Formentera vuelve a mover ficha para proteger uno de sus mayores activos: el paisaje. La isla activará este mes un nuevo dispositivo de regulación del tráfico en algunos de sus espacios naturales más sensibles, endureciendo el acceso de vehículos privados a enclaves emblemáticos como Ses Illetes, Caló des Mort, es Ram o el faro des Cap Barbaria.
La medida, que comenzará el 10 de mayo en la zona de Ses Illetes y se ampliará el día 15 a otros puntos estratégicos del litoral, responde a una realidad cada vez más evidente en Baleares: la presión turística ya no se concentra únicamente en julio y agosto, sino que se extiende prácticamente durante toda la temporada alta ampliada.
El objetivo oficial es doble: preservar ecosistemas especialmente vulnerables y ordenar la movilidad en áreas donde la saturación de vehículos llevaba años generando problemas ambientales, de seguridad y convivencia.
En la práctica, Formentera está consolidando un modelo que prioriza el acceso controlado frente al turismo masivo de libre circulación. Una estrategia que conecta con las políticas que otras islas mediterráneas empiezan también a explorar ante el crecimiento sostenido del turismo postpandemia.
En el caso del faro des Cap Barbaria, uno de los lugares más fotografiados y visitados de la isla, se habilitará un aparcamiento limitado antes de la barrera de acceso con capacidad para 60 coches y 100 motocicletas. A partir de ahí, el trayecto deberá realizarse a pie o en bicicleta, reforzando así la idea de una experiencia más pausada y menos invasiva sobre el territorio.
La regulación también afectará a Caló des Mort y es Ram, dos de los puntos más delicados del litoral formenterense, donde se intensificarán los controles de estacionamiento y se restringirá el aparcamiento en zonas protegidas. Las autoridades permitirán únicamente paradas breves para dejar pasajeros, mientras que Policía Local, Guardia Civil y controladores podrán sancionar o retirar vehículos que incumplan la normativa.
Más allá de la movilidad, el movimiento refleja un cambio de fondo en el posicionamiento turístico de Formentera. La isla hace tiempo que dejó de competir en volumen para hacerlo en conservación, exclusividad y experiencia. Y eso implica asumir restricciones que hace una década habrían sido difíciles de aplicar en pleno crecimiento turístico.
El control de acceso en Ses Illetes, gestionado por la empresa pública IBIFOR, se adaptará además a la afluencia de visitantes según la época del año, ampliando el periodo regulado hasta octubre para responder al incremento de viajeros fuera de temporada.
Los horarios variarán según los meses, alcanzando su máxima intensidad entre julio y agosto, cuando algunos aparcamientos permanecerán regulados hasta las 21 horas.
Con estas medidas, Formentera refuerza una tendencia cada vez más visible en Baleares: el paso de un modelo basado en capacidad ilimitada hacia otro donde el territorio empieza a marcar los límites del crecimiento turístico.
En una isla donde el paisaje es el verdadero lujo, proteger el acceso se ha convertido también en una forma de proteger el valor del destino.

