy humano: caer, levantarse… y volver más fuerte.
Por eso digo muchas veces que el empresario es, sobre todo, alguien que sabe levantarse.
¿Qué has descubierto detrás de los líderes empresariales?
Que son mucho más vulnerables de lo que imaginamos. Conviven con dudas, con la responsabilidad de decidir y con la incertidumbre de equivocarse. Cuando una decisión sale bien, parece que no pasa nada. Pero cuando sale mal saben que puede afectar a muchas personas.
Recuerdo a un empresario que vio cómo su empresa se desplomaba con la crisis de la construcción. Me confesó que tuvo que ir al psicólogo para mantenerse centrado y encontrar la fuerza para salir adelante. “Abandonar nunca fue una opción”, me dijo. Antes de entrar cada mañana en la oficina daba vueltas por el parking, porque sabía que las decisiones que tenía que tomar iban a ser durísimas.
También aprendí algo muy importante de Rosa Carabel, CEO de Eroski. Me dijo una frase que no se me olvida: “Si te dejas ayudar, eres más competente.” Y lo decía después de tomar decisiones que, como ella misma reconoce, “te duelen en el alma.”
Porque liderar no es hacerlo todo solo. Es confiar en los equipos. Rodearte de personas mejores que tú. Ese es el verdadero motor de las empresas.
Hablas mucho de humanismo empresarial. ¿Qué significa realmente?
Volver a poner a las personas en el centro. Una empresa no puede limitarse a generar resultados. Tiene que generar confianza, cultura, sentido. El management humanista no es una frase bonita para poner en la pared de una oficina. Es una forma exigente de liderazgo: resultados y respeto, competir y cuidar, innovar sin perder la ética.
¿Qué papel juega la tecnología en todo esto?
Un papel enorme… pero no suficiente. Estamos viviendo una revolución tecnológica fascinante: inteligencia artificial, automatización, algoritmos que transforman industrias enteras.
Pero como nos decía Mercedes Oblanca, la presidenta de Accenture, la inteligencia artificial puede darnos respuestas… pero las preguntas importantes siguen siendo humanas. Las máquinas procesan datos. Las personas toman decisiones con criterio. Y en la empresa, el criterio es lo que marca la diferencia.
¿Qué tipo de liderazgo aparece en tus entrevistas?
Muy distinto al estereotipo del jefe autoritario. Son líderes que sirven. Que saben que el poder no está en mandar, sino en influir positivamente. Y cuando escuchas a muchos empresarios descubres algo muy interesante: lo que más valoran no es el talento brillante. Es la buena gente.
De hecho, hay una pregunta que repites siempre…
Sí. Siempre pregunto qué cualidad valoran más en una persona. Y la respuesta casi siempre vuelve al mismo lugar: la bondad.
Puede sonar ingenuo, pero no lo es. Warren Buffett, quizás el mejor inversor de la historia, lo ha dicho muchas veces: nunca haría negocios con malas personas. Un buen negocio lo puede arruinar una mala persona.
El investigador Adam Grant lo confirma: quienes ayudan a otros —los llamados donantes— están sobrerrepresentados entre quienes tienen más éxito a largo plazo. Porque construyen algo que no se puede comprar: confianza. Y en una empresa todo se sostiene sobre eso.
También habéis hablado mucho del mundo rural
Sí, porque es muy importante. José Armando Tellado, CEO de Central Lechera Asturiana, lo dijo de una forma muy clara: el campo no es la España vaciada… es la España que nos da de comer.
Detrás de cada alimento hay ganaderos, familias, pueblos enteros. Durante la pandemia lo vimos: cuando todo se paró, la cadena alimentaria siguió funcionando. La economía real muchas veces empieza lejos de los grandes despachos.
También has entrevistado a Andrés Rodríguez, el editor de Forbes
Sí, y me parece un caso fascinante. Andrés representa algo que en España necesitamos mucho: el emprendedor cultural.
Traer Forbes a España no era fácil. Crear medios hoy es uno de los negocios más complejos que existen. Y, sin embargo, ha construido una empresa editorial que combina prestigio, talento y comunidad.
Lo que más me gusta de él es su capacidad de emocionar cuando cuenta su historia. Detrás del editor hay un periodista que sigue creyendo profundamente en el poder de las ideas y del buen periodismo. En el fondo, Andrés demuestra algo muy bonito: también se puede emprender creando pensamiento, cultura y conversación pública.
España no siempre ha tenido una buena relación con el empresario
Es verdad. Durante años hemos mirado la empresa con cierta desconfianza. Y sin embargo los empresarios son quienes crean empleo, innovación y riqueza. Son quienes levantan proyectos que sostienen ciudades enteras. Si no entendemos ese esfuerzo, es muy difícil construir orgullo colectivo. Pero, sobre todo, es aún más difícil crear riqueza y mantener algo tan importante como nuestro Estado del Bienestar.
¿Qué te gustaría que sintiera alguien al ver El Arte de Crear?
Inspiración, sobre todo a los más jóvenes. Que entiendan que hacer empresa en España es posible. Que muchas personas empezaron desde cero y construyeron proyectos extraordinarios. Y que detrás de cada empresa hay historias de familia, vocación y sacrificio. Porque crear empresa no es solo economía, que también, es construir país y progreso.
Si tuvieras que resumir El Arte de Crear en una frase…
Diría algo muy simple. Las empresas no son cifras. Son personas. Y cuando escuchas esas historias con atención descubres algo maravilloso: crear también es una forma de amar lo que haces… y de cuidar el mundo que compartimos.
Sonia, para acabar, danos cinco claves del manifiesto de El Arte de Crear para nuestros lectores de Forbes:
1. La confianza no es un valor más: es el cimiento sobre el que se construye todo lo demás.
2. Las empresas no son estructuras: son personas. Y ahí empieza —y termina— todo.
3. El propósito no es una declaración. Es lo que guía cada decisión cuando nadie está mirando.
4. El liderazgo no consiste en destacar, sino en hacer crecer a otros. Porque una empresa no avanza por lo que sabe su líder, sino por lo que son capaces de hacer sus equipos.
5. El beneficio es condición necesaria. Pero una empresa solo adquiere sentido cuando contribuye, cuando mejora algo, cuando deja a las personas mejor de lo que las encontró.

