Economía

Qué son los futuros de cómputo y por qué todo el mundo va a hablar de ellos

Larry Fink, CEO de BlackRock, anticipa que la potencia de procesamiento que sostiene la inteligencia artificial se convertirá en un activo negociable

Larry Fink, CEO de BlackRock.
Larry Fink, CEO de BlackRock.

Larry Fink, CEO de BlackRock, apunta a la potencia de procesamiento que sostiene la inteligencia artificial —chips, memoria, energía y centros de datos— como la nueva materia prima financiera del siglo XXI. La IA ha convertido la capacidad de cálculo en un recurso tan estratégico como el petróleo, el gas o la electricidad. Y ahora Wall Street empieza a preguntarse si el próximo gran mercado será el del cómputo.

Fink no habla solo de chips, ni de algoritmos, ni siquiera de inteligencia artificial en abstracto. Habla de escasez. En el escenario del Milken Institute, en Beverly Hills, el responsable de la mayor gestora de activos del mundo lanzó una frase que suena con fuerza en los círculos financieros y fuera de ellos: “Habrá una nueva clase de activo basada en futuros de cómputo”.

El cómputo es la capacidad de procesamiento de datos a escala que permite entrenar y usar modelos de IA. Es decir, la potencia de cálculo y la infraestructura física que hay detrás de herramientas como ChatGPT, Claude o Gemini. Y, según Fink, esa capacidad puede volverse tan escasa y valiosa que inversores y empresas acaben comprándola por adelantado.

La lógica es conocida en los mercados de materias primas. Una aerolínea puede cubrirse frente al precio del combustible; una eléctrica, frente al gas; y una alimentaria, frente al trigo. Por tanto, lo que Fink sugiere es trasladar esa arquitectura financiera al corazón de la economía digital.

La infraestructura que hace posible la ‘magia’

Durante décadas, las empresas podían alquilar servidores en la nube casi ilimitadamente, mientras Amazon, Microsoft o Google expandían centros de datos a una velocidad suficiente para absorber la demanda. Pero la irrupción de la IA generativa ha roto ese equilibrio. Entrenar y operar modelos avanzados consume cantidades colosales de unidades de procesamiento gráfico (GPUs), energía y memoria.

Además, hoy conseguir acceso prioritario a chips avanzados de Nvidia no resulta una tarea sencilla por la combinación de alta demanda, restricciones geopolíticas y cuellos de botella en la cadena de suministro. En ese sentido, los gigantes financieros han dejado de mirar únicamente a las startups de IA y han empezado a obsesionarse con las tuberías invisibles que sostienen el sistema.

BlackRock, Brookfield, KKR y Blackstone están tomando posiciones en la infraestructura física que hace posible la IA: centros de datos, redes eléctricas, energía, suelo industrial y financiación asociada al cómputo. Según Brookfield, el gasto global en infraestructura relacionada con la IA podría superar los siete billones de dólares en los próximos diez años.

BlackRock ha reforzado su posición en la infraestructura de la inteligencia artificial tras la compra de Global Infrastructure Partners y a través de la AI Infrastructure Partnership, una plataforma lanzada junto a Microsoft y MGX, y ampliada después con Nvidia y xAI.

La alianza nació con el objetivo de movilizar 30.000 millones de dólares de capital propio y hasta 100.000 millones incluyendo deuda para invertir en centros de datos e infraestructura energética. En octubre de 2025 anunció su primera gran operación: la adquisición de Aligned Data Centers, valorada en unos 40.000 millones de dólares.

La dimensión energética del fenómeno la resume la Agencia Internacional de la Energía: el consumo eléctrico global de los centros de datos podría duplicarse hasta alcanzar unos 945 TWh en 2030, cerca del 3% de la demanda eléctrica mundial. Así, la IA, presentada como una revolución inmaterial, revela en realidad una actividad intensiva en energía, capital e infraestructura que no pasa desapercibida en los mercados.

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