Hay lugares que no necesitan reinventarse, solo afinar su esencia. Marbella Club es uno de ellos. En 2026, el histórico refugio mediterráneo da un paso más en su evolución con una programación que no se limita a ofrecer lujo, sino que propone algo más difícil de encontrar: tiempo, conexión y equilibrio.
Bajo su filosofía de wholeness, el resort construye un calendario vivo que acompaña el ritmo del año –y del huésped– con experiencias que van de la mesa al cuerpo, de la naturaleza al pensamiento.
Comer al ritmo de la tierra
La agenda gastronómica se articula en torno a SustainTable, una serie de encuentros que regresan a la Finca Ana María y que convierten cada estación en una experiencia culinaria.
Abril abre el calendario con un almuerzo a seis manos junto a Javier Rivero y Gorka Rico (Ama, 1 estrella Michelin), seguido en junio por María José San Román (Monastrell), en septiembre por Borja Marrero (Muxgo) y en noviembre por Lucía Freitas (A Tafona).

En todos los casos, el punto de partida es el mismo: producto ecológico de proximidad, cultivado en la propia finca –donde crecen más de 300 variedades al año– y una mirada que entiende la gastronomía como herramienta de regeneración. No es casualidad que la recaudación se destine íntegramente a la Fundación Arboretum.
Aquí, comer no es solo disfrutar: es participar en un ecosistema.
Un calendario para parar (de verdad)
Si la mesa conecta con la tierra, el programa Luminaries in Bloom lo hace con el cuerpo. A lo largo del año, Marbella Club propone una agenda de bienestar que funciona casi como un mapa emocional.

Desde marzo, con las sesiones de movimiento consciente de Sanctum, hasta diciembre, con rituales faciales de Viktorija Grice, el calendario avanza con experiencias que invitan a reconectar desde distintos ángulos: respiración consciente en mayo, terapias acuáticas en agosto, prácticas inspiradas en el zen durante el verano o sesiones de autoconocimiento en otoño. No es un programa para “hacer cosas”, sino para aprender a detenerse. Y en ese gesto, poco habitual, reside gran parte de su valor.
Nuevos espacios, nuevas formas de habitar el día
La temporada llega también con dos aperturas que amplían la experiencia sin perder coherencia: Kiosko 54, frente al mar, introduce una energía más ligera y social: cócteles, bocados informales, música y atardeceres largos. Un lugar pensado para dejar que el día fluya sin reloj.
En contraste, el nuevo Obrador –que abrirá tras el verano– recupera la pausa: pan recién hecho, repostería artesanal, café y sobremesas sin prisa. Dos espacios que representan dos estados de ánimo del mismo lugar.
Dormir en la naturaleza (y entenderla)
La Finca Ana María se consolida como el verdadero corazón del proyecto. Este año, además de acoger experiencias gastronómicas y eventos, incorpora un invernadero botánico desarrollado junto al Real Jardín Botánico de Córdoba.

El objetivo es claro: preservar especies, investigar y reforzar el vínculo entre paisaje y conocimiento. A ello se suma una nueva experiencia de glamping, pensada tanto para huéspedes como para investigadores, que permite una inmersión total en el entorno. Aquí, la naturaleza no es decorado: es protagonista.
Una agenda que construye comunidad
Más allá del descanso, Marbella Club activa también un calendario de encuentros que conectan con el territorio: desde torneos solidarios vinculados a la regeneración ambiental hasta citas culturales como Music Fills the Finca o celebraciones como la Fiesta de la Vendimia. Eventos que no solo suceden en el lugar, sino que dialogan con él.
En un momento en el que el lujo se redefine hacia lo intangible, Marbella Club parece tener clara su respuesta: ofrecer experiencias que no se acumulen, sino que permanezcan. Porque, al final, el verdadero privilegio no es estar en un sitio, sino salir de él siendo otro.

